sábado

Lema Orante Semanal


CONFIANZA EN PLENITUD
13 de agosto de 2018

Dado el nivel de consciencia de razón, de lógica, de entendimiento, de ciencia, el transcurrir de los acontecimientos es propicio para el desánimo.
Se fía o se confía en esto o en aquello, y… a veces sí, a veces no, a veces no, a veces no, a veces sí…
Es más el ”no” que el “sí”, por la arbitrariedad de los poderes, por la distorsión de los deberes, por las fantasías sin propuestas…
Todo ello hace que el desánimo ronde, y “la caída de tensión” consciente se produzca en cualquier momento, y como si todo se derrumbara –por una parte- o bien, como si todo se pusiera en duda –por otra- o… la génesis de una indecisión permanente.
Por momentos, la plegaria, el cántico y la ilusión elevan por las nubes las creencias. Hasta… hasta se insinúan fervores de amor. Hasta eso. Luego, pasado a otro momento, esa experiencia, esa vivencia, ese sentir se… se adormece, se desliga, se cansa.
Sobre todo, se justifica… y elude cualquier compromiso. Siempre hay alguna buena justificación. Siempre existe una buena coartada.

Y es que así se elabora y se conjuga el pensar humano hoy. Y así “no podemos”, en el sentido de “capacitación”: no nos capacitamos para cambios, para ¡novedades que se instauren!, para valentías que… den la cara.
.- ¿Se entiende eso?: ¿“dar la cara”? ¿Qué, qué, qué… qué significa eso?
.- ¡Ah! ¡Dar la cara! ¡Sí! Significa… no dar la espalda.
Cuando damos la cara, nos mostramos en nuestra esponjosa intimidad, a través de los sentidos.
Pero se eluden, y se da la espalda.
Antes, por ejemplo, se decía: “¡Los hombres dan la cara!”. También antes olían a tabaco y a ron… o a pezuña.
¿Y ahora?, ¿qué se dice? ¿Qué se dice en los bajos fondos, en los medios fondos, en los altos fondos del Estado? ¿Qué se dice?
.- ¿Qué da el hombre?...
.- No da… Quita.
.- ¡Ah! ¿Y la mujer? ¿Da la cara...?
.- ¡Al bies!... Sí, al bies. No… no se atreve…
Así que estamos en los tres niveles: en el bajo fondo, en el medio fondo y en el alto fondo del Estado, con un “bies” y un “quitar”…
.- Un “bies” y un “quitar”… ¿Y con eso qué… qué se hace?
.- Con eso se hace deterioro. Se hace deterioro bonito, o sea de chatarra, de residuos. Se hace deterioro reciclable, nada original, nada auténtico. Se hace deterioro… mental, en el que se rayan las ideas y se buscan afanosamente las seguridades de las cosas establecidas.
¡Horror! ¡Horror!...
Se hace bueno, otra vez, que “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

El Sentido Orante nos… nos toca la campana. Sí; como en los combates de boxeo… en los que, después de tres minutos –que a veces se hacen interminables-, se para la pelea para tener un minuto y medio… para refrescar, para aliviar, para tratar de curar la herida de la ceja o… o dar palabras de ánimo para continuar el combate. Se oye una voz de lejos, durante el descanso, que dice: “¡Segundos fuera!”.
Sí; es el anuncio de que el entrenador, el que te pone la esponja en la boca, el que te anima, se tiene que quitar, y tienes que quedarte solo y salir otra vez a guerrear, a golpear…; “a dar la cara”.

Sí. Ya el boxeo está en desuso. Somos más civilizados. Es que cuando te partían la cara... ¡dolía! Y ahora, ya casi en el ocaso del boxeo, es preferible un producto tóxico o radioactivo, o un engaño contumaz, o… o una traición inesperada. Ahora hay otro estilo; hay otro estilo más… “civilizado”.

