domingo

Lema Orante Semanal

 

IMPULSO

24 de octubre de 2022

 

 “Llamada Orante”.

 

El impulso decidido de una actitud esperanzadora.

El impulso preciso para saltar la dificultad.

El impulso necesario que reclama nuestra naturaleza.

El impulso, con su pulso… de Eternidad, que no decae ante la adversidad; que sabe vivirla y convertirla en suspiros de innovaciones.

 

Llamada Orante que nos ¡impulsa!, como si el pulso estuviera perezoso y lánguido.

Llamada Orante que nos recuerda “El Pulso del Inicio”, es decir, el hacer de nuestras aguas una cascada de luz, un motivo de humor, una posición decidida.

¡Impulso!… ante la monotonía de la costumbre, de la regla, de la norma, de la imposición.

Impulso que riega de sugerencias, de convivencias; de un convivir de recursos, en los que las dificultades son una curiosidad a resolver, a descubrir, a aprehender.

 

Ese impulso de cada día que nos ha llevado, inicialmente, a Ama-necer.

No en balde el impulso Creador nos da la nueva, singular y extraordinaria posibilidad de una nueva vigilia, para ser “aciertos”, sinceros y… contundentes.

De esos que muestran la eficacia… sin aspavientos, sin alharacas; con la suave presencia del estar. Pero con ese impulso de ver, de olfatear, de saborear, de pronunciar la palabra precisa, de la escucha obediente del silencio y de lo que irrumpe ese silencio.

 

Aderezar ese impulso… con la singularidad personal, sin miedo, con precisión, a sabiendas de que cada ser tiene su sendero. Y así puede ser admirado. Y así, desde su identidad, admirar todo lo que le rodea.

 

¡Impulso nos reclama la Oración!, como un “refuerzo” de consciencia hacia nuestro pulso de actuación. Un refuerzo de urgencia… ante los avisos de destrucción.

 

El impulso de la “serenidad”… que recoge la confluencia de los sentidos –“la confluencia de los sentidos”- y que hace de nuestros sentires una singular manera, forma y acción que nos atrae por su singularidad… y que se compagina y se sintoniza con otras.

No hay error en el impulso. Porque cada pulso sabe de la llegada del siguiente latido.

“Porque cada pulso sabe de la llegada del siguiente latido”.

El error no se hace presente. El sortear la dificultad… se hace inocentes actitudes de curiosidades y juegos. “Inocentes actitudes de curiosidades y juegos”.

Y así, si el error no se hace presente, la dificultad carece de necesidad.

 

Impulso, para mostrarse de tal forma, con tal perfil, que despertemos agrado… sagrado… ¡sensible!… ¡sutil!

¡Aspirar a lo que somos!: una fragancia…; un perfume que transita por la inesperada y sorprendente Creación, ¡inaudita!

Impulso perfumado que aromatiza en su paso; y que, a la vez, recoge los aromas de tránsito… y hace, de cada ser, un valle de flores, en donde la belleza singular y la atracción de respeto –para que esa belleza permanezca y continúe- nos hace –ese impulso- tiernos.

Sí; esa ternura que nos reclama el Sentido Orante, hacia el terciopelo de nuestras palabras; hacia la proximidad de nuestro ser con otros seres.

Ternura de sentidos, que no son debilidades, que son “aprestos” consentidos de intimidades. “Que son aprestos consentidos de intimidades”.

 

¡Ay! Impulsos que no temen los recuerdos; que los recogen… y extraen el néctar del licor, de ese licor ardiente que exalta nuestras pasiones. Esas que hacen huella ¡en el viento!, para hacerse extensas, para no tener fin; que renuncian a pisar fuerte y dejar marca… y se hacen ligeros aromas en los que cada ser se siente un disfrute, ¡por el disfrute que proporciona!

Sin miedo y sin precaución, se recogen esos recuerdos; se les quita la radicalidad, se asume la universalidad… y así estamos en el sitio preciso, en el momento preciso y en el hacer preciso.

No hay error.

 

El Misterio Creador se hace un remolino de influencias en la Llamada Orante. Nos reclama, como ciclón, para que nos hagamos aires ¡de vuelo!, aires de visiones ¡sin complejos!

Ese ciclón, ese impulso del Misterio Creador que nos lanza, a la vez que nos recubre, a ser ese instante... ¡que reclamaba la necesidad!

Y si soy instante que llena el vacío que reclama la necesidad… el impulso se hace pleno, vigoroso. Y así, la decisión es sin duda; la decisión se hace una floritura de espiral. De espirales que, sin fin, suspiran.

