lunes

Lema orante semanal

CANSANCIO, TRISTEZA, APATÍA.
12 de octubre de 2009

Son tres aspectos que, con frecuencia, se dan en nuestra cultura de este siglo XXI. Tres aspectos que, vistos desde la óptica de la razón, de la lógica, son parte natural del estilo de vida que se tiene. Sin duda podemos deducir que -con el cansancio, la tristeza y la apatía-, la evolución, el desarrollo, la creatividad, el logro, la consecución, se hacen difíciles. Ni que decir tiene la convivencia, la solidaridad.
De ahí que hoy, en el tiempo orante, aparezcan estas palabras como propuestas, en oración, de cómo convertirlas en otras posiciones, en otras disposiciones, en una referencia hacia una semana, hacia un tiempo.


La vida, en general, no se cansa. Por doquier aparecen elementos: entre las piedras, en las condiciones más adversas, se nos describen elementos de vida. El Universo no parece dar signos de cansancio. Su incesante actividad, que poco a poco vamos descubriendo, nos muestra una caótica actividad inteligente, que, como mínimo, nos asombra.
En cambio, contrasta cómo el hombre de este tiempo –hombre como humanidad- se cansa fácilmente de casi todo. Con lo cual, apenas si le da tiempo a evaluar, valorar… Pareciera como si la información del “usar y tirar” hubiera calado tan profundamente que, además de los beneficios económicos que pueda aportar, pareciera como si siempre, eso, pudiera aportar una novedad.
Habría que diferenciar, sin duda, dos tipos de cansancio: Ese cansancio emocional, afectivo, psicológico, medioambiental, cultural; y ya el cansancio más físico, personal, que a veces –a veces- es consecuencia de patologías, pero muchas otras –en el nivel en que nos estamos refiriendo- no lo es. El interés, la búsqueda, la expectativa, la escucha, han pasado a ser elementos secundarios, sin poca importancia.
Los datos sociológicos que nos suministran en las diferentes áreas de estudio, de trabajo, de dedicación… nos indican que se permanece muy poco tiempo, se persevera muy poco y, en consecuencia, se sabe menos aún. Con lo cual, ese nivel tórpido de ignorancia nos abruma.
Y, del abrume, viene el aburrimiento. Ese estado somnoliente de cansancio especial que aparece en cualquier edad. Y que, a algunos, nos da por pensar que antes no era igual, y ahora es harto frecuente.

En este momento orante, cabe preguntarnos: ¿Dios es así de cansado, de cansino, de aburrido? Porque, en el tiempo de oración, todo se referencia hacia lo Divino. ¿Es la Creación un proceso que ya conocemos y dominamos y manejamos y manipulamos lo suficiente como para que nos aburra, nos canse? ¿O, más bien, quizás, con lo que se haya conseguido, y a falta de suficiente esclavitud –de esclavos, quiero decir- ya el interés se ha desvanecido?
A todo esto, se añaden las escasas posibilidades, tanto en lugares terriblemente pobres como en lugares especialmente ricos –aunque, por supuesto, hay sus diferencias-, se añaden las escasas posibilidades de que el sujeto, el ser, pueda canalizar, pueda desarrollar, pueda exponer sus ideas, criterios, sensaciones…
A lo largo de la historia de la organización humana, desde los jefes, brujos, chamanes, reyes, dictaduras, democracias… -por hacer una visión voraz-, todos los sistemas han procurado dominar, controlar, manejar, usar. Y, realmente, las posibilidades, sin duda muy distintas de unas épocas a otras, pero en cada una han permanecido similares enormes dificultades para poder expresar proyectos, ideas… Y quizás ese detalle colabora también significativamente a ese cansancio, a ése “no, para qué, va a salir mal”, “no, si ahora hace falta esto” “no, si ahora te pedirán lo otro” … Un cansancio vital, un cansancio de vivir en el que, evidentemente, lo Divino no está. No está porque, si sutilmente estuviera, habría suficiente entusiasmo para que, a pesar de dificultades e inconveniencias, se tuviera el coraje, las ganas, el valor de innovar, de continuar, de perseverar.

Sin duda hay excepciones que así se comportan, pero estamos hablando de una generalidad y de una disposición en la que se colocan millones de seres humanos que, cansados de su estilo, de su manera, no encuentran, carecen de ese empuje necesario para mantenerse más allá de la supervivencia.
Seguramente también, a través de las historias de las religiones, los seres de humanidad se hayan cansado de esas formaciones. De esas formaciones que nos han trasmitido dioses a imagen y semejanza de nuestros poderes, para así manejarnos mejor, controlarnos mejor y conseguir una uniformidad en la que no hayan sorpresas; una uniformidad similar a un desfile de uniformes ordenados, clasificados. Que, por cierto, suele gustar.
En el nombre de la Creencia, del credo que tenga cada cuál, seguramente podríamos descubrir –y descubriremos- que hay un cierto nivel de cansancio medioambiental que deja trascurrir el tedio y, con ello, queda abolida nuestra inspiración, nuestra inquietud, nuestra búsqueda, nuestra llamada… que reclamamos en este instante orante, que invocamos a nuestros niveles de Creencia, para que hagan presencia en nuestro ser. Y, aunque la medida sea pequeña -de nuestro cansancio vital-, ésta se convierta en un entusiasmo habitual.
Del cansancio general al entusiasmo habitual, hay… hay sin duda, un espacio que probablemente la Fuerza de Lo Divino se encarga de desarrollar.

Y bien se podría, en los días que nos siguen –si han de seguir- que en esos cansancios fáciles pudiéramos alertarnos, pudiéramos invocarnos en lo que creemos -da igual el qué-, para despertarnos en lo creativo, en lo ilusionante.
No, no dejar que la vida de humanidad se siga consumiendo, agotando, cansada de vivir, cuando aún –cuando aún- a poco que se escudriñe, nos quedan tantas, tantas y tantas experiencias por vivir.
Y es frecuente que, a ese cansancio, se añada una madeja suave de TRISTEZA.
Esa larvada experiencia que late sin sonido, pero que tiñe con su sentir cada suceso; que, aunque parezca alegre, lo convierte en algo triste, porque luego puede cambiar, porque más adelante será diferente, porque… Ese halo triste de haber perdido el entusiasmo, las ganas. Ese halo triste que, a veces, llega a ser depresivo, doliente, desesperante.
La tristeza llega a ser como la historia de las manzanas sanas y las que no lo están: Basta que en un encuentro, en una reunión, en un algo en común, haya algo triste, para que inmediatamente todo se contagie de la tristeza. Y poco puede hacer el entusiasmo.
Es más serio de lo que parece, porque, con esa actitud de tristeza, nuestra habilidad –tanto mental como física- se vuelve torpe, se vuelve insegura, se vuelve indecisa.
Dios no es una experiencia triste.
Nos han ido adiestrando, diferentes culturas y diferentes civilizaciones, en la seriedad, en la dureza, en la intransigencia y en la tristeza de Dios. Nos han dicho muchas veces que Dios se pone triste cada vez que hacemos algo malo, algo inadecuado. Si así fuera, haría muchos milenios que Dios no existiría: habría desaparecido, se habría suicidado… Sí, el suicidio de Dios.
Claro, claro que, cuando ya el ser está tupido por ese halo de tristeza, es muy difícil –francamente difícil- decirle:
- ¡Disfruta!, eres joven, eres sano, eres guapo, eres fuerte…
-Ya, pero cuando tenga ochenta años…
-Ya, pero no pienses en eso, ¡hombre!
-No, me voy a hacer un seguro…
-¿Un seguro de qué?
-No, porque ahora es tiempo, porque ya sé que las cosas pasan…
-Ya, ya, ya, pero espera, espera, espera…
Sin duda, esto es un poco exagerado, pero… pero no tanto.
-¡Ay!, ¡Qué bien que me lo estoy pasando…! ¡Ah!, pero mañana es lunes…
-Pero ¡espera, por favor!, espera. ¿Por qué no te concentras en lo bien que te lo estás pasando? ¿Mañana es lunes? ¿Yo qué sé mañana qué es? ¿Qué es mañana? ¿Por qué estar tan codificado –y tan seguro, por otra parte- de decir que mañana…? ¡Mañana!
Sí, hay una actitud de tristeza que se insinúa siempre con ese toque pesimista.
Ese toque pesimista que nos amenaza con… con los males sociales, culturales, farmacológicos, médicos… Ese toque pesimista que, cuando se inicia algo, ya piensa en todos los pormenores de dificultades que pueden aparecer. Y bien está una prudencia y un cierto equilibrio y valoración, pero… pero es semejante a el hecho de que, cuando el niño crezca, en vez de comprarle pantalones más largos, se les vayan cortando poco a poco las piernas… y así siempre le valdrán los pantalones.