Si la civilización nos aguarda con estas estrategias, es evidente que no estamos en la Creación. Inevitablemente pertenecemos a ella pero, sentimentalmente, se pertenece a la hipocresía y a la traición.
Y así, hoy puedes temer que te caiga una estación espacial en la cabeza. Bueno, ya ha caído en el mar, ¡pero podía haberte caído en la cabeza! Puedes tener una alarma nuclear… puede iniciarse una nueva guerra… o puede haber en cualquier momento un golpe de estado –militar, claro-.
Eso en el terreno internacional. En el terreno cotidiano pues… puede ocurrir que descubramos por fin que el cuerpo diplomático era un cuerpo de espías. ¡Todos!
.- ¡Ahhh! Pero ¿no era un cuerpo de etiqueta, de cuidado, de…?
.- ¡No!
.- ¡Cuerpo de espías…? ¡Qué vulgar!
.- Sí, pero como se habla en francés, queda bien.

Y así van llegando las sorpresas, sin darte cuenta, nacional e internacionalmente. Entonces, unos celebran el 70 aniversario de la creación de su Estado, Israel, mientras otros protestan por ello. Y entonces, para celebrarlo, mueren diecisiete. Y el resto, que fueron alcanzados minuciosamente en sus pies, atiborran los servicios médicos –sic- que pueda haber en Gaza.
¡Oh, no! En este comentario no se pretende dejar por “malos” a los israelíes, no. Eso sería una trampa; sólo –en el comentario- se muestra la incapacidad de los bandos, ¡tan religiosos ellos!, ¡tan creyentes!, ¡tan devotos!, ¡tan hipócritas!, ¡tan traidores!... a su fe, a sus creencias.
Así que si ése es el caldo general de cultivo, ¿cuál va a ser el caldo particular de… los cultivadores?
Pues… corrupción, engaño, antipatías, desengaños, castiguillos, ocultamientos, miedos… Todo, todo lo mismo de antes –pero más pequeñillo-, más las particularidades propias de cada ser, véase neurosis, obsesión, manía, hiperactividad, apatía, depresión, sicopatía, sociopatía, empatía dispática… “Empatía dispática”, ¿eh?
Es decir que… a los grandes movimientos que nos… ¡nos llegan!, se añaden los pequeños movimientos que creamos, ¡más!, ¡más!, ¡más!... las sicopatías ¡de cada cual!, que hacen poner el punto… “el punto de alarma”.
Fíjate, los chinos ya lo sabían: que existen puntos “alarma”. ¡Qué fuerte!, ¿no? Xi, Xi, Xi. Como el nombre del presidente chino, el poderoso Xi.
¡Qué bárbaro!
Y no se sabía muy bien para qué estaban los alarmas esos. Se decían cosas –se dicen-, pero mira, ahora también resulta que… son aliados sicopáticos que nos pueden hacer un apaño para esa manía de renquear y renquear y renquear y renquear…

En estas situaciones, el Sentido Orante nos sugiere dos palabras: confianza –que es una palabra del lema de este año-… “confianza en plenitud”.
Confianza en lo que cada cual representa, hace, piensa y siente. Y así, dará la cara inevitablemente, y se la podrá lavar, adecentar, y presentarse adecuadamente.

Confianza en esa vivencia que inicialmente se mencionaba con motivo de la plegaria, con motivo de ese momento de… extraña vibración que tan ¡poco! –¡tan poco, tan poco, tan poco!- dura.

En la medida en que abordamos nuestras experiencias anímicas, ‘almadas’, ¡amadas!, ¡¡sentidas!!, con la confianza de que es lo que nos sustenta, lo que nos mantiene, lo que nos eleva, lo que nos cambia, lo que nos renueva, lo que da sentido a la vida…, si abordamos esos aconteceres con “la confianza de plenitud”, es decir, con toda nuestra capacitación… y en consecuencia excluimos las justificaciones, las coartadas, las mentiras, estaremos –en esa vía- construyendoavanzando recreando… ¡complacidamente complacidos!; sinceros.