¡Nos hacemos alivio! ¡A-livio! Tan reclamado, ¡tan reclamado!... por la propia vida: que éste, esto, eso, aquello, lo otro… sean alivio.

¡Sentirse impulso aliviador!... por “la atención” que prestemos a nuestras ideaciones, a nuestras cuidadosas percepciones: esas que aciertan; sí, aciertan porque… se han hecho terciopelo de ternura, y se han volcado como impulso ante el reclamo de la necesidad.

 

Y cuando pareciera que se culmina, el impulso de nuevo vuelve con un vigoroso latido. ¡Sí, eso está, está ahí! ¡Lo tenemos en nuestro presente! Pero está… como barrido. Está apartado. Porque el ser ¡está tan ocupado de sus ocupaciones, y de ocupar, que deja de ver la inmensidad… y se contrae en la posesiva obsesión de sus reclamos!

Y es que el Misterio Creador no… ¡no descuida a las criaturas de vida! Es el propulsor. Es la esencia y el origen. Es el latido, es el ¡impulso!… El que nos adorna con el pulso sereno del abrazo, con el pulso gozoso de la sonrisa, con el pulso liviano, ¡ligero!, del hacer.

Y así, la comunidad de humanidad sincroniza los impulsos, desbroza las complicaciones, aclara las confusiones, se hace precisión. Y cada impulso, con su pulso, reclama calidad. “Calidad”: esa demanda impulsiva que nos promociona a darle un sentido transcendente a la más mínima realización; que tomamos consciencia de la presencia ¡inductora!… del hacer, que se hace, así, progresivamente, calidad, calidez, calma, consecuencia, convivencia de ideales. Los que hacen “posibles” todos los imposibles… que los rencores y las rabias nos provocan.

Impulsos, sin revancha.

Impulsos que saben merodear en la historia… y sacar de ella ¡lo auténtico!

Impulso que no trasgrede, que no hiere, que no busca el roce justo para el triunfo.

Impulso que anima…; que anima al retraído, al deprimido, al que sólo se contempla en su pena o desespero.

Impulso de saberse –¡saberse!- remedio. Saberse interlocutor del Misterio. ¡Presentarse como enviado!, sin reclamar vítores ni atenciones especiales.

Enviados de remedios… sin protagonismos exigentes. Con la convicción que da el saberse… saberse remedio necesitado.

Ser remedio y asumir los remedios que se precisen.

Hacer así una trama de vida “remediable”. “Redentora”.

¡Ay! Como un suspiro de un volcán que deja de ser cautivo, y se hace luz y expansión.

Impulsos de saber reconocer, en los otros, las necesidades de cada uno.

Saberse ¡sin sentido!, si no está el otro, si no están los otros. Desde la semilla incipiente hasta el detalle del color, pasando por el sonido displicente. Todo ello compone una ‘sin-fonía’… que nos evita caer en la incidencia de la inmovilidad, del sin remedio.

¡Si eres un remedio, eres un impulso de remedio! No habitas en un mundo “sin remedio”.

El impulso aparta el ¡fatalismo!: esa espada que nos persigue como anunciando siempre el final.

Pero somos viento alado de ternura perfumada, y la espada no nos hiere. La envolvemos con nuestro aliento; la perfumamos. Se debilita, se derrite, se esfuma… ¡y se hace cómplice de nuestro viaje!

 

Impulso que recupera la artesanía de vivir. Sí; esa posición de arte que nos hace embellecer… y que da al entorno nuestra necesaria presencia.

Arte por delante, como impulso que custodia la belleza.

Arte por delante, con humor, que custodia la alegría. Que hace del vivir un templo, un lugar de acogida, un espacio transparente… de colores, de cantos, de vacíos que reclaman presencias.

 

Hacer del vivir un impulso redentor, con la misericordia y la bondad suficiente, puesto que nos las dan permanentemente, pero que precisamos ejercitarlas para que, ese ser ¡templario!... esté siempre dispuesto a la acogida. A esa acogida complaciente que no recrimina, que no castiga, que acoge.

 

Ese impulso que nos lleva a convertirnos en polen fecundo que no conoce límites.

Que se señorea con el viento.

Que diseña colores.

Que parece vagabundo: sí, vaga por los mundos… como peregrino inevitable, con el impulso ansioso de contemplar… la Magnificencia.

 

“Con el impulso ansioso de contemplar la Magnificencia”.