Sin duda, sin lugar a dudas, ¿motivos de tristeza?… Todos los que queramos. Hay a millones. ¿Motivos de desesperanza y de pesimismo? ¡Poooo! De todos los gustos, hay. Se ha creado una civilización y una cultura así, entonces, hay mucho de eso.
Y se ha cometido el error de combatir todos esos motivos. Claro, los motivos siempre ganan. Y el poco entusiasmo, o ganas o empuje que se tenía, “la cruda realidad” - que todavía no se sabe muy bien qué es eso, ¿verdad?, la “cruda realidad”, pero bueno, funciona, ¡eh!-, la cruda realidad se encarga de demostrarte que no había motivos para alegrarte, para… ¿ves? Ya el pesimismo se hace dueño y señor. Quizás sea el peso, quizás sea la obesidad la causante de todo esto… creo que no.
Pero, ¿podríamos recuperar, aunque sólo sea por pura intuición, el aliento, el hálito de la Divina alegría?, ¿El hálito y el aliento del Divino proceder en lo creativo, en lo nuevo, en los recuerdos lejanos de Lo Eterno? ¿Podríamos echar mano –además de tener la cruda realidad- de nuestros pensares y sentires que no estén ligados a ningún proceso y que, sin duda, están ahí para emanarnos nuestras ganas de vivir, nuestras ganas de continuar, nuestras ganas de apostar, nuestras ganas de decir: “Aquí estoy, cuenta conmigo” , a quien corresponda? Sin que ello conlleve el enfrentarse, el combatir al pesimismo, a esa tristeza larvada... No, no, no, déjenla estar, déjenla. Desarrollemos ese otro factor que ha estado inhibido, ha estado coartado, ha estado hasta mal visto… hasta mal visto. Hasta cuando te ríes en una carcajada en un sitio, las gentes se vuelven para mirarte, como diciendo:
- Pero qué barbaridad, pero ¿qué le pasa a este hombre? ¿Estará fumado, bebido o qué?
-No, simplemente me río. Porque me han contado un chiste, porque me ha hecho gracia lo que he visto, no sé…
Y al hilo, al hilo de la tristeza, ya la posición de APATÍA... Apatía hacia cualquier cosa.
Apático se convierte en antipático, casi siempre:
-¡Qué persona tan antipática!
-Es que es apático.

Igual que ahora se llevan los góticos, los románicos, es… es apático. Aunque lo último de lo último –no sé si lo saben- es que se está desarrollando intensamente lo barroco. Imagínenselo, lo barroco… Pareciera como si el mundo ya se hubiera acabado y no hubiera nada nuevo que aportar sino que tengamos que recalar de nuevo en las viejas y ya inservibles historias.
Esa apatía que… que termina por ser, además de antipatía, un “dar igual”.
- Me da igual.
-¿Cómo que te da igual?
-Pues sí, me da igual.
Y ciertamente, esa actitud apática lleva al ser a probar cualquier actividad, a ser manejado hacia cualquier situación… como le da igual…
La curiosidad… ¡uuhhh!, el querer saber, la búsqueda, la comprensión de un acontecer… Todo eso, sin duda, es apasionante. Y nos decide hacia un sentir, al menos durante un tiempo. Y nos da una visión del mundo, de la vida, que no es precisamente apática.
Quizás, desde la óptica orante, podemos convertir esa apatía en contemplación.
Sí, porque a la hora de contemplar, no tenemos por qué argumentar valores morales, éticos… no, contemplar simplemente. Pero, en esa contemplación, nuestra ánima se alma, se ama, ¡se anima! No interviene en lo que sucede, contempla. No es un observador, contempla. Hace temple de su vida. Se hace idea de lo que sucede, y genera una… una idea de cómo, probablemente, para él –para ese ser- funcionan, están y se desarrollan los acontecimientos. Capaz de compartirlo sin aislarse, como mandan ahora los cánones.
Que esa apatía, esa antipatía cotidiana, pueda ensayarse de otra manera en los días que nos anuncian que puedan estar o llegar. Que de nuevo descubramos que la Creación no es nada apática, sino que tiene una empatía especial. Y que esa empatía, es la sintonía de amor de la Creación hacia cada ser.

Puede ser, puede ser una interesante puesta en escena:
Una semana bajo el sentido orante de la contemplación, el entusiasmo,
El descubrir que lo Divino no es triste.
El poder invocar a la Fuerza para que ese cansancio, ese cansancio de todo se convierta en una curiosidad hacia todo.
Ese reclamo a nuestras creencias, de cualquier ámbito, para que diluyan sus vínculos hacia las imágenes de lo Divino que nos han mandado, de un Divino castigador, de un Divino mortecino, de un Divino serio, cuando, a poco que nos despertemos, vemos que estamos rodeados de una intensa actividad de vida, y que formamos parte de esa totalidad. Y que hay un vínculo, una empatía de amor de toda esa Creación con cada uno de nosotros.