Nos llaman a ser “nuevos”… en una plenitud de confianza hacia lo ‘almado’.
Nos llaman a ser improvisadamente creativos.

***

jueves

Lema Orante Semanal


PATRONES DE REFERENCIA
6 de agosto de 2018

Y desde su misteriosa grandeza, nos acoge.
Y desde su impensable cobertura, nos impulsa.
Y desde su infinita proximidad y lejanía, nos susurra.
¡No condena! No maltrata. No persigue…
Enseña. Muestra. Sorprende. Avisa. Advierte…

Y así, el ser encuentra su máxima plenitud; máxima plenitud, cuando… confía en encontrarse en este marco descrito. Si por el contrario se centra en sus recursos, sus capacidades, sus cálculos, sus prioridades y sus posesiones, el camino es obtuso, confuso.
Conduce sin saber hacia dónde y… culmina en sus posesiones, sus dominios y sus defensas, que se hacen ataques cuando alcanza preponderancia.
Pareciera –planteado así el Sentido Orante de hoy- que es fácil asumir una aceptación, comprometerse en un proceso y estar atento a los propios desprecios; ¡y velar por los aprecios!
El patrón de referencia del ser de humanidad no es su perfección, no es su divismo, no es su conocimiento.
Si el patrón de referencia se establece en base al propio criterio, ¡sin saberse situar en el patrón de referencia de universalidad!… terminará –en el sentido de “esclavitud”- sometido a palabras, reglas, cartabones, letras… Tomará… tomará de referencia lo que otros como él hicieron e impusieron.
Cuando escuchas tu propia voz, nunca escuchas las voces ajenas, ¡y menos aún!... los sonidos de la Creación.
Cuando los patrones de referencia se establecen en base al propio conoci-miento, el ser repite, ¡y mal! –repite, ¡y mal!-, un prototipo humano que ya repitió a su vez, ¡y mal!

Sea cual sea la labor que se tenga que realizar, cuando busquemos un patrón de referencia, tengamos siempre en cuenta que tenga cualidades de universalidad…; que no obedezca a interés personal o patrones establecidos.
¿Es que acaso se puede inventar, copiando? ¿O realmente… copiar es copiar y no es inventar?
Esto parece muy obvio, pero no lo es.
Y el poeta trata de poetizar de acuerdo con la generación de poetas en la que está viviendo; y el músico trata de musicalizar de acuerdo con el patrón de musicalidad que está experimentando; y el arquitecto y el médico… –y así sucesivamente-, cada uno se queda esclavizado en su gueto.
Cuando a alguien, ¡cuando a alguien se le ocurre!, porque le inspiran, porque en algún momento se libera y no está sometido a la estirpe del momento o a la tiranía del tiempo de “lo que se lleva”, en principio es rechazado; en principio es inaceptable. Si persevera, si muestra que despierta interés, porque lo anterior es caduco… porque ya no aguanta más repetición, entonces se cambia a otra dimensión.
Cuando los peludos Beatles aparecen, ¡nadie podía pensar ni pensaba que iba a ser una dimensión nueva, renovadora! Pero la anterior estaba ya absolutamente decadente. La represión sexual estaba absolutamente, ya, sin recursos… Y aparece un nuevo paradigma. Y a partir de ahí, las sinfónicas, los grupos y más grupos y más grupos… empiezan todos a copiar todo. ¡Claro! Copian y copian, y no superan la copia.
Cuando se ponen de moda las dictaduras, con los “libertadores”… ¡era un honor ser dictador!, como lo fue Simón Bolívar. ¡Un libertador!, ¿dictador? ¿Cómo es posible esto? O es dictador o es libertador. Pues no: es “dictador libertador”.
Aparecen dictaduras por todos los sitios. No se podía concebir un gobierno que no fuera dictatorial. Hasta que aparece –que estaba por ahí- la democracia, paseando; aparece la dictadura –cómo no- del proletariado… y se crean los cismas sociales, históricos, que todos conocen. Y así, ahora asistimos al deterioro, a la carcoma de la democracia, a su corrupción permanente… Y se saltará, seguramente, a una tecnocracia competente… hasta cierto punto.
¡Hasta hace poco había ideales!, idealistas. Y eran admirados –hasta cierto punto, claro-. Pero, la practicidad del dinero, la evidencia económica, la imposición de “tanto tienes, tanto vales”, la ganancia…
¿Dónde están los teóricos? ¿Dónde están –sean cuales sean las ideologías- los resultados económicos que pueden aportar? Sin ellos no hay nada que hablar.
Y así podríamos repasar ¡tantas y tantas tendencias! –esclavistas todas ellas- que, guiadas por la sapiencia humana, solo consiguen malestar, inquietud, tensión…
El Sentido Orante nos advierte, nos muestra, en esta pequeña gran dimensión de ejemplos, cómo necesitamos patrones que no se basen en la destrucción previa, porque recogeremos modelos que se van a depreciar también después.
Si nos movemos, en cambio, en patrones de universalidad, no de egoísmo nacional o personal o individual, este idealismo evolucionará según el patrón creador, creativo, de las necesidades en relación con los medios, para buscar el equilibrio.