 

 

 

 

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Lema Orante Semanal

 

LA VIDA NO NOS PERTENECE

17 de octubre de 2022

 

Y la humanidad, en su empeño de conseguir, lograr, tener; en su empeño de cumplir sus criterios, sus opiniones… en base a ello, choca, chocan entre sí.

Y, evidentemente, los planes humanos no sintonizan con los planes de la Creación.

Se ha planteado –como humanidad- un debate, una declaración guerrera entre los planes… –insondables para nosotros, pero presentes cada día-; se ha planteado un pulso contra ellos. Y pugna, como humanidad, por modificar las referencias Creadoras.

 

La Ciencia dice: “Hay que mejorar la especie. Tiene errores en sus configuraciones”.

La Economía dice: “Hay que explotar más los recursos, y distribuirlos según merecimientos… que nosotros establecemos”.

La filosofía afirma que “es el desarrollo del ser, en el ejercicio de su libertad, el que determina cuál es su devenir”.

Y así, cada consciencia especializada justifica el pulso, el combate.

Y cada ser, a la vez, establece su criterio y su visión… y se hace terco en su concepto.

Y el logro hay que conseguirlo. Y si no se consigue es un fracaso, es un deterioro, es un…

Así, la vida, el vivir, se configura solamente cuando ocurre el éxito, la ganancia.

Y no es algo restringido a unos lugares o a unas comunidades. No. Se extiende –este planteamiento que nos muestra la Llamada Orante-, se extiende a la globalidad.

Fíjense simplemente en las pasadas pompas fúnebres de “la líder” –en cuanto a Imperio que aún se mantiene, y se prolonga en América del Norte-… las pompas fúnebres que se ensalzaron, y que reunieron a 50 jefes de Estado y gobierno de todo el mundo.

Parecen estar todos de acuerdo en que todo siga igual, ¡que nada se mueva!, ¡que es un éxito lo que se ha logrado!

Sí. Esto va más allá de un simple “cotorreo rosa”. Es una muestra del poderío global en torno a los conceptos, criterios, y maneras de estar y de vivir. Parece que nadie quería faltar a la cita.

No se trataba de un homenaje a la reina, ¡no! No. Es una exaltación al estilo de vida, a la manera de desarrollarse…

No confundirse. No había motivos históricos evidentes y relevantes para el homenaje a la monarca. No. El homenaje era a lo que se ha instaurado; el ratificarse –como comunidad humana- en el proyecto que se lleva… de predominio de lo poderoso y de la servidumbre del resto.

 

Ha “calado” este combate. Ha calado esta soberbia.

De ahí que, si nos damos cuenta de ello, se requiera una actitud y un esfuerzo… para modificar patrones de presupuestos obligados –llamados “naturales”, “razonables”-.

Se ha perdido el respeto a “el alma”… y se ha hecho un monumento al logro de la razón. Y el alma, ofendida, se oculta, se esconde y se somete a la razón. Y así el amar se confunde con el logro… y el querer se hace exigente, demandante.

 

Y cuando el alma se muestra en su consciencia de “amada” y de “amar”… pronto acude el escribano para dictar una sentencia de que “¡así no se puede andar!”, de que “¡así no se puede vivir!”, que hay unos patrones que respetar… –los que marca la autoridad-, de costumbres, familias, producciones, rentas, consumo… y un largo etcétera de “bienestar”, cargado de superfluas exigencias.

 

Y así, la calidad, la caridad, la calidez del alma se vuelve áspera, indecisa, derrotista, ‘des-almada’.

 

El paisaje orante se nos muestra… con una humanidad muy deteriorada.

 

A la hora de visionar esta versión… cada uno se pregunta cuál es, cuál puede ser mi intervención; con qué esfuerzo animo a mi alma desalmada.

No caer en otra lucha, en otra guerra en paralelo. No. Fortalecer lo animado, lo que aún vibra como esperanzado. Y promoverlo en el necesario esfuerzo… sin entablar ninguna confrontación.

 

Y en este sentido, es tiempo, es momento de agilizar los conceptos, de aclarar los prejuicios, de sintonizarse con los alientos que el vivir nos otorga.

 

La vida no nos pertenece. Somos custodios de un proyecto, de una imagen Creadora. Y debemos velar por su desarrollo.

Hacer de cada acontecer un universo….

No anclarse a hechos, a sucesos concretos.

Contemplar los alientos en su expansión, en su universo.

 

 

El empeño… el empeño en la “segura” instancia, en ¡la defensa a ultranza!, en el oír sin escucha… nos desalma más aún.