Ámen


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Lema orante semanal

CREER, QUERER Y CONQUISTAR
5 de octubre de 2009

Creer es, probablemente, un acontecimiento relativo y frecuente. De hecho a lo largo de la vida de un ser, se va creyendo en papá, en mamá... luego, algo en los hermanos. Luego, ya se deja de creer en mamá o en papá, o en los dos, y se empieza a creer en el profesor, en el amigo...
Luego se cree en la labor, el trabajo, el jefe... Si las circunstancias y el ambiente lo propician, se cree en la política, en la religión, en el dinero, en los logros... hasta en uno mismo; se puede llegar a esa conclusión. ¡Lo cual es terrible! Porque de ahí a la egolatría hay un paso.
Entonces, se puede ver rápidamente cómo las creencias varían, cambian, ¡GUAU!, a una velocidad de vértigo. Y ahora, por ejemplo, que existe el divorcio, por ejemplo, pues, ayer creías en tu marido o en tu mujer y... y una semana después, después de descubierto el affaire que tiene con alguien, pues, dejas de creer.
-¡Pero, hombre, tú no creías en Manolo, en Antonio, en María, en Eufrasia! ¿No creías tú?
-Sí, pero es que, fíjate... La historia de siempre, lo he encontrado con mi mejor amiga, con mi mejor amigo...
-Claro, es el que más se parece a ti, ¡idiota! Entonces, le has gustado tanto, que busca amplificar su consciencia...
Claro, esto es difícil de entender, ¿no?, al principio. Entonces, pues, ya no te quiero, ya no te amo, ya no creo –sobre todo, no creo- en ti. Entonces, “solicito el divorcio”. Bueno, pero vamos a dejarlo para más adelante porque ahora con la crisis y tal, bueno...
Aquellos otros que creían en sus amigos: “ Ah, la amistad, porque la amistad, porque la amistad” . Amis-tad... ¿no? Y luego, pues, un amigo sale rana, otro perro, otro gato, otro elefante, sin contarse a sí mismo, ¿no? Lo digo, por aquel dicho frecuente: “ Es que me ha salido rana ”. Ahora que estamos con el código genético, pues convendría a las amistades pedirles qué código genético tienen.
Por ejemplo, quieres quedarte sin amigo, préstale dinero o un libro; y ya, dejas de creer en él porque, seguramente, no te va a devolver ni el dinero -y si le has prestado las dos cosas- ni el libro.
Claro, esto no significa que, definitivamente, no vayas a creer en ninguno, pero, pero va haciendo mella, ¡oh, sí, sí! Cuántas veces a alguien de aquí, o a lo mejor a ustedes no, les habrá pasado que han rezado y rezado para que le crezca la pierna al perro que se la han cortado... ¿eh? Y rezado y rezado y la pierna que ni pa'tres crece, ¿verdad?... ¡Que no, que no crece! No es que no pueda crecer pero, de momento, no crece. Y entonces han dejado de creer en Dios, por ejemplo.
La cantidad de “increyentes” que hay porque después de sus plegarias, largas, repetidas, y después de los hábitos, que antes se prometían hábitos y cosas así, pues, pues, no han dado efecto...
-Vaya hombre, con lo que me he sacrificado yo, rezando y rezando y no ha sido ni capaz de hacerle crecer la patita a mi perrito o de hacer a mi niño más guapo.
Y dice:
-Hombre lo del perro vale, pero lo del niño...
Claro además hay momentos tan difíciles en las creencias.... Como ese chiste del pleistoceno en el que un hombre rezaba y rezaba para que le tocara la lotería, ¿verdad? Y un día Dios mismo se le presenta y dice: “Mira no hay problemas en que te toque, pero juega, coño, juega.”
Entonces, claro, a veces se le pide a la creencia aspectos que... Hay que mantener las apariencias, ¿no?, claro, por lo menos.
Como el gallego que está en la escalera y nunca sabes si sube o baja; pues, mantiene la apariencia, ¿no? Pues, creerá o no creerá... ¿quién sabe? ¿Quién sabe en qué puede creer un galego? Misterio... misterio...
Lo cual no es bueno ni es malo, no. Es gallego.
Da igual que sea de Lugo, de Pontevedra, de Coruña o Ourense, da igual, de Rías Baixas o Rías Altas, da igual, da lo mismo.
Y podríamos poner multitud de ejemplos, verdad, a propósito del creer, y siempre nos encontraríamos con que vamos cambiando y cambiando. Claro, claro está una cosa, cierto, ¿eh?, que con el paso del tiempo..., aunque probablemente no exista, se tiene muy incorporado, por los cambios estructurales que uno va viendo a través del espejo, de soslayo, y a través de las fotos antiguas:
-Mira qué chatito era...
-¿Chatito?
-Sí, era chatito. Mira, era delgadito de pequeño.
-¿De pequeño...? Pero, ¡cómo ha cambiado esta persona!, oye. Si no se parece en nada, pero, en nada.
-Es que ha ido cambiando sus creencias, ¿sabes? y ahora, prácticamente, no cree en nada. En nada.
- Pero, ¿cree en la Nada?
-¡No, tampoco!... Tampoco.
Sí y... y... y bueno por lo que les pueda servir, ¿verdad?, suele ocurrir así. Digo, lo que pueda servir, porque son ustedes todos muy jóvenes, y entonces, claro, ahora creen en todo. Creen hasta que el Real Madrid va a ser campeón de liga... O sea, se han olvidado del Barça, del Sevilla y otros equipos, ¿no?
Entonces, creer es... -¡Ah, hostia!, y eso sí que es verdad... tiene su ventaja- es, por lo menos, así genéricamente, es libre.
Ajam... ajam ... Ese “ Ajam... ajam ”... significa que un libre relativo, ¿verdad?, porque claro, vives en un ambiente, en un entorno, en unas condiciones, en unas circunstancias... y eso de que ¡libre¡, ¡libre!...
¿Es libre el jovencito que se va a tomar el botellón el sábado o el domingo, o es idiota?, por ejemplo. Hay que distinguir ahí; ¿que... qué qué... qué respondes? ¿Es libre o es idiota?
-Hombre, quien no quiera no va.
-Ya, ya, pero van. Y los que van, ¿lo han pensado ellos solos, lo han deducido en base al método científico, en base a la Blavatsky, en Base a Jesucristo, en base al Buda, a Mohamed...? ¿Qué qué les ha llevado a eso?
Y dice:
-Pues, no... a divertirse.
-¿A divertirse? ¿Eso es divertirse?
-Hombre, hasta que te pones ciego.... Si para eso tienes los sentidos, para anularlos. Claro... Para eso tienes el equilibrio, para caerte. Para eso tienes la memoria, para perderla...
-Oh sí... Raro es eso, ¿no?, creer en eso... ¿no?
-Pues, pues, creen... Hay, hay, hay y hay... y creen y creen y creen.
Claro, con el tiempo -otra vez el tiempo- se pasa... se pasa.
-No, yo de joven, quemaba Madrid, Barcelona, Lugo y Pontevedra... si me dejaban un rato, Bilbao.
-Bueno, ya será menos -dice-.
-Bueno, quería decir “mi pueblo”.
-Ah, tu pueblo.
Ese instinto pirómano del lenguaje español, ¿verdad? “quemaba... quemaba...” Hay que quemarlo todo... Hay que quemarlo todo. Todos parecen que llevan el complejo de... de... de los cristianos de la antigüedad cuando quemaron Roma. Claro, obviamente, le echaron la culpa a... al pobre Nerón. Era lógico, el que gana, escribe la historia, ¿quién si no?
Pero, sí, la piromanía podía ser un instinto oculto como querer quemarlo todo para hacer algo nuevo. ¡Oh, qué bonito! ¿Se imaginan piras familiares para hacer otra familia nueva? ¿eh?... ¡Oh!
Hay todavía, mucha creencia familiar, por ejemplo, cuando compren ustedes, mil libros, cuando se decidan a estudiar o leer... “Ponme trescientos libros... que no pasen de ciento cincuenta páginas ”. Entonces, ya verán, ya verán, como no se los van a leer, de todas formas, ya verán... pero sí leerán la dedicatoria, y pondrá:
“ A mi familia, sin la cual no hubiera sido posible...”
“A mi hija Clotilde, sin la cual...”
“A mi mujer Ambrosia...”
“A Pepe, porque sin él no hubiera sido posible alcanzar ...”
Un “familiarismo”, una endogamia, una creencia a lo familiar, de verdad, ¡tremenda!... tremenda. Y eso, como que no cuadra con el “divorcismo”, ¿no?, digo, es una reflexión a propósito de las creencias.