La cárcel a la que se somete el ser humano, en base a sus principios, en base a su hedonismo, en base a su importancia personal, fíjense bien, es ¡cadena perpetua!
Aunque amplíe su celda y la dote de tecnologías y de patios con césped y golf, es cadena perpetua…
No saldrá de ahí. Y ahí consumirá sus bienes, sus dones, sus gracias, sus recursos de Creación. Y le harán un panteón –si es que triunfa- y loas, y le dedicarán páginas en la Enciclopedia Británica… e incluso tendrá renombre en Wikipedia.
Sí. El hombre roza lo eterno con lo perpetuo, y hace su cadena perpetua: una cadena que le ata a sus minúsculas producciones; y que, al acercarte a ellas, ves que son mini cadenas.
Y encadenadamente es capaz de escuchar música, pero es incapaz de hacerla. Vale el término de “cadenas”: “mini cadenas”.

No es lo mismo “cadena perpetua” que Vida Eterna. No es lo mismo Inmortalidad que “larga vida”.
No es lo mismo Infinito que “lejano”.
Y, ¡conformarse!, no significa esclavizarse; significa adaptarse para tener el calco de lo que hay, y promover en la serena escucha lo que se debe promocionar, lo que se debe investigar y cambiar.
En la medida en que el ser se guía por patrones conocidos, domesticados y –en definitiva- por protocolos de ganancias… o simplemente ¡control!, ¡control!, ¡control!, queda reducido a su mini planeta; queda reducido a… a su abecedario.

Pero, como el respeto se gana a través del miedo, y el miedo y el respeto se llevan bien en lo cotidiano, hay miedo a seguir otro patrón que no sea el patrón ¡que manda!, ¡que obliga!, ¡que castiga!, ¡que premia!
Respeto gestado por el miedo, es respeto cobarde que tomará la revancha en algún momento.
El respeto admirativo, el respeto de evidencias… sitúa al ser en la dimensión de lo incontrolable. Entonces, el respeto no hace falta controlarlo ni manejarlo, sino que se da.

¡Ay!... ¡Ay! Si las olas y los oleajes del mar siguieran un patrón establecido, legal… ¿sería mar?
¡Ay! Si el vuelo del águila siguiera unos patrones establecidos, conocidos, aunque sepamos estilos, si no contara con la imprevisibilidad ¿sería águila?... No.
Entonces, como referencia y ayuda: cada vez que queramos seguir alguna… corriente, del tipo que sea, tenemos que cerciorarnos de que admita una imprevisible improvisación…; si no, no es válido.
No le puedo pedir, a la rueda dentada de un reloj de cuerda, que de vez en cuando los segundos vayan más deprisa –¿verdad?- o los minuteros vayan más despacio. No. Está encadenado.