 

Sujetar la vida a “el amor hacia el alma” que el Creador-Creación promueve y provoca, es la referencia a partir de la cual evocamos nuestras consciencias, nuestros sentires.

 

Y saberse, en el amar, como un mar fecundo, lleno de recursos y de posibilidades…

Y no quedarnos, como producto del desarrollo, en un charco de agua estancada… en donde se da la ‘des-vida’: todo aquello que desvitaliza y nos aparta de nuestra consciencia saludable.

Nuestra naturaleza es de ¡mar!...; de oleaje, de acantilado, de orilla, de profundidad…

Un reflejo del Universo que nos rodea.

 

¡Ay! ¡Cómo duele el desvarío del alma confundida!... y ¡qué cerca tiene el auxilio!, si sabe ver más allá.

¡Ay! ¡Qué reclamo de silencio aúlla a lo lejos!... que el Misterio nos muestra con su casualidad, con su oportunidad…; con esos instantes de credo, del creer… más allá de la ofensa, de la incomodidad o del desacuerdo.

 

La Llamada Orante nos conmina a almarnos…; a descubrirnos en la intimidad del vivir en una esperanza permanente, en un esfuerzo avalado por la Providencia… que haga, del transcurrir, un acontecer ¡venturoso, atractivo, grato, alegre!…

¡Decididamente enamorado!

 

Aspirar a esa transparencia… en la que se asumen unos y otros, con la creencia de promoverse, de admirarse y servirse.

Sin holocaustos, sin tragedias, sin ganancias. Con el gozoso servicio de estar siempre recompensado.

 

Hacer-se Amor, por ser amado.

 

aAAAmen…

 

 

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Lema Orante Semanal

 

CADA SER HA SIDO ELEGIDO MINUCIOSAMENTE POR LA CREACIÓN

10 de octubre de 2022

 

Y la humanidad agota sus modelos de convivencia; se vuelven cada vez más sectarios… prejuiciosos… insolidarios…

Y todo ello conlleva un grado de deterioro, de corrupción de los postulados que establecieron esos modelos.

En cualquiera de las áreas que exploremos, descubrimos las mismas señales de retroceso… repetición… indolencia…

La Llamada Orante nos incita… a evaluar y valorar todo este proceso. Y, con ello, conseguir un criterio que implique una innovación, que suponga una creatividad, que alcance un convivir de esperanza.

Un proyecto que recurra a las virtudes que adornan nuestra naturaleza.

 

Y en la medida en que estos modelos se agotan –por su avaricia-, mientras lo hacen, arrastran consciencias, generan imitadores… y proyectan la incesante necesidad del miedo como motor de superación.

 

Es ese miedo que… ya desde lejanas historias, producían los dioses: esos dioses humanos que ya enfilaban la soberanía egocéntrica y ególatra del hombre.

 

Y no se puede descartar que esa antigua actitud, hoy permanezca. Y, en alguna medida, las perturbaciones se interpreten como “castigos más allá de los humanos”: castigos divinos.

 

La vida es la imaginería increíble y fantástica, absolutamente asombrosa, que se gesta desde el Misterio Creador. No conlleva en su naturaleza “el castigo”. Más bien lleva, en su naturaleza, la búsqueda, el descubrimiento, el asombro, el disfrute, la complacencia, la ternura… la Piedad.

 

Y es a esa naturaleza propia de la vida a la que tenemos que escuchar, con la que tenemos que renovar y proponer las sugerencias que el Misterio Creador nos señala; nos señala en la medida en que descubrimos lo que transcurre… y aportamos corrección, recapacitación, ¡habilitación! No, castigo. Sí, rigor… en el empeño de la entrega, de la perseverancia, de la paciencia… y de la continuidad indefinida de la Esperanza:

Esa que sabe de la Providencia.

Esa que sabe de la Caridad.

Esa que sabe del Amar sin renta.

Esa que sabe del universo de la Belleza.

 

Sometidos a un cautiverio, por nuestra propia especie, reverdece la necesidad liberadora…; la que implica la sencillez de la ignorancia atrevida: esa que no se da por “sabida”… sino por “encontrada”.

 

Nos implicamos. Nos implicamos en esa Providencia fundamental que anima a la liberación, que se apercibe de ese cautiverio, que nos dota de alas para… salir.

El mantra nos alimenta en ese sentido:

 

oAAAMMMMMMMMMM

 

La Llamada Orante nos promueve a amplificar nuestros sentidos. Y los amplificamos en la medida en que, cuando hacemos, entregamos esos sentidos a lo que se hace, y descubrimos que, en ese mismo hacer, se nos dan mensajes en base a lo hecho.