El caso, es como decíamos hace un instante, que el tiempo... ¡Ay!... el tiempo pasa ( cantando )... y nos acordamos de Mercedes Sosa, la Negra, que está en estado crítico, muy crítico, en un hospital de Buenos Aires.
A la cual le dedicamos que: si Dios tiene a bien, siga cantando aquí, porque lo que es allí, lo va a tener difícil... ¡Es que hay mucha competencia!... El cielo no es argentino, es muy grande. Está Sinatra, allá y está... otras gentes, ¿no?, entonces, no, no es tan fácil...no es tan fácil.
Así que, resulta, que con el paso de ese tiempo, que nos recordaba la canción de esa voz inolvidable de Mercedes Sosa, pues... sí, se empieza a creer menos... menos. También a veces, se chochea mucho con las creencias. Y si se fijan en los templos, la mayoría de los orantes son viejitos y viejitas. Sobre todo viejitas, ¿por qué? Porque hay más viudas que viudos, y son más inválidos los hombres que las mujeres. Entonces, llegar al templo... pues es bua... bua...
Y da como una cierta reflexión, ¿no? Tu entras en un templo, cristiano -en nuestro ambiente no puede ser de otro tipo, aunque los haya, pero escasos-, y ves a esas viejecitas con su Parkinson ya incipiente, rezando un Padre Nuestro y un Ave María. Y uno dice “¿ Pero, a quién le rezarán estas mujeres?” ... Pero, realmente, ¿saben rezar o el Parkinson les lleva a un entretenimiento fácil...? De verdad... Y a uno, como médico, se le pega y empieza uno también a rezar con la barbilla temblona...
Es muy difícil... Sí, sí, sí, sí, es muy difícil orar, dificilísimo, pero dificilísimo... Porque es una conversación... esquizofrénica, totalmente esquizofrénica. O sea, cualquier persona sensata que entre aquí, ahora... sensata, ¿eh?, científica, lógica, y nos vea... y vea, que hay un montón de gente callada y uno hablando... y de lo que están hablando... Dirán, “bueno...” Y si alguien dice:
- No, están haciendo oración...
-Oración... Pero, ¿con quién hablan?
-Con... con Dios.
-¡Ah, pero estos todavía creen en Dios!
-Psssss... o en algo parecido...
-Ya, bueno pues, no olviden tomar el Haloperidol a la salida.
Claro, Dios en el siglo XXI, o si quieren se le puede poner otro nombre; Él no se enfada... o Ella no se enfada -si le quieren poner sexuado-. Es increíble... sí, es un fenómeno increíble. Pero, no por lo ¡¡¡Ahhhh, es increíble!!!, no. Es... es para no creer. ¡Es para no creer!
Hoy, en el siglo XXI CREER es dificilísimo, de hecho, ya verán cómo en el mes que viene, de todos los que están aquí, hoy, habrá la mitad... Sí, porque muchos dirán: “ Hombre, pero esto no es serio... nos estamos riendo”.
¿Y quién le ha dicho a ese señor o señora que Dios es serio?, ¿quién? ¿Ha dicho alguna vez Dios -o quien sea- que es serio? Ah, por favor... por favor.
Si es algo –y tenemos que ponerle algún atributo- es mágico... y tiene un sentido del humor espectacular... Como si pensara con el culo. Sí, porque ustedes se ven como creyentes y... ¿quiénes son los que mejor se lo pasan en la vida? ¿Quiénes?... Los ricos, los ricos. Los banqueros... son altos, guapos, ojos azules, tienen yates, tienen barcas... tienen mares... tienen... ¿O no? En cambio, los pelaos como nosotros, ¿cómo lo pasamos? Fatal... fatal. Vas de urgencias a la S.S. por la noche y puedes estar cuatro o cinco horas hasta que te vea un galeno. Galeno que va en su galera ahí... está de guardia y... en fin no está de buen humor, ¿cómo va a estar a esa hora?
En cambio, si vas de urgencia a un hospital privado, hombre, primero: te atienden. Segundo: relativamente pronto. Es por poner un ejemplo, ¿no? Por poner un ejemplo.
Claro, cada uno puede contar la historia como le vaya pero, claro, si programan hacerte una operación y te dan hora para dentro de seis meses o un año o dos, como que resulta un poco duro, ¿verdad? Duro, duro, duro.
Entonces, la conclusión es que Dios, o quien sea, premia a los ricos, a los poderosos, y castiga a los malos. Y los hace pobres, desgraciados, famélicos, hambrientos y de chabolas. ¡Al paro!
Claro, porque, ¿no dicen que todo lo que ocurre es porque Dios quiere? Pues, entonces, eso es lo que él quiere. Que luego... que luego -dicen, dicen- que luego, cuando te mueras, las cosas van a ser distintas... ¡Joe, cuando te mueras!... ¿Y si te da por vivir ochenta años? ¡Asquerosos ochenta años!, destrozao; sin... jubilado con doscientos euros asquerosos, por no ser banquero. ¿Qué haces, esperar a morirte para pasártelo bien? ¿Quién te asegura eso?
Por eso, creer es ¡tan difícil!, muy difícil, muy difícil creer, hoy, en el siglo XXI, cuando ya ha aumentado, y aumentan diariamente en ochenta mil, los pobres de solemnidad. Y hemos pasado la cifra de los mil millones de pobres, totalmente solemnes, es decir, miserables. Y, se ha alcanzado la cifra “oficial” de mil doscientos cincuenta y siete millones de seres humanos... gracias, todo ello, a la desigualdad terrible... O sea, no es porque no haya recursos, ¡no!, es porque Dios ha bendecido... ¿Es así? O no. No. No, pero, lo ha permitido... ¡Ah, es libre albedrío!, es verdad, se nos había olvidado.
El libre albedrío es un cuento que el hombre se ha creado, ¿verdad? Pero, un cuento, vamos, fenomenal, y se lo ha atribuido a Dios. ¡Pobre Dios!, le han atribuido los Diez Mandamientos, que no tenían nada de nuevos. ¿Qué hay de nuevo, viejo?... Nada: No matarás... no, no sé qué... ¡Lo mismo de antes!
¿Cómo puede Dios hacer lo mismo? Si no se repite, hombre. Eso es otra cualidad de lo Divino; no se repite, no se repite. Cuando tú crees que te va a hacer una faena por aquí, te sale por otro lado. Cuando tú crees que este paciente se te va a poner bueno, se te pone malo el que estaba bueno. Todo por obra de Dios, claro. Porque tú lo has hecho muy bien... Claro... Libre albedrío. Ya hemos puesto en duda esa libertad anterior; con que la otra grande... ¿albedrío...?
Pero fue una cosa muy bonita -¿verdad?-, muy soberbia -por otra parte, es de una soberbia espectacular-, para el creyente ¿eh?, para el que no sea creyente, vale todo. Pero, además, se tiene que ocupar, que eso es terrible, de decir todos los días que no es creyente, ¡eso es un trabajo enorme, enorme!
-Porque yo no creo en nada, porque yo soy ateo, porque yo soy ateo, porque yo no creo nada.
-Pero, ¿quién te ha preguntado?
-Nadie, pero es que tengo esa, esa obsesión... No hay quién me la quite.
-Pues, vale.
Muy difícil creer hoy, siglo XXI, donde ocurren la mayores barbaridades. Seguramente, en otros siglos las personas, dirían lo mismo, pero, ahora nos toca éste... Las mayores contrariedades, las mayores... e increíbles sucesos.
¿Cómo es posible que nombren Villa Olímpica, Rio de Janeiro, existiendo Madrid? Fíjense ustedes, ¿ven? ¿Será Dios el culpable? Claro, Madrid no tiene un Corcovado como Rio de Janeiro, tiene otro pero más pequeño.
Creer, hoy, supone CREAR. Sí, quizás lo que pueda, realmente, actualizar nuestras creencias, es nuestra capacidad creativa. Sin ser creadores, como en teoría se le atribuye a lo Divino, pero sí ser creativos.
Igual que un ser es diferente a otro a la hora de, de proyectar, elaborar, hablar, opinar... es decir, expresar la vida, el dar ese toque creativo, ése, ese toque personal, eso es una expresión de verdadera creencia. Ésa es una expresión de creer, porque implica crear. Y, el creer que es, sin duda, una experiencia increíblemente gozosa, tiene que ser y tiene que estar, plenamente, al día, ¡al día!
No puede ser: ¡Ah sí yo creo...! Y, de vez en cuando, me acuerdo de Dios, de lo que sea. No, eso no es creer. Es son muletillas... muletillas que se ponen, que se llevan. Como las plegarias conocidas que se repiten una y otra y otra y otra y otra y otra y otra vez sin intención, sin sentido, sin... sin vínculo.
