sábado

Lema Orante Semanal


ESTAMOS, VENIMOS Y DEPENDEMOS DE UN MISTERIO CREADOR
24 de septiembre de 2018

Y bajo el lema… más simple, sin pretender recoger todo:
¿Cuándo empezó Dios? ¿Cuándo empezó su ejercicio?
¿Qué fueron primero, los que aplauden sus obras o los que reclaman una atención ‘desadecuada’, por su rango?
Luego vino una línea… –como los productos de belleza- una línea de creencias estables, reservadas para ceremonias, bodas, banquetes, bautizos… Y a ésta siguió una corriente más intelectual, los “neuroasépticos” que podríamos llamar, que… puede ser que sí, puede ser que no; con lo cual, depende de la coyuntura, siempre salían bien parados. Y ya, de manera culminante, los sapiens-sapiens científicos, incrédulos e increyentes, que sólo se fijan en sus vanidades.

Sí, conscientes de que faltan multitud de detalles, pero… esto nos hace una idea.

Nuestra dimensión orante gravita sobre la consciencia de que estamos, venimos y dependemos de un Misterio Creador.
“Estamos, venimos y dependemos de un Misterio Creador”.
No se busca una originalidad o una especial teología, no. Se indaga en la naturaleza humana para que tome consciencia de su presencia de Universo, en Universo, siendo ella Universo.

Una especie de aceptación complaciente, de asumir… situaciones imprevistas, sin quitar alegrías ni tristezas, ¡pero sabiendo ver qué hay detrás… de detrás de detrás.
Porque si alguien grita “¡fuego!”, probablemente cerca de él haya llamas. Aunque no las veamos. Si alguien pide auxilio, probablemente no solamente sea escuchar “auxilio”, sino que algo está atentando contra su integridad. ¡No es seguro!, claro, porque puede ser una trampa para que alguien acuda y… y allí te atraquen a ti. Pero, asumiendo las excepcionales variables, “detrás de”…
Y no es que se oculte, no, lo que ocurre es que –para nuestra consciencia cognitiva- es demasiado… grande.
El Sol no se oculta, ni se mueve, ni sale, pero como es tan grande, y estamos con un tamaño nuestro tan pequeño, en un planeta proporcionalmente tan grande, nos hace ver… falsas percepciones.

Por ello, el Sentido Orante nos ilustra a propósito de lo que vivimos, percibimos, sentimos, observamos, para que le demos una significancia y trascendencia más allá de lo empíricamente comprobable; sin que ese acontecer comprobable, visible, audible, etc., carezca de valor. ¡No, no!...
Pero, probablemente, la probabilidad, la posibilidad de que te toque tres días seguidos la lotería –¡tres días seguidos!-… o bien está ligeramente apañado o bien hay que empezar a pensar… raro. Sí, que hay una extraña suerte ‘coincidencial’.

Obviamente, resulta evidente que nos trajeron o nos encargaron… –bueno, depende de si se considera que existe París o no- y, aparte de algunas explicaciones que podemos entender sobre lo que nos acontece, la mayoría de las veces no… no sabemos cuál es la causa, por qué ese efecto…
Es ahí cuando la trascendencia adquiere una perspectiva de… significativa necesidad. Pero ocurre… –sí, es cierto- ocurre que se suele utilizar “a veces”, “de vez en cuando”… Pareciera como si el Misterio Creador decidiera, los martes o los jueves, entrar en acción, pero los demás días deja para ver qué se le ocurre a la marea o al viento.

Nuestra permanencia es inmanente a la existencia.
Es perpetua. No es a trozos.

Si asumimos diariamente que, gracias a una asistencia, nuestro latido respiratorio está y el transcurrir se sucede, no nos debería suponer un esfuerzo el trascender, el ver qué quiere decirnos la vida con este hecho, con este saber, con esta casualidad, con este imprevisto, con este inesperado…
En la medida en que prestamos atención a ese detalle, pequeños detalles de ese detalle serán revelados. Es decir –y esto es importante- que no… que no lo hemos descubierto, que no ha sido un esfuerzo intelectual armado, ¡no, no! Nos han dejado ver, por nuestra actitud de querer, de sentir, de aspirar a ver.
Cualquier intento razonable… de inteligencia humana, sólo llegará a explicar reacciones humanas y casualidades ‘coincidenciales’, pero no alcanzará a percibir el perfume, la huella de lo intangible, de lo ¡Innombrable!