Haceres de actitud, de palabras, de gestos, de artesanía, de esfuerzo… ¡No importa qué actividad se realice!

Si disponemos nuestros sentidos, atentos, hacemos, de nuestros sentires, atenciones, y de nuestras atenciones, admiraciones… en aquello en lo que estamos implicados. Con las admiraciones vienen las emociones, las atracciones y ¡los amores!

Esos amores que son –por esa secuencia- el hilo conductor del Misterio Creador que nos anima, que nos descubre, que nos encuentra, ¡que nos reclama!...

¡Que reclama el sentido de nuestra llegada!… Porque cada ser se convierte –y hay que tomar consciencia de ello- en un enviado… que viene hacia la pulcritud, la calidad, la impecabilidad, la transparencia.

 

Cada ser ha sido elegido minuciosamente por el Misterio Creador.

 

Potenciarse en recursos es nuestro debido respeto y admiración, por la consciencia de vida que nos dan los sentidos… con esos sentires de continua admiración.

 

Piedad, piedad, piedad.



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Lema Orante Semanal

 

ES LA MISMÍSIMA CREACIÓN LA QUE NOS HA PRESTADO LA VIDA

3 de octubre de 2022

 

Nos llaman a orar… para que incidamos en descubrir nuestra naturaleza. Una naturaleza procedente de un Misterio Creador. Una naturaleza de una imaginación fantástica. Una naturaleza con recursos complejos y amplificados, con capacidad de evolución, de descubrir, de ¡asombrarse!, de reflejarse en el amor que le ha creado, y enamorarse de todo lo que le rodea.

Una naturaleza del ser que sabe que es sintonía con su especie y con todas las demás, que formamos una unidad diversa, pero unificada por la palabra “crear”.

Sentirnos creados… es descubrirnos en el insólito proceder singular, irrepetible, de unas capacidades que se han gestado… ajenas a cualquier voluntad propia. Y que luego, que luego paulatinamente, al no ser reconocidas en su origen, se van descubriendo como propias. Y así el ser se va desnaturalizando. Y se va haciendo individual. Deja de ser singular y se hace propietario…; propietario de su ser. Y con ello, adversario de su entorno.

“Propietario de su ser y adversario de su entorno”.

 

Y aunque resulta fácil mirar las estrellas…, al apoderase el ser de su naturaleza, prefiere un puñado de tierra.

 

Necesitamos, como especie, recalar en nuestra identidad… para desechar nuestra propiedad y estar verdaderamente liberados. Y no enclaustrados en nuestras leyes, nuestras normas, nuestra opinión, nuestro criterio, nuestro punto de vista… que indudablemente está, pero que no nos pertenece.

 

Es la mismísima Creación la que nos ha “prestado” la vida. Es un préstamo del Misterio Creador, en su ‘imaginería’.

Sí. Somos una imaginación… insondable.

Y es por eso que, al indagar sobre uno mismo, no terminamos, no culminamos, no conseguimos realmente saber… quiénes somos.

Tan sólo con el invento –“invento”- de la egolatría y la idolatría podemos clasificarnos, definirnos. Y, claro, ya indefectiblemente, morirnos. El mejor plan que se le puede ocurrir a una egolatría.

 

Y no se trata de sacar el látigo –como tantas veces se hace y se ha hecho- y fustigarse: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa”. Y así una vez y otra vez y otra vez…

¿Y si… y si se recurre a la suavidad de la ternura? ¿Y si nos imaginamos la Misericordia generosa? ¿Y si asumimos la Piedad… condescendiente? ¿Y si estamos dispuestos a renunciar a nuestras imposiciones, intransigencias, prejuicios… y abrirnos a la escucha, al compartir, al descubrir…?

Y eso nos va a mostrar nuestra singularidad, nuestra insólita presencia, nuestra imprescindible participación, nuestra necesaria entrega.

 

 

Pudiera parecer todo ello una propuesta descorazonada. ¡No! Es una propuesta cargada de corazón.

¡Irrazonable!

Que adquiere el saber… “que adquiere el saber en cada latido”. Y así no hay error. Así no hay dualidad en el pensar y en el sentir. Así hay un sentido.

 

El sentido abarca “hacia dónde”…, “de qué manera”…, “la intención”…, “la excepción”…; que adquiere cada vez más sentido en la medida en que se comparte, se convive, se coincide… ¡o no! Pero no es motivo, en ningún caso, de agravio o desorden.