El creer es un acontecimiento diario IMPRESIONANTE. Nos debe de impresionar y DEBEMOS de impresionar con nuestras creatividades.
Si cuando nos preguntan:
-¿Qué tal?
Decimos:
-Como siempre.
¡Malo! ¡Malo!, como ateo y como creyente. Malo; ése huele a podrido. ¿Cómo siempre? Pero, ¿tú sabrás lo que es siempre? ¿El cómo? ¿El cómo? ¿Qué es eso? ¿Comes? ¿Comes y comes? ¿Es lo único que haces, comer? ¡Qué horror!
-Aquí, aquí pasando el rato.
¡Qué pena de vida! ¿No? La creencia implica una novedad constante, permanente. Un descubrimiento... así, de castañuela, constante. Puede incluso llevarnos a un cierto grado de ansiedad, cierto grado, pero, de un gozo extremo.
Eso... eso es creer, lo demás es lo demás: costumbre, hábito, mandato, moral. Eso, tiene sus palabras, pero no significa que sea creer.
El creer supone un testimonio permanente, espontáneo, sorprendente impresionante que al propio sujeto, le conmueve.
Es señal de que tiene una sintonía con la Creación. Que tiene una sintonía con la Creación, y él mismo se sorprende; como ahora mismo, como ahora mismo nos sorprendemos en la oración. Que no se ha preparado, que no se ha estudiado, que no se ha leído, que ha salido. Y, que nos permite evaluarnos, mirarnos, reírnos... Multitud de sensaciones, eso es creer.
Eso es creer y no querer.
Querer. ¡Ay, el querer! El querer.
A un hermano nuestro le dieron una paliza, porque un servidor lloraba y lloraba intensamente, y al preguntarle la madre común:
-¿ Por qué llora el niño? - después de haberle dado la paliza; claro, al estilo policial después de disparar preguntan. Pues, la madre preguntó:
-¿Por que llora el niño?
-Madre: llora, porque quiere la luna
Era la primera vez que yo había visto la luna y dije: Yo quiero eso. Mi hermano, inútilmente, intentaba explicarme que aquello no me lo podía dar, que no lo podía coger. Y, yo la veía cada vez más grande, cada vez más impresionante, y lloré y lloré, lloré amargamente. Luego, mientras veía que a mi hermano le pegaban, lloraba menos. Porque interpreté que, efectivamente, él tenía la culpa.
Luego, cuando la señora madre descubrió que es lo que quería, la emprendió conmigo. Todos los adjetivos calificativos que pueden descalificar a un ser humano para siempre, cayeron sobre un servidor, y ese día aprendí ¡que no se pueden querer los astros¡, ¡que esos pertenecen a los poetas, a otras gentes pero, a ti, no!
¡La luna! Fíjate. Luego que consolé con una copla que decía: “ La luna es una mujer ” ¡Ayyy! Se me abrió el mundo... Se me abrió el mundo. ¡¡Ahhh!! ¿La luna es una mujer? Pero, entonces, haberlo dicho antes, ¿no? Ahhhh...
Desde aquel día ningún elemento extraterrestre me atrae, porque ya sé que lo extraterrestre son las mujeres. Ya está.
Aunque, eso te cueste que te llamen machista, sexista... ¡Da igual, es lo mismo! Tú ya sabes: ¡Por fin estoy en la estratosfera!, por fin he descubierto... a través de una copla, fíjense, de una copla, que las mujeres son el equivalente del “extraterretismo”, ¿eh? o sea, que no son de este mundo. Entonces, a veces tienes las cosas tan cerca, ¡y no te das cuenta! Y yo, queriendo la luna, como un bobo.
Seguramente, esta experiencia no es trasladable, seguramente. Tampoco tiene porque serlo, ¿eh? Pero.... Porque no es bueno que haya mucha competencia...
Pero, el querer, querer tiene un tufo de posesión, de... de compra a plazos, de hipoteca... ¡Ah, las hipotecas!...
El querer vivir por encima de tus recursos, posibilidades, es un sucedáneo del amar, es un contrato provisional, y no es que esté ni bien ni mal pero, es deteriorante.
EL QUERER COMO EL PODER, CORROMPE.
Quizás, a veces, hay frases que nos dejan así como muy absolutistas, pero nos ayudan:
-“MATAR ES MALO”
- No sea usted tan absoluto, si es en defensa propia...
-Mire, déjese de la propia y de la ajena, “Matar es malo...” Déjeme pensar en ello y que me crea algo, porque si no, finalmente, con todo lo relativo, finalmente, me voy a echar de amante a tres moscas. ¿Verdad? Y no. No quiero, no quiero, no quiero, no quiero.
NO QUIERO. NO QUIERO QUERER. Quiero sentirme en el universo, es decir, entre mujeres. Como la maldición gitana que dice: “entre mujeres te veas ”. Lo dicen, porque la mayoría de seres humanos son terrestres, hasta que uno se convierte en extraterrestre.
Porque a todo esto, el que quiera... el que quiera querer a una mujer lo lleva difícil. Puede ser que ella le diga que le quiere mucho, que tal...¡mentira! Mentira, ¿eh? Mentira, mentira, ¿eh?
Si le dice que le ama... eso ya es otra cosa, pero querer, querer... Y tú crees que la tienes en la palmita de la mano, que come de tu mano izquierda, que lame tu mano derecha... Está preparando, está preparando un sabotaje. Esto se lo dice un extraterrestre. Y eso no es ni bueno ni malo, es una estrategia, porque... porque como son de la estratosfera, pues tienen otras... otras querencias, pero no quieren o aman o no. Pero... ¿querer, querer? No.
Y cuando sale un “querindonga” -no lo interpreten mal, ¿verdad?- es porque está imitando a un varón, lo está imitando y quiere... Quiere como lo masculino: quiere tener una casa, quiere tener un coche, quiere tener dinero, quiere tener... y quiere tener.... Por supuesto, quiere tener una mujer guapa o dos, o cuatro, o lo que sea y quiere y quiere, pero en plan posesivo en plan de, de, de, ¡eh...! ¡PROPIEDAD!
En cambio, la mujer, no. Claro, ella tiene que decir que sí, para... como defensa verbal. Pero, ¿querer, querer? Mmmmm, mmmmm, mmmmm
En la oración, como ven, pasan cosas muy raras... porque estamos hablando, estamos orando, estamos dialogando con... con algo, con algo que no conocemos y pasan cosas muy raras: de repente sale la mujer, el amor, el querer, la posesión, la propiedad privada. Claro, pero eso es lo que vivimos, eso es lo que sentimos diariamente.
Entonces, si en el día a día no incluimos lo Divino en estos aspectos, ¿cuándo lo vamos a incluir?, ¿en qué lo vamos a incluir?, ¿en pedir, y pedir, y pedir, y pedir, y pedir, y pedir?
¡QUE MONOTONO!, ¡QUE COÑAZO!, ¡QUE ABSURDO!, ¡QUE VULGAR! Y sobre todo ¡QUE INÚTIL!
Y, aunque exista el valor de lo inútil, cuando lo oración se convierte en un pedir y un pedir, y no en un descubrir, no en un buscar, deja de ser oración. Sí, sí, porque... por una razón muy simple, porque orar no es un mercado dónde se va a pedir a cambio de... claro. No es un trueque.
Se supone, claro está, que en lo Divino está la consciencia de lo que ¡NE-CE-SI-TA-MOS! ¿Qué vamos a pedir? ¡Panfleto!, ¡pantuflo!, ¡bobo!, ¡tonto! ¿Qué vas pedir?
En todo caso, llorar es una buena experiencia. Sí. Sí, sí, sí. Sí, sí les explico, les explico, les explico claramente, y verán que, quizás no tenga razón, pero la oración es absolutamente irrazonable. Pero, si en vez de pedir, por ejemplo: si alguien tiene aquí la costumbre de pedir, cuando ora y le choca que no se pueda pedir... No es que no se pueda, uno puede hacer cualquier barbaridad, pero tenemos que acercarnos a... a lo que intuimos que puede ser.
Si en vez de pedir llora, pues, primero: se deshago, muy importante. No se ahoga en el problema que tiene, y desahogarse es buenísimo. ¿Para qué creen ustedes que están las lágrimas, además de para proteger el globo ocular y mantenerlo húmedo? ¡Para desahogarse...!
Cuando un enfermo está muy preocupado y nos cuenta miles de cosas pues hay que decirle:
-Pues llore hombre, llore, llore un poco.
-Pero, ¿qué me dice doctor?
-Que llore hombre, vamos a llorar, venga, vamos a llorar .