Muchas veces, en la teología más inmediata se suele decir: “¡Que sea lo que Dios quiera!”… Pero es por un decir, ¿eh? Luego, cuando se supone que lo que Dios ha querido no es lo apetecido, se pueden decir otras cosas… indecibles.
Realmente, la actitud humana ante el Misterio Creador es una actitud solemnemente enclenque, débil y distorsionada. Hay excepciones, sí. Sí.

Partiendo de estas… –sí- lamentables condiciones, nuestras posiciones pueden mejorar. ¡Aunque siempre se puede empeorar un poco! Estamos ya en terrenos… de desaparición, así que es posible mejorar.

Cada vez que, en consciencia, vivamos sentires, emociones, evidencias, y establezcamos parámetros de relación… con la convivencia, la comunicación, las causas y el efecto, todo eso viene muy dado rápidamente. Pero, antes de dar una respuesta, antes de continuar encadenando cadenas, démosle una pausa a nuestra desdicha o a nuestra gloria.
La mayoría de las veces será desdicha, porque cada cual exige cada vez más en todos los sentidos.
Darse esa pausa… para intuir y presentarnos ante el Misterio Creador como balbuceos de curiosidad, tratando de encontrar un sentido que vaya más allá de nuestras capacidades.
Muy probablemente vayamos a intuir… y vayamos a incluir, en nuestros módulos de respuesta, reacciones diferentes, actitudes distintas.

Hace poco, un ser se quejaba de sus dolencias, reclamando a la Creación:
.- ¿Cómo es posible que yo… ¡a mí!, me duela? Yo, que cumplo con todo; yo, que soy saludable; yo, que soy… ¡quien soy! ¿Cómo me puede pasar a mí esto? ¡Vamos!, que venga toda la ciencia y toda la cultura para resolver inmediatamente esto. ¡¡Doctor, explíqueme!!”.
.- ¿Que le explique…? Es probable que… mientras usted esté poseída por la vanidad soberbia de su perfección y el convencimiento de culpa de los demás, y exija a todo el medio que esté absolutamente pendiente de usted, es probable que todo siga… peor.
.- ¡Oh!
Hace poco escuchábamos una noticia, desde Lituania, según la cual una mujer embarazada, ya en trabajo de parto, se descentró de su labor, y todo un equipo médico quirúrgico, que la rodeaba –obstetras, ginecólogos, enfermeras-… no eran capaces de establecer algún tipo de diálogo o alguna relación de respuesta que permitiera una colaboración para que se diera el parto. La mujer se tiraba al suelo, se revolcaba… No daban con ello. ¿Y qué hicieron los ilustres colegas? Llamaron a la policía. Se imaginan, ¿no? Bueno, aquí seguramente hubiéramos llamado a los bomberos, que impresionan más. Y llegaron dos policías al paritorio, y entre los dos sujetaron a la mujer, la subieron al potro de torturas del paritorio… y, allí, en un pim-pam-fuego –no sabemos si finalmente dispararon en forma de alegría-, la mujer dio a luz. Tan mala suerte tuvieron los policías que, dada la modalidad actual, se hicieron un selfie con la parturienta. Y aunque ella no salía en la foto, el escándalo nacional en Vilnius –capital de Lituania- ha sido monumental. El alcalde, el presidente, todo el mundo: “¡No hay derecho!, ¡no es justo! ¿Qué hacía allí la policía?” –y tal-.
Sí, ya, pero… si médicos, enfermeras, ayudantes, no son capaces de…
¡Qué bárbaro!, ¿no?
En cambio, es curioso, la policía funcionó. Así que ya saben: cuando tengan un parto difícil, mándenlo a la comisaría.
Pero ¿en qué condiciones estaría la mujer…? A todo esto, también estaba el marido, sí, sí. ¿En qué condiciones estaba esa mujer? Y ¡qué incapacidad de toda una serie de profesionales!...
Sí, es cierto. No es una excepción que… mujeres, en el momento del parto, por su incomodidad, dolor o lo que sea, pierdan los estribos. Bueno, los estribos, el caballo, las riendas… todo. Sí, sí. Ocurre. Pero, evidentemente, los que no lo han perdido –y no lo pueden perder-, que están alrededor, buscan los medios, las formas…

Y sí, ocurre que... –sin llegar a estos extremos- ocurre que es frecuente el mal-estar del vivir de cada uno, cuando las cosas no se dan al gusto personal.
Y ahí es donde empiezan las demandas… –incluso, por supuesto, en los que tratan de trascender- las demandas de quejas, las protestas, las rabias…
Seguramente, muchas veces, con un poco de silencio… se daría la ocasión de otra respuesta y de otros aconteceres.