Si es eso a lo que se aspira, ya está prácticamente logrado.
¡Pero no! En el fondo, cada ser aspira a esa imprevisible sorpresa y novedad; y la tiene ahí, a veces en la punta de la lengua o en la punta de la mano, pero cuando llega el momento, los miedos personales, sociales, culturales; los…
.- ¡Ay! Que voy a perder tal seguridad!...
.- Pero vas a ganar en liberación.
.- ¡Pero voy a perder tal seguridad!...

Y así, va perdiendo ocasiones… Se hace cuerda tensa de amarre, que no permite que el buque salga a navegar, con los consiguientes imprevistos de mareas, vientos…
Los que dicen que conocen la mar, enseguida se precipitan diciendo que… no la conocen, y que cada vez les sorprende más. Un buen “marineiro” no pretende domesticar las olas; debe saber sortearlas y seguir con ellas, en la improvisada y en la imprevista actitud de la sorpresa.
El barco que navega enfrentándose, el avión que vuela enfrentándose a las condiciones en las que ha de estar, termina fracturado; ¡roto!
Y luego se lamenta del naufragio.

Y si hay algo que en nuestra consciencia cuadricular puede cambiar a una consciencia espiral es la consciencia amorosa, la consciencia de amante –el que ama-. Porque es la consciencia que nos permite darnos cuenta del Amor que nos tiene la Creación, ¡gracias al cual se da la Vida!

De nuevo la Creación se vuelve infinitamente misericordiosa, bondadosa, dadivosa… evidente
“Por favor”...
***