Y te pones a llorar con él, lo cual no es difícil, porque te imaginas, todo el problema que tiene, y es para echarse a llorar. ¡Es para echarse a llorar! Has visto los análisis, las radiografías, el TAC, y dices:
-Bueno pero, ¿dónde vas tú con ese cuerpo? ¿A dónde vas chalao ?
Entonces, lo mejor que puede hacer es llorar. Y con el llanto: ¡Ayyy! El descenso de lágrimas... Ya sabrán con el tiempo que significa eso.
Pero, de momento, las lágrimas descienden, no suben, caen; nos desahogamos. Y, mientras lloramos, no, no, no, pensamos tonterías, porque estamos pendientes de llorar. Más que pendientes: el sentimiento del llanto nos inunda, nos invade. Eso tiene una sintonía Divina. Really, verdad ¿eh?
Por su puesto, no se trata que se crea o no, ¡no! Para eso hemos hablado ya antes, y hemos orado en la creencia, pero, es descubrir cómo, cómo convertir -la conversión- cómo convertir el “pedigüeñismo” sistemático en otra realidad: llorar.
Claro, es cierto que te pueden decir de vez en cuando:
-Oye tienes lo ojos colorados, ¿qué pasa tienes algún problema o algo?
-No, que he estado rezando.
-¿cómo?
-Sí, es que ahora... Mira, yo antes rezaba ¿verdad? y salía igual que antes. O sea, igual que entraba, salía. Ahora, desde que me han dado la sugerencia de que hay que llorar, salgo trasformado, y encima, salgo con los ojos colorados. Y todo el mundo, que me ve, me pregunta: ¿te pasa algo?, ¿te pasa algo?... Luego, efectivamente, sí, sí me pasa algo. ¡Es verdad! ¡Me pasa algo! ¡Cierto! ¡Claro! Pero, ya efectivamente me está pasando. No es, no es ese rezo compulsivo...
No quiero que me quieras, ámame, porque la Creación me ama, no me quiere.
La Creación no me engulle, no se apodera de mí, ¡no me domina, no me esclaviza, no me compra, no me vende! Me cuida, me mima, me coloca en las mejores circunstancias para que descubra, aprenda, ensueñe, me asombre, me admire.
No me quieras. ÁMAME. Yo tampoco te querré, te amaré. Y eso se lo podemos decir a cualquier fuerza, entidad, persona, animal o cosa.
Y de golpe, nos habremos visto liberados de posesiones, de propiedades, de esclavitudes, en definitiva, que creíamos que nos iban hacer mejores o más importantes, y nos han convertido en guardines de nuestras posesiones.
Ah! El carcelero encarcelado.
Y la tercera palabra orante era... conquistar.
¡Ay, ay... pampa mía...! ¡Ay, pampa mía! Todo el mundo quisiera tener una pampa pero, la pampa está en Argentina y la tienen los argentinos, perdón, los Kirchner...
Eh... la conquista es una palabra, ¿verdad?, que tiene una realidad española tremenda, tremenda. Sin duda, la conquista más impresionante, más dramática, más terrible, más ignominiosa, más dantesca, y más impresentable de la historia, la hicieron nuestros antepasados cuando conquistaron un continente, América.
Eso, eso, parte de eso va en nuestros GENES, en nuestro GENIOS, en nuestras GENIALIDADES...
Eso, hace que el español hable del sudamericano como sudaca, que le desprecie porque el español es tremendamente racista, ¡tremendamente racista!
¡Ah Conquista!... insolente, dramática...
-¡Claro, evidentemente, claro pues, fue hace mucho tiempo...
-¡No hace tanto!... 1492... Total, estamos en el 2009 y en el 12 se acaba el mundo. Hay que darse prisa para redimir esa... esa actitud conquistadora, ese conquistador, ese ser que se siente superior, que engulle a los demás, por pensamiento, por palabra, por obra o por omisión -como decía la iglesia católica -.
La conquista es una característica que -ya que le toca mucho, mucho, mucho al hispano pensante-, es una característica que, sin duda, está en toda la humanidad. Siete mil millones de habitantes, ya no se habla de seis mil, ya, siete mil millones. Ya seguimos subiendo a razón de ochenta millones, aproximadamente, al año.
-¡Siete mil millones, conquistando!
-¿A quién?
-Al otro.
Porque la conquista del hombre se ha vuelto: conquista del hombre por el hombre, hacia el hombre y sólo en el hombre. Aunque, eminencias como Stephen Hawking nos recomiendan que conquistemos el espacio, no sé cómo, si apenas hemos llegado con una pedrada a la luna, ¿qué vamos a conquistar... qué vamos a conquistar?
Impresionante... impresionante la labor conquistadora que se ejerce en el planeta por parte de políticos, economistas, pensadores, por poner los más altos.
Impresionante la conquista de medianos, mediocres, que se ejercen sobre sí mismos. Y todos, en su pequeña parcela, tratan de conquistar algo que otro no tenga...
Es destructor. Desanimante.
Por supuesto, of course, que también el hombre ha tratado, y trata, de conquistar a Dios o a lo Divino, conquistarlo, como sea.
-¿Cómo puedo tener una experiencia mística?, oiga.
-Pues, no sé... prepárese una cocción de sal, cebolla, tomate y perejil... tómesela en ayunas por la mañana y haga baños de asiento por la noche.
Claro, es que tienes que ser rápido porque, lo que quiere es tener una experiencia mística ya y ahora.
Hombre, pero, sí, quiere conquistar a Dios. YA.
Así ha ido elaborando a lo largo de la historia Dios, o Dioses, a su imagen y semejanza. No al revés, como se solía decir, que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, no, no, no, no, no, eso es muy incómodo porque no sabes quién es. Al revés, tú creas a Dios a tu imagen y semejanza. Y lo creas blanco, moreno, alto, bajo...
Qué curioso, ahora estamos en la época de los dioses, todos muy machotes ellos, muy machos... Y dejamos a las vírgenes para que ayuden a dios. Como Mohamed Gadafi que tiene su guardia personal de mujeres vírgenes, bueno, eso dice él... Ejem...
Es impresionante, impresionante ver cómo se ha establecido un código; ahí están los teólogos que... que hablan de dios, y que dicen que saben de dios. Es increíble, ¿eh?, decir eso es... es una soberbia... Pero, bueno, ahí está. Y si nos descuidamos con sus verborreas habituales nos convencen. Y claro, nos pintan un Dios que nos va a castigar permanentemente, por supuesto, como el Estado hace leyes para castigarnos porque no podemos cumplirlas todas. Es imposible.
Entonces, el hombre se dedica a la conquista de... Pero, pero, pero, pero, en el siglo XXI, el ocaso de las religiones, inevitable era, ha ido creando otras, otras, otras perspectivas. Ha ido creando al ídolo, al hombre-dios. Se ha ido “idolatrizando” porque la CREENCIA es necesaria. Y, ya que es difícil hacer un dios a imagen y semejanza de uno, podemos hacer a un hombre o mujer -depende de en qué lugar nos encontremos- a nuestra imagen y semejanza.
Y se van creando los ídolos, los líderes, como expectativas de uso, usufructo, y de usar y tirar, claro, por supuesto.
La idolatría... la egolatría se ha ido apoderando -y sigue- como signo de nuestro tiempo. Lo cual hace muy difícil, muy difícil ese creer. Muy difícil el orar...
La Creación, lo Divino, se ausenta por momentos, porque el hombre se ha volcado en su credo, en su posesión, en su querencia, en su conquista.
De ahí que, nuestra sugerencia en este instante culminante de la oración para esta semana -que es así como habitualmente hacemos los domingos-, sea el adentrarse por un instante en el CREER, en esa creatividad, que nos conmueve y que nos impresiona, que nos hace creencia, que nos hace crear.
En ese AMAR que nos aleja del querer, de la posesión y de la propiedad.
En ese estar sin conquista... sino en ese estar solidario, compartido, servicial, útil, CAPAZ. Es un hacer probable y posible. Que no se quede en un intento; que sea un hacer, no importa si es mucho o poco.
Bajo el signo orante, bajo la llamada de la oración, la sintonía con lo Divino, podemos estar serenos y tranquilos, sabiendo que, ocurrirá, sucederá, sólo hay que disponerse a ello.