Tenemos que saber escuchar… el lenguaje Creador.
Es precisamente a través de la oración, de la meditación, de la contemplación… como vamos incorporando actitudes, percepciones y disposiciones… que nos abran nuestra consciencia a otras realidades, además de en las que estamos; además de las que tenemos.

Y puede ocurrir y ocurre que, en ese “dispuesto a trascender”, descubramos otros niveles de ¡bondad!... que parecen incluso, a veces, injustos o desproporcionados.
El Misterio Creador es exageradamente… ¡desbordante! Y para que esto o aquello ocurra, es capaz de realizar doscientas carambolas antes.
Como decía Lao Tsé: “El Cielo trata a los hombres como perros de paja”; seguramente, haciendo una clara alusión a que nuestras… –y esto es importante- nuestras conductas, proyectos, ideas, etc., no influyen para nada en las acciones Creadoras de Misterio.
Ha habido un afán histórico de compartir con Dios el trono –¿verdad?-, compartir con ÉL lo que se va a hacer: “Voy a ayudar a Dios a su labor, a su guerra contra el demonio. Voy a…”. Siempre ha habido una estrategia para ayudar al inválido Divino.
Resulta… descorazonador, ¿no?
Sí. Puede ser que lo resulte ahora, pero… ¡pero lo hay, aún! Y la tendencia y la creencia, en los más creyentes, es que se puede variar la tendencia –sirva la redundancia-… la tendencia Divina, por nuestras acciones humanas.
Primero, no se pueden separar. Pero, segundo, no tenemos ni protagonismos suficientes, ni capacidades, ni de película de extras, ni… ¡nada!, no para cambiar, sino para influir “un ápice” en los transcurrires.
¡Si eso se tiene claro!… sobrarán esfuerzos y dedicaciones y acciones, etc., esperando ser reconocidos. Y entraremos más en reconocer la Bondad Superior. Entraremos más en vivir la humildad practicante. Estaremos más en… sobresalir en el servicio comprometido.
Todo ello nos va a dar pie para ver… y no quedarnos solamente en lo que nos afecta y no nos afecta, en lo que nos gusta y lo que no nos gusta.

La universalidad del ser no tiene querencias. Tiene Amores. Tiene… tendencias de fusiones.

Aprendamos de nuevo a vivir.
***

viernes

Lema Orante Semanal


EL  REFUGIO  ORANTE
17 de septiembre de 2018

Y suele ser lo habitual, que los seres de humanidad se debatan en sus consciencias con lo que quisieran ser, con lo que quisieran hacer… y no hacen, con el debate de lo que dicen y de lo que se entiende, el debate entre lo sentido, lo consentido…
Sin duda, es ese contenido dual, pero también es producto de un contenido cultural, educativo, formativo… de una filosofía de parámetros estancos, que pide, desde la óptica humana, un patrón de comportamiento, de estancia…
Y claro, en la medida en que el sujeto, desde la más tierna infancia hasta la adultez… y continuando, se ve que no se encuadra en esos parámetros exigidos, duda. Duda de su capacidad, de sus recursos, de su capacitación, y entra en ese debate de lo que está bien, de lo que está mal, qué pensarán, por qué pensarán esto… si yo creo que es lo otro…
En ocasiones, ante este debate, muchos seres optan por –simplemente- imponerse sus criterios y tratar de imponerlos. Seguramente chocarán con multitud de situaciones… entre lo establecido y los que intentan establecerse pero no se establecen, etcétera.

A la hora de preguntarnos por qué esta historia de consciencia, podemos encontrarnos con la idea de que se ha perdido, o se ha diluido, o se ha ocultado nuestra referencia con la Creación; que, aunque no es un manual de uso… con órdenes concretas, sí suponía –¡y supone!- una referencia silenciosa que nos conduce a una estabilidad, a una cordura, a una consciencia de convivencia; no a un debate sobre la existencia.