miércoles

Lema Orante Semanal


Evaluarse y considerarse en lo que realmente se es
30 de julio de 2018
Misterio es… la presencia de cada ser de humanidad… en un lapso llamado “vida”.
Y sentimos, en la consciencia, que cada ser tiene un sentido; un sentido en cuanto a función, acción, realización… Y todo ello viene, en alguna forma, codificado… por una serie de claves que, bajo nuestra óptica, son biológicas, pero que no están sujetas al “azar” desde la óptica orante.
Si aparece ese ser –cualquiera de los que conozcamos o desconozcamos, de los miles de millones que somos-… de ser así, como acabamos de decir, todo estaría perfecto: cada uno con su código, con su sello, con su papel, con su función…
El plan es perfecto.
Pero sucede que… el bagaje que trae cada ser, se tiene que “presentar”… a la cultura social, al pensamiento actual, a la situación económica, a las diferentes enfermedades, a las legítimas mentiras, a…, más la oferta de modelos que cada sociedad, en cada tiempo, da, ofrece: ahora se lleva el modelo pop, o pink, o punk, o tin, o tang; y si no asumes esos modelos, probablemente te vean raro, como mínimo.
Es lícito preguntarse: “¿Pero cuándo se rompió ese ensamblaje… perfecto?”.
Cuando alguien o ‘álguienes’ –seguramente- se dieron cuenta de que había posibilidades de variar ese código, de hacerlo más fuerte o más poderoso, de hacerlo más ganancial, de hacerlo más… dominador, conquistador.
Y esa modalidad se fue extendiendo. Y se fue imponiendo la acción de esos nuevos… –¿nuevos?- cambios, sobre cualquier nuevo enviado, cualquier nuevo recién llegado que traía su código, su función. Pero… pero le dijeron: “¡Tú puedes ser… Carmen Sevilla! Tú puedes cantar… ¡de maravilla!”.
A otro le dijeron: “Tú puedes ser un gran piloto. Sí. Tú puedes ser Fernando Alonso. ¿Tú? ¡Pero si tú vales mucho! Tú puedes ser… un gran matemático. Tú te vas a comer el mundo. ¡Este mundo es pequeño para ti!... ¡Te lo vas a comer entero, de verdad! Ahora, en cuanto salgas del huevo, te lo vas a comer todo. ¡Vas a ir a cualquier parte, a cualquier sitio! ¡Éxito seguro! ¡Pero si tú vales mucho!...”.              
¡Claro!… la tentación es grande.
A todo esto, los núcleos más cercanos te animan en tu gran proyecto, o… a veces ocurre todo lo contrario:
“¡Pero si tú no vales pá ná! ¿Pero tú qué haces aquí? ¡Si tú no sabes ni hacer la “o” con un canuto!... Pero qué desperdicio de ser, ¡hombre! ¿Cómo se te ha ocurrido venir a este planeta? ¡Si tú sólo creas problemas, tensiones, dificultades!... ¡Apártate a una isla por ahí, donde no haya nadie!”.
Y eso, si te lo dicen varias veces seguidas, terminas siendo un isleño. Por ejemplo.
En cambio, si te dicen cincuenta veces seguidas que eres Marifé de Triana –otra famosa de la canción, del arte- pues… pues no terminas siendo Marifé de Triana.
Es como si te dicen:
.- ¡Si tú cantas mejor que Frank Sinatra!
.- ¿Yo?
.- Sí, tú. ¿Tú…? ¡Vamos! Sinatra… no es que haya aprendido de ti –porque llegó antes-, pero… ¡vamos!, no te llega ni a la suela de los zapatos. Es más, tú cantas mejor que Sabina.
.- ¡Hombre!, cantar mejor que Sabina no es tan difícil, sobre todo ahora que se vuelve afónico.
Y claro, todas esas –vamos a seguirlo llamando- “tentaciones”, inciden sobre un código que no está aún maduro; que está inquieto, que está inseguro. Por supuesto, el proceso de adoctrinamiento es tremendo: familia, padre, madre, país, escuela, colegio, título, competencia, trabajo… ¡Ufff!
La consecuencia es un ser que… intuye “ligeramente” para qué está, por qué está por aquí, pero incide diariamente en hacer lo que le imponen… a propósito de lo que tiene que ser y lo que tiene que hacer.
¡Claro!, como podemos suponer –y es evidente y claro el verlo- se constituyen sociedades muy desequilibradas: neuróticas, alcohólicas, paranoicas, sicóticas… –por nombrar así, “lo grueso”-, deprimidas, desquiciadas, desesperadas…
¡Sí, claro! Cuando se está en alguno de esos estados, se busca siempre algún culpable. Pues el culpable a lo mejor es el Siglo XVIII, o el Siglo XIX de nuestra era, o el siglo XXI, el actual. ¡Hala! ¡Cúlpale!
Porque ha sido desarrollado tanto el ego, en la planificación de modelar y cambiar el código que se trae, que el ser se cree prepotente, autosuficiente; y sobre todo se cree con el derecho a mentir, a ocultar. Y, en consecuencia, cuando entra en ese terreno de la inseguridad, de la indecisión, de la tristeza, de la rabia, del rencor, etc., pues siente… siente herido su ego. Porque él quería esto, quería lo otro, quería lo otro…
Sólo “quería”.
La batalla estaba abierta. [1]Ante un código general al que a todos se les obliga a aceptar, y que contraviene el código particular para el que cada uno vino a ejercitarse, es inevitable el combate; es ineludible el choque.
El Sentido Orante nos muestra esta evidencia, sobre la que cada ser debe recapacitar; es decir, capacitarse para darse cuenta… y descubrirse en evaluarse y en considerarse realmente en lo que es, e intuir al menos el porqué de su presencia, y ejercitarse en ello, reclamando la posición que corresponda.
En ese sentido, la oración es un medio, remedio, manera, forma y aplicación, para religarnos con nuestro origen y planificarnos en nuestra estadía de vida.