Ámen.

martes

Lema orante semanal

AFECTADOS, AFAMADOS, AFILIADOS.
28 de setiembre de 2009

Podríamos... describir la afectación desde la óptica de muchos niveles: afectado como alguien que le ha ocurrido algo; afectado como alguien que se siente, en sus afectos, conmocionado; afectado como aquél que manifiesta comportamientos no habituales en su género; afectados como aquel grupo o colectivo que se ve dañado por circunstancias sociales o políticas…
Se esté en la categoría que se esté, el afecto está, habitualmente, asediado... rodeado, amenazado...
Esa acepción, quizás -la de los afectos-, sea la que mejor pueda encuadrar todas las demás denominaciones.
Cuando se dice:
-A mí me ha afectado mucho lo que le ha ocurrido a Rolando o a Eufemia o…
Y dice:
-Oye, ¿qué pasa, que tenías una amistad…?
-Sí, es que teníamos una buena relación. Desde que ha decidido hacerse astronauta, ya es intratable.


Probablemente, podamos decir que, los efectos del roce, de la convivencia, de... del estar en este plano de existencia, es producto de los afectos. Y, el que más o el que menos, se ha visto afectado en sus afectos por diferentes circunstancias: enfermedades, dolores, fallecimientos, accidentes, abandonos, persecuciones. Es decir, tenemos un largo etcétera que la especie humana ha desarrollado para afectarse seriamente en sus afectos.
La especie ha creado una forma, y ha desarrollado una manera de estar, de convivir, de compartir, que perjudica seriamente a los afectos. Y, en consecuencia, aparecen afectados.
Trabajo, producción, consumo, renta, propiedad… son algunas de las circunstancias o factores, junto a la religión, la política y la economía, que suelen llegar a afectar a nuestros afectos, y hacernos afectados.
Muchas veces se suele decir:
-Bueno, pero ¿por qué te preocupas por, por, por…?... si... si total… Pues, tú no te preocupes, si…
Pero vamos a ver, ¡vamos a ver! Cuando un ser humano se preocupa, porque le afecta en sus afectos circunstancias de otros seres humanos, cercanos, lejanos, medianos, es porque -esto hay que aprendérselo muy bien- es porque pertenecemos a una, a una, a una, a una unidad. Y lo que ocurra en cualquier elemento plural e insólito de esa unidad, repercute en nosotros. No podemos decir… podemos decirlo, sí, y de hecho, algunos lo consiguen:
-No, si a mí no me importa, a mí me da igual, a mí no me afecta para nada eso…
Pfssss, pues… o tiene un desarrollo mental trastornado afectivo, o… o miente, o realmente, le afecta.
Y se dicen unos a otros:
-A ti que no te afecte…
Y el otro dice:
-¡Ay!, y a ti que no te afecte... ¿A ti por qué te afecta que tu niño sea feo? A ver, ¿por qué? ¡Hombre!, no será por lo bonito que eres tú…
-No, no pero, me afecta.
-Pues, que no te afecte, hombre…
-Sí, pero no es tan fácil.
Cierto es que, en el trascurrir de las civilizaciones, con el fin -seguramente, seguramente-, con el fin de preservar nuestros afectos, se ha ido creando una coraza caracterológica -que diría Wilhem Reich- según la cual, pues, cada vez nos importa o nos afecta menos lo que más o menos lejano, o a veces, cercano nos ocurre. Para ello, el hombre ha desarrollado una capacidad de... de soberbia, de vanidad, de autosuficiencia, de poder… Y, probablemente, todo eso que nos parece negativo, ha sido una defensa de nuestros afectos. Y guardar algunos afectos, al chile colorado o a la colección de sellos, o sea, preservar algunos afectos. Y, para ello, la mejor actitud que se le ha ocurrido, hasta ahora, es evitar que te afecte, que incidan en tu área de afectos, las diferentes situaciones que nos toca vivir.
-Si… -diría un ser- Si mi afecto está en la sintonía con Lo Divino, me afectará -me afectará- aquello que necesariamente debe de afectarme. Y no habré de preocuparme, más o menos -ni defenderme más o menos-, de aquello que me afecta, porque es lo que me toca desde el plano divino, para que mis afectos evolucionen hasta amores.
Es una cuestión de referencias. Si mi afecto está referenciado en mi animal de compañía, por ejemplo, pues probablemente -probablemente, muy probablemente- al cabo de pocos años se irá, cambiará de plano y… y me afectará horrores. Y, además, mis referencias las estableceré siempre con… con... con esa... medida.
Si mi referencia es el sentir que, de manera orante, se despierta hacia lo Divino, entonces, no tendrá caducidad, no tendrá límites. Y el crecimiento y la purificación de mis afectos, crecerá de acuerdo con el afecto que irradia la Creación hacia mí.
Y así, en mi área de afectos, sólo llegarán aquellos afectos que se sincronicen con los que tengo.
Y se empezará a contemplar el mundo bajo otra perspectiva, y no, como un conjunto de afectados, casi infectados.
Porque, eso sí, cada uno defiende su afectación:
-¿Tú por qué estás afectado?
-¡Es que fíjate lo que me ha pasado! ¡Es que fíjate lo que me ha pasado! Yo tenía una hormiga amaestrada, y vino un amigo a casa y se fue con él. Fíjate, fíjate hasta qué punto… hasta qué punto soy desafortunado, hasta las hormigas se vuelven con… con mis afectos. Estoy muy afectado… Se llamaba “Lupi”.
Después vienen las historias de los afectados. Es decir, desde que se instaura el pensamiento psicoanalítico, cada cual, de alguna forma, elabora una historia -pero así, muy elaborada, ¿no?- muy personal de cómo es y por qué es así: porque se vio afectado por esto, por aquello y por lo otro… entonces, se supone que si te ves afectado por esto, tienes que ser de esta forma y de esta otra, y finalmente, eres un afectado… bueno, casi apestado.