El cómo se fue desconectando esa fuente de vida, seguramente se gestó en el descubrir de cada día –por parte del ser- de sus capacidades, sus recursos, sus deducciones, pensando que eran suyas porque en él se encarnaban.
Así se fueron gestando personalismos, personalidades –“máscaras”-… que iban actuando como dioses hacia su entorno. Y así se sigue, con una insolencia ante la vida, sin reparos.
Ésta es la consciencia general que nos envuelve… y sobre la que el Sentido Orante de hoy nos advierte que debemos estar atentos porque, sin duda, contamina; sin duda, crea competitividad, crea protagonismos, crea creencias de dominio…

Y esas creencias de dominio van a gestar territorios, lindes, barreras…
Competencias entre dioses.

¡Es difícil!... o muy difícil imaginar –bajo este aspecto- una solución.

El Sentido Orante nos ofrece un refugio permanente. Pero un refugio. Como esperando que pase… esa combativa presencia.
Un refugio en el que es posible imaginar otras actitudes, otras posiciones, otros comportamientos. Y luego, “sin que escampe”, salir del refugio y… testimoniar lo encontrado, lo aprendido, lo sugerido…
Habitualmente, pronto hay que recurrir al refugio.
El debate acosa, rodea, requiere…

El Refugio Orante es un matraz alkímico en el que es posible transformarse, convertirse, transfigurarse.
Si así se percibe, se concibe y se cree, es posible… que el ser se libere del adoctrinamiento de los dioses humanos.
Si no es así, y si el refugio es un simple… estado de ‘guarecerse’ para no mojarse, por si llueve… o porque está lloviendo, entonces estaremos en una situación… sin luces.

El Refugio Orante guarda y aguarda… como un lugar de Universo en el que ¡es posible!... redimirse de tanto debate, y reconvertirse en lo que el Misterio Creador diseñó.

Y así, bien podemos decir que, si el Sentido Orante, la Llamada Orante es un refugio, los que a ella acuden son refugiados… que huyen del conflicto, de la persecución, del dolor, de la sospecha, del hambre, de la persecución, de la violencia, de la prohibición.
Si la Llamada Orante es así…, hay un lugar para refugiarse.
Un lugar en el que no nos van a explotar, no nos van a especular, no nos van a comprar y vender, no nos van a encerrar, no nos van a castigar, no nos van a encarcelar.
A diferencia de los refugiados que día a día se producen… y que no encuentran consuelo, la Llamada Orante representa el refugio de acogida ¡real!, de consuelo ¡evidente!, de alivio ¡inmediato!
Es la estancia en la que el ser se siente.
Y el sentirse… promueve el sentido.
Y ese sentido, todos los que acuden a la Llamada Orante –los refugiados- tienen la ocasión, tienen la oportunidad –¡excepcional!- de gestar una nueva humanidad… en un espacio infinito; en un sin-tiempo… ¡eterno!

Sí. Podría decirse:
“Soy un refugiado orante. Soy un inmigrante de un Misterio.
Estoy en lo que se llama “este mundo”, pero no soy de aquí.
Como inmigrante, he encontrado… mi espacio; que ha dejado de ser mío, para ser un espacio de convivencia, de encuentro, de descubrimiento.
Y así, no echo de menos lo de antes. Estaba huido. ¡No quiero volver!... Estaba equivocado. ¡Me habían equivocado!
Emigré por necesidad, por contradicciones permanentes. Y me hice inmigrante… cuando me llamaron a orar. Y encontré mi espacio estelar… que permanentemente me asiste… si estoy dispuesto a escuchar.
No me compra, ni me vende, ni me alquila, ni me devuelve.
Hoy es refugio, sí…
En el transcurrir será… la fusión, la identidad”.

Y cuando en el refugio… se transfiguran nuestras capacidades, en el “estar”… el miedo se diluye; la desconfianza carece de sentido; la ocasión se vive; la excepcionalidad se da; los milagros se comparten…
Se es otra identidad.

Una cobertura amante, de Amor… tamiza las paredes del refugio –transparentes, cálidas-… de múltiples colores.



 ***

miércoles

Lema Orante Semanal


ESTAMOS CONTEMPLADOS POR UNA CREACIÓN
10 de septiembre de 2018

La certera oscuridad… es la garantía de un fruto luminoso.

Así, cada vivencia que se configura… bajo oscuridades, dándoles a éstas un designio negativo, verdaderamente es el regocijo de un fruto valioso…; de un amanecer generoso.
Ya por el hecho de producirse, en la vivencia de nuestras consciencias, el alborozo de sentirse ¡vivo!, con recursos, con medios, con capacidades, se hace eternas gracias.
No tiene “peros”.
Tiene resoluciones.