Me gestaste desde lo infinito…
Me pensaste…
–sin pensar-…
en las líneas de las eternidades.
Me configuraste sitio, lugar y momento
y aparentemente me dejaste…
Me dejaste sin recuerdos de tu gestación
Me dejaste… sin… saber
y depositaste tu confianza en otros
para que me enseñaran
para que vieran quién era.
¡Ay! Pero los otros,
aunque intuí que eras Tú quien los ponía,
los otros… se imponían,
los otros… me utilizaban,
me manejaban, me ¡hacían!…
Y aunque algo reclamaba exigiendo mi propio hacer
¡poco podía hacer!
Hasta parte de mi ser se convirtió…
en lo que los demás querían.
Y en esa conversión, poco había de lo que yo traía.

La plegaria era mi recurso de cada día,
era el Misterio de la confabulación con Tu silencio,
era sentir que de Ti emanaba la vida
y era –y es- reeducarme en no…
en no exigir, ni pedir, ni culpar.
Se diría, se diría que lo que se oraba cada día
era un intentar ¡recordar!
–lo que se oraba cada día era un intentar recordar-…
la esencia de mi sentido,
mi posición… y mi aceptación.

Insignificante, sí.
Y cada vez que la plegaria… concluía,
la insignificancia como ser era ¡total!
Así se moldeaba algo fundamental: La Humildad.
Así se gestaba algo trascendental: La Sumisión.
Así se podía sentir algo… algo ¡propio!,
algo de mensajero…
–que somos todos-.
Así se podía intuir… cuál era la mejor actitud;
y que ésta no dañara, no preocupara,
no incomodara, no chantajeara.

¡Ay! De la insignificancia…
se pasaba a las acciones imposibles.
Realmente, las únicas que merecían la pena…
y las únicas que ¡resucitaban!
Sí, las únicas que nos resucitaban de…
de las muertes seguidas que había sentido el ser,
al tenerse que vender
–por inevitable-
a la oferta que diariamente le daban.
En eso “imposible”,
lo extraordinario, lo impecable,
lo elegante, lo bello,
empezaban a tomar importancia
y empezaban a ser características a tener en cuenta.

¡Ay! Y en esos procesos,
¡cuántos fracasos se acumulan!...
y estorban, y dificultan, y desesperan.
La humildad de nuevo se hace imponente
y la sumisión se hace más trascendente
para librarnos de esos llamados “fracasos”
y empezar a considerarlos como virtuales, tramposos…

Un abanico de olas tiembla en el océano.
Creo que alguna de ellas me corresponde; no sé cuál es…
¿¡Tan grande es el AMAR!?
¿¡Tan grande es el AMOR que nos gestó!?
Tiembla la superficie del mar,
con su oleaje diferente.
Y ahí estoy yo, ¡y aquél y el otro y el otro!...
buscándonos sin encontrarnos,
pero a la vez sintiéndonos… en el regazo adecuado.

Que sigan, ¡que sigan temblando las olas!,
que por momentos siento su vibrar…
¡como si aquélla o aquélla o la otra!…
fueran mi ser.

¡Qué difícil se hace nadar!
¡Qué agotados momentos llegan!
¡Y es tan fácil dejarse llevar hacia la profundidad…
y ahogarse en lo… vulgar!

¡Ay! Y cuando el nadar se hace agotador…
y no se acepta ser “ahogado”…
sólo queda ser un flotador… navegando a la deriva…
como aguardando que una gran ola lo sepulte.
Se confió tanto, ¡y se confía tanto en la fuerza del nadar!,
que se traiciona la humildad.
Y el agotamiento llega.
En cambio, cuando el estar en ese Océano de Amor
no se hace con el interés de ganar, de soportar, de ¡aguantar!…
sino se está como perteneciente –así es- a ese gran océano,
las corrientes te llevarán por los senderos adecuados.
Aunque no se entiendan.
¡Aunque de entrada no se acepten!
La sumisión comprenderá…
y nos dirá… lo sorprendente.

Dejarse sorprender orando…
y así sintonizarse en lo extraordinario,
¡en lo imposible, en lo excepcional!

Con este Sentido Orante…
nos podemos Restituir.
Reconocer.
¡Ayyy!...

***


[1] Lit.: “Ante un código general al que se le obliga a todos a aceptar”…