¿Podría ser que, en esta semana que ya se anuncia para el próximo mes, bajo el auspicio orante, tuviéramos nuestra referencia afectiva en las referencias que nos da cada día la Creación? Y, probablemente, podamos comprender y contemplar lo que ocurre sin ser unos afectados permanentes, que no… que no crecen, sino que se quedan atascados en sus afecciones. Y así, cada vez que nos sintamos afectados por algo, nos preguntemos:
-Espera un momento, ¿Esto me toca, o me lo he apuntado yo? ¿Esto tiene referencia en Lo Divino, le encuentro algo, o me lo he apuntado yo? Me siento afectado porque el Orihuela ha perdido 3:1 en su casa con el Real Fashion… Pero, ¿por qué me afecta a mí esto?
Y uno podría decir:
-Es que soy de Orihuela.
-¡Psh!, momento. Tú no perteneces a ninguna parte. “Soy de…” ¡Aquilata el lenguaje!, vamos a buscar las referencias celestiales. “Soy de”, no. Tú tampoco eres “señora de”. Ya está bien de usar el dedo: “de, de, de, de, de”.
Tú eres un habitante de este planeta, aunque no hables inglés. Más torpe, claro, que los que hablan inglés, pero bueno… ¡Eso es parte de tu afectación!, porque si hablaras inglés, tendrías otra visión del mundo, ¿sabes? Porque comprenderías otras dimensiones.
O sea, que muchas de las afectaciones de tu vida, se deben a tu voluntaria ignorancia.
-¿Voluntaria ignorancia?
-Sí.
-¿Cuántos años tienes?
-Aintisiete.
-¿Cómo?
-Aintisiete.
-A ver, pronuncia mejor…
-Cuarenta y siete.
-¡Ah! Ya me parecía que tenías aentisiete… cuarenta y siete. ¿Y no te da vergüenza, no te da vergüenza que a los cuarenta y siete años estés afiliado al Orihuela club de futbol, y te afecte si pierde con el Fashion Club? O sea, ¿cómo has podido secuestrar tu universo afectivo, que te preocupa mucho más eso que el uñero de tu mujer?... Que ni le has preguntado por ello, la ves medio coja, ahí, con la uña encarnada y vamos, es que no te afecta para nada… Tu mujer, que es una santa… como todas, pero la tuya más. ¿Y no te afecta para nada, no, no, no te emociona, no te conmociona? En cambio, el Orihuela sí.
¿Tú qué has aprendido, ¡che!, con cuarenta y siete años? ¿Qué, qué, qué, qué has aprendido tú?
Silencio.

El silencio de ignorante voluntario, el secuestro natural del ser. Ni siquiera se le puede decir:
-¿Quieres ir a Bora, Bora?
_ ¿A dónde?
-A Bora-Bora. ¿No sabes lo que es?
-Mmmmmm... eh.... mmmmm...
-Ya.
Es decir, es decir, es decir, que mucha, gran parte de nuestras afecciones, aflicciones, afectaciones, se deben a esa ignorancia voluntaria de una acomodación fácil, burguesa. Que, teniendo oportunidades, no las recoge, no las incorpora sino que se queda con la comodidad del sillón, del botellón.

¿La segunda palabra era?
AFAMADOS… eso.
¿Y quién no es afamado? ¡Si todos son famosos…! Como mínimo en su casa, como mínimo en su pareja. Da igual que sea pequeñito, que sea grande, que sea feo, que sea guapo… todo el mundo tiene su ¡fama…! A veces se llama “don de la importancia personal”, a veces se llama… pero es FA-MA… Por eso tuvo tanto éxito la serie esa: “Fama”.
-Y tú, tú, tú, tú, ¿tú dónde eres famoso, dónde eres famosa?
-¿Yo? Soy un tigre en el bar, jugando al mus. Soy famoso por mi órdago a la chica.
-¡Hombre!, ¡Qué fama tienes tú! ¿Y ganas?
-Alguna vez.
Porque ya dice el refrán que: “jugador de chica, perdedor de mus”. Pero, pero, pero… a veces sale la chica.
Esto es difícil de traducir, es un juego… Bueno, que alguien es famoso por un juego de cartas que se llama mus… puede ser mus de chocolate, mus de limón, mus… o sea, un juego de cartas, como el póker o así. Pero es un juego que se pueden hacer trampas, pero son trampas organizadas, y ya estipuladas. Y bueno, hay personas que son famosas en eso, y bueno…
Sí, es curioso porque, porque se ha creado una “culture”, una cultura, ¿verdad?, que necesita… todos los seres necesitan un poquito de fama… según los cánones establecidos en cada cultura.
-¡Ay! ¡Soy fea!, ¡soy fea! ¡No soy famosa en nada, soy fea…”
Porque alguien le ha dicho que es fea y entonces…
-¡Soy fea…!
Hasta que aparece alguien y le dice:
-Pero… ¡Qué guapa eres!
-¡Qué va! ¡Si yo soy fea!
-¿Ah, sí? ¿Quién te ha dicho que eres fea?
-No sé, pero me han dicho que soy una chica fea.
-¿Una chica fea? ¿Tú? ¿De qué? Eso te lo ha dicho uno que no entiende de belleza, uno al que le falta un lóbulo cerebral o algo. ¡Pero, cómo, hombre! Que a lo mejor a él no le gusta tu belleza… Tú, tú eres famosa en el mundo medioambiental en el que vives, por tu belleza. ¿No te lo han dicho nunca?
-Pues no.
-¡Hombre! Pero claro, pero si… ¿tú, tú…? ¡Vamos!, tu belleza se come el mundo, ¿vale? ¡Se come el mundo! ¿Porque a ti te afecta el que te digan o que tú sientas que eres fea, verdad?
-Es lo que más me afecta en el mundo, es lo que más me afecta.
Entonces, hay que sacar a esa persona de esa situación, pero bueno, ¿a quién se le ocurre? Pero, ¿tú por qué haces caso a cosas que afectan? Haz caso a cosas que te emocionen, te llenen de afecto. A las otras cosas… pues, ¡déjalas pasar, que pasan!
Por eso, por eso… ¡despierten!, por eso, por eso, por eso, se dice la famosa frase, que tiene más profundidad de lo que parece: “Cría fama y échate a dormir” . Claro, claro, claro, claro, porque todo el mundo busca su dosis de fama y, una vez que la tiene, a dormir. Ya no tienes que preocuparte porque ya tu dosis, tu enganche, tu vanidad, ha sido saciada.
Y... aunque se sea yonki de la fama, ¿no?, y se esté preocupado por la fama, por la….
-¡Qué fama tengo! Tengo una fama entre la gente… ¿verdad, que….
-Pero bueno, te la has ganado a pulso, ¿no?
-Ya, pero… ya, pero…
-Bueno, pero puedes mejorar tu fama…
-Sí, claro, claro, claro… tengo una fama…
Hay que, aprovechando que estamos en oración, vamos a preguntarnos en serio -en serio- una... una cuestión:
¡¿Quién es realmente famoso?!
Pues, DIOS. Por eso se suele decir:
-¡Joer! ¡Tiene más fama! Es como Dios…
-¡Pse! ¡Cuidado, cuidado! Como, como, como… cómete un poco... ¡cuidado, cuidado, cuidado!
Entonces, eso es un remedio como contra la tiña, cuando tienes algo de tiña en la cabeza… una enfermedad de la cabeza que pica mucho. Entonces, es como la tiña, que suele darse en situaciones de suciedad, de abandono etc. Pues, eso, la fama -la fama- y el cultivo de ella, debe ser diluido, sabiendo que sólo hay un famoso… ¡o famosa!: Dios-Diosa.
Dios-Diosa es la única que tiene fama, entre Ella, para Ella y con Ella. Y, de paso, hacia nosotros. Lo demás es puro cuento.
-¡Sí, qué pena! ¿Verdad? ¿Puro cuento?
-¡Puro cuento...! Dios se ha hecho famoso a lo largo de la historia, ¿no? Y sigue siendo famoso. ¿Y tú