Ya nos decía el dicho que “la realidad es según con el ojo con que se vea”. Así que, si sabemos “ojear” desde la oscuridad hacia la luz, como una sola unidad, como lo es el fruto con respecto al árbol y a las raíces, no nos abrumará el no ver, porque sabemos que se prepara la Gran Visión.

Cuando el sueño… cuando el sueño dormitante se hace generoso, ¿no es cierto acaso que el despertar es gratificante? Y en cambio, cuando el sueño dormido se hace convulso, inquieto… ¿no es cierto que el despertar se hace ansioso?
En consecuencia, no tildemos de “oscuro”, de “negro”, de… ¡de “luto”!, cuando no vemos, cuando no tocamos, cuando no… poseemos, sino más bien considerémoslo semillas de brotes, de retoños, de flores, de frutos.

Al despejar la dualidad, nuestro ser se hace uniforme: ¡una forma! Se hace Creación y, en consecuencia, es creativo. Juega con ¡lo fantástico!, con lo imaginativo, con lo improbable, con lo impensable, con lo inaccesible, con el Misterio Creador.

Es demasiado frecuente en estos tiempos, por evidencias –sin duda- que justifican la imposibilidad de que la semilla germine. Y así, todo parece… tinieblas.

Pero ¿acaso la Creación se ha recreado en gestar tinieblas? ¿O más bien se ha dedicado a proliferarse en distintas manifestaciones de vida?

¡Todo un Universo a nuestros pies! ¡Y aún hay queja!...
¿Alguna vez… se piensa así? ¿Podría ser un exceso de optimismo? ¿O lo que ocurre es que el victimismo personal impide ver las semillas florecientes de… el Universo, y la cabeza está permanentemente gacha… y sólo contempla nuestros pies?
Contemplamos nuestras pisadas, las pasadas y las que vienen. Ahí reside nuestra sabiduría. Pero… ¿eso es sabiduría? ¿O más bien es una egolatría que se persigue a sí misma, que se autocontempla en su desidia, en su ganancia, en su logro, en su posesión, ¡en su ineptitud!?

Parece que el ser está poco interesado en darse cuenta de que somos contemplados.

En la medida en que despertamos a esa consciencia de ser contemplados, la obsesiva contemplación de las acciones propias, personales, individuales, ¡posesivas!… empieza a carecer de sentido.
¿Qué sentido tiene contemplarme en mi desespero y agonía, si siento que me contemplan?
¡Qué vergüenza!
¡Qué hedonismo tan… improductivo!, ¡tan condenado al fracaso!
Si nos contemplan –¡como así es!- tenderemos a mimar nuestras huellas, a cuidar nuestro entorno, a limpiar nuestra faz… como el niño cuando sabe que viene el padre o la madre y procura mostrar su mejor cara.

Ese criterio se ha ido perdiendo. Y la humanidad ha entrado en un vaivén de auto-contemplaciones e inter-contemplaciones… que se degustan unas a otras en sus logros o en sus desesperos. Se compite por las dolencias, a ver quién ha sufrido más; igual que por las ganancias, a ver quién ha logrado más.
Y lejos queda la consciencia de ser contemplados… ‘per-manentemente’.

Es preciso un esfuerzo orante y meditativo… hacia esa consciencia de ser contemplados.
Es preciso abandonar esa ruta hedonista de dramas y tragedias, que termina por desconocer la sonrisa.

Pareciera –¿verdad?- que al ser –en la forma así, más simple-, ¡le diera igual que saliera el sol, o no!; que llegara la luna, o no; que viniera el arcoíris, o no; ¡que lloviera, o no!…
Está bajo el dominio de su neurosis obsesiva. Y le parece que es un arreglo normal… el que amanezca, el que atardezca, el que llegue el silencio…
Se ha olvidado de la fuente que le mantiene vivo. Eso sí, se queja cuando llueve copiosamente o cuando el viento silba… o cuando la tierra se despereza. Pero vuelve a ceñirse en su tragedia.