 

Somos –a la vez y simultáneamente- hormigas, hipopótamos y estrellas. Cualquier sustracción hacia un personalismo es… un fracaso.

El sentirnos integrados… –con todo lo que tenemos de capacidad para ver ‘lo creado’- nos libera del yugo de la posesión.

Y no solamente es una opinión, sino que hay que “ejercitarse” en complacerse en el entorno de nuestra especie y de otras… sin entrar en el sistemático rechazo, combate, descontento…

Cualquiera puede darse cuenta de que… estar en un sentir –“estar en un sentir”- disconforme, rabioso, impositor, desagradable, inconformista y constantemente crítico, todo ello es… ¡agotador! Es fácil darse cuenta de ello. Es agotador. ¡Agota, vivir bajo esas premisas!

Y el vivir no es agotador. Es descubridor, es clarividente, es sorprendente.

Solamente el escuchar, el ver, el saborear…, el sentir la ternura de una caricia… es suficiente para revitalizarnos y descubrir el vivir ¡con ligereza!, ¡sin limitaciones! Con la destreza innata. Con la serenidad con la que el viento lleva sus aires.

 

 

Hacer del vivir una pesada carga de responsabilidades, de ocupaciones, de imposiciones, de sufrimientos, como reglas inevitables del vivir… son las opciones que se han tomado para controlar y dominar.

Y son las que la Llamada Orante denuncia… como “anuncio” de una precisa y decidida actitud transformadora.

 

Sentires sentidos…. que dan sentido a nuestras realizaciones. Que abren continuas realizaciones… y que posibilitan esa esperanza permanente.

 

Como humanidad, hemos recorrido un camino ¡quebrado!, ¡resquebrajado!, ¡fracturado!

Y da igual quién haya escrito la Historia. Pero son quiebros y requiebros, fracturas y más… las que jalonan nuestra presencia en este Universo.

Y se ha convertido, la humanidad, en un callo de fractura que no se articula, que se duele, que el rencor la puede.

Nuestra articulada posición con la Creación, no se ha dado. Por momentos, se ha suspirado por ella, pero… no ha constituido una forma de estar. Nos articularon, como diseño, magníficamente. Y fuimos convirtiéndolo en… “damnificadamente”.

 

Y luego queremos arreglarlo con los mismos medios –aunque con distinto collar- con los que nos hemos fracturado. Con lo cual, nos convertimos en repetidos fracturados crónicos.

“Repetidos fracturados crónicos”.

 

 

Es ya –“es ya”- momento de rehabilitar…

De dar sentido a nuestras habilidades…

¡De asumir nuestras ilimitadas capacidades!...

Sabiendo de los ritmos, las pausas, las esperas, las perseverancias…

¡Somos otros, y debemos descubrirnos!...

Porque, hasta ahora, hemos sido ¡lo que otros han dicho que somos!: los que nos recibieron cuando nos estructuramos; los que nos educaron, culturalizaron, enseñaron…

No había tiempo para saber quiénes éramos. Otros ya nos decían quiénes somos. Como mucho –“como mucho”- el mote, el nombre figurado, podía darnos alguna pista de nuestra naturaleza.

 

El saber que no somos lo que somos, sino que somos “otros”, nos sitúa en la dimensión ilimitada; nos sitúa en la aventura, en el verdadero sentido, en el desprendernos de la pesada carga del protagonismo.

 

Y en contra de lo que se puede pensar como un ser quebrado, no supone, el declararnos rehabilitados rehabilitadores, un esfuerzo especial.

Es –para entenderlo mejor- el quitarse el yelmo y la armadura; esa que se llevaba en el combate para protegerse de los golpes. Que es así como se está. “Es así como se está”: yelmo, armadura, protección, lanza, ataque….

 

Aspirar el aire fresco de quién soy y no lo sabía…

Aspirar el aire fresco de quién soy y no lo sabía… es descubrirse en la humildad y en la transparencia. Es abordar la aventura, con valentía, sin busca de logros y posesiones.

Tan solo con los suspiros del aliento, que vuelan.

“Tan solo con los suspiros del aliento, que vuelan”.

 

Seamos plumas de alas… “por venir”, con un porvenir de habilidades que nos sitúen en el sueño, en los ensueños… y en las fantasías de “todo posible”; de “lo siempre posible”.

 

Sentir los sentidos latidos de cada emoción… sin el ejercicio del oficio de pensarlo.

Simplemente, orando.

 

 

 

 

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