Fructificados por la oscuridad, con la belleza de sus flores y el aliento alimentario de sus frutos, despertando a la consciencia de ser contemplados, nuestra importancia personal se hace nimia. Y nos volcamos a la convivencia solidaria, al respeto ¡común!, a… el agradecido estar… que nos permite pensar, compartir; ¡el darnos cuenta de que no solamente no estamos solos!... entre nosotros. Estamos contemplados por una Creación.
Hoy, que se hace un drama de ella –y tiene su sentido-, y se la considera algo digno de mención ya hasta científicamente, “la soledad”, es el momento de reivindicar su… falsedad.
Pero, claro, cuando el único aliado que se tiene es “el otro” que, como tú, sólo mira sus huellas, la soledad está servida.
Decía –o dice- el ex-presidente Múgica, que “después de la pena de muerte, lo peor que hay es la soledad”.
Quizás no le falte razón en cuanto al hedonismo humano, pero precisamente ahí es donde debe emanar… una consciencia de introspección… que nos lleve a darnos cuenta –¡también por evidencias!- de que no estamos solos.
¡Que bien es grato que otro de nuestra naturaleza esté junto a nosotros!, que otros estén, ¡que muchos estén! Pero el hecho de vivir, de que lo que nos contempla nos dé esa ocasión, esa oportunidad, nos hace saltar de consciencia del drama de la soledad –al descubrir que nos contemplan-.
Veamos lo que veamos, creado, desde las estrellas más lejanas, hasta los microorganismos más simplificados, ¿no es cierto que para que estén… necesitan compañía? ¿No es cierto que una galaxia, cuando se aleja de otra, no es porque se sienta sola, sino porque hay algo… de tierra fértil oscura… que las hace viajeras?, ¿que las empuja? ¡No están solas!
La consciencia de Mercurio, de Júpiter, de Marte, de Venus… –¡pongámosles consciencia!­-… ¿Se sienten solos? ¿O sienten la compañía del sol y de sus lunas? ¿O sienten la consciencia de un sistema… que se cobija en una espiral grandiosa, como es una galaxia?
Sí, ese ¡látigo que golpea! –la soledad-, y que ahora cada vez se hace más… prepotente, y que reclama ayuda horizontal; que hasta se paga porque te acompañen, porque te den charlas…
¡Qué curtido pelaje de consciencia ha labrado esta humanidad!...

Y es labor de salud, de sanación, el promover ese movimiento de consciencia; que, aunque resulte evidente, ¡evidentísimo!, cuando se está… en la introspección retorcida hacia el propio vientre, no se ve otra cosa. Tan solo se contempla el agujero negro del ombligo propio. Y se habla de “el pan, pan” y de “el vino, vino”, y se recorta la realidad al esquema corporal de cada uno.
Eso no es “realidad”… ¡Eso es un secuestro de la vida!
El ser humano ¡ha secuestrado la vida!, y la secuestra diariamente cuando reclama remedio a su soledad.
¡Qué pocas gotas generosas quedan!... que no son capaces de agradecer un salpicado de estrellas.

Si sabemos… que somos contemplados, si sabemos que cada uno de “los otros” también lo es… ¿hay lugar ahí para el enfrentamiento, para la tensión, para el desacuerdo…?
¿O más bien es un lugar… de espacio de fusión, de congratulación, de cohesión vibrante, creativa?

No dejemos que nuestras huellas… suplanten… las huellas de la Creación.

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martes

Lema Orante Semanal


EL SER HUMANO LE HA DECLARADO LA GUERRA A LA VIDA
3 de septiembre de 2018

Si, según el Sentido Orante, la vida surge de una Fuerza Creadora, una instancia Creadora Misteriosa, cuando –en el caso del ser humano- este se desplaza, va, vive…, su consciencia de desplazarse, de ir, de vivir, la tiene en base a las referencias de otros seres vivientes, entre los que se encuentran los de su propia especie, puesto que somos seres re-ferenciales.
Pero fijémonos en algo… que puede resultar sorprendente; o no, o lo asimilamos intelectualmente pero no vitalmente:
Si el enunciado anterior –del principio- es cierto, todos los seres con los que tendremos contacto serán producto de esa Creación Misteriosa; que es como decir “tener contacto con Ella, con esa Creación”. Puede ser un lagarto, puede ser una mosca, puede ser… otra persona…
Ese encuentro… –pensemos por un instante- no tiene por qué ser de defensa o de ataque, sino más bien de colaboración, puesto que al ser seres referenciables tenemos que adaptarnos los unos a los otros para poder vivir la convivencia, y vivir la independencia, a la vez, de cada uno.
Pero lo más significativo es que ese otro con el que nos encontramos… ¡está vivo! Y es una representación, un equivalente de esa Misteriosa Creación.
Con lo cual, si es así –como creemos-, cada vez que –y es continuo- nos vayamos encontrando con la materia viviente, deberemos mantener una amable relación e interdependencia de relación con todo lo que nos rodea.
Esto puede resultar, en principio, como muy responsable, como muy, muy… agobiante. Pero si sabemos en teoría –y luego en el vivir práctico también nos damos cuenta de ello- que sí, nos daremos cuenta de que… ciertamente, lo que vemos como viviente es sorprendente…; que nos sorprenden sus habilidades como vivientes, con sus escamas, con su andar, con su estar, con su invisibilidad, con…
Claro, hay que verlo con ojos de sorpresa y de impresión. Cuando se está en ese estado de contemplación atenta, plena, la interpretación-sentido que le damos a la vida es desbordante.
Y nos empezamos a dar cuenta de que cada partícula viviente tiene relación, tiene ‘interpendencia’ con otras. Nos puede parecer por algún momento que… que el pez grande se come al chico y que hay una violencia institucional en la vida. Pero si nos fijamos más en detalle en esa violencia constitucional, en estado de verdadera libertad no entran en competencia.
Y entonces, ¿existen otras formas de referenciarnos, ‘interdependencionarnos’ y compartir y convivir, que no sean a través de la violencia, a través del combate, a través de la conquista… de la tierra, del suelo, del subsuelo, de la montaña, de…?
¿Habrá –¡hay!- espacios de intercomunicación, ocasiones de interpendencia en las que podamos con-vivir…? Y constatar que, cuando… –como ocurre en las islas Galápagos- cuando los seres están en un espacio –ya está muy alterado, pero aún conserva ese equilibrio ecológico- en el que cada habitante se mueve en interrelación interpendiente con los demás, la pauta del estar no es la violencia.
En cambio, si nos fijamos en el desarrollo de la población, la distribución de la población y la calidad de vida de la población humana, nos damos cuenta de que, realmente, el parámetro predominante es conquista, violencia, posesión, poder; conquista, violencia, posesión, poder; conquista, violencia posesión, poder.
No hemos llegado a un nivel de elegancia como para decir: “Bueno. Aquí puedo construir, y no acabo con veinte especies. Aquí puedo hacer… y no perjudico a aquel árbol o a aquella estructura”. Raras veces se hace esa pregunta, y más bien se va, y se tala, y se corta, y se ‘prospecciona’, etc.
En la instancia más culminante, evidentemente… está claro que el ser humano ha declarado la guerra a la vida. Ha declarado la guerra a la Creación. Y está dispuesto a acabar con ella, antes de que la propia vida acabe con la de uno.
Esto es… como una película de terror.
“O sea que en mi convivir cotidiano voy contra la vida. Y yo soy vida. Entonces, mi principal enemigo es la vida… Ya.
Y a poco que me dé cuenta de mi propia vida, como mi enemigo es la vida, me dañaré, me injuriaré, me culparé… para castigarme en vida, para acabar con mi vida”.

Razonadamente no es así, pero vivencialmente, y simplemente observadoramente, sí es así.
En consecuencia, tenemos que desarrollar nuestra capacidad de cuido, atención, alerta y alarma ante el entorno y ante mí mismo… porque mi vida la he basado –como especie- en la pérdida de la vida de otras.

Y así, podemos decir que “la vida se alimenta de la vida”.

En la óptica del Edén o Paraíso no existía tal situación. Nos cuentan que el ser se alimentaba de los frutos… y de lo que había, sin violentar, sin usurpar, sin… Pareciera que eso era posible. Pero, al poco de entrar en otro nivel de consciencia, se empezaron a afilar sílex y, con ello, las flechas, las lanzas…

Podríamos empezar a… recordar:
¿Cuál sería la posición, el desarrollo y la adaptación de vivir, sin agotar la vida; de vivir, sin acabar con la vida; de vivir, sin consumir la vida?

En realidad, la comunidad humana es… una comunión de caníbales que subsisten y sobreviven bajo la pauta de devorarse, no solamente ya los unos a los otros, de muy diferentes maneras, sino a todo lo viviente. Pareciera, por un momento, que la vida solo permanece en la medida en que es capaz de… aniquilar otra vida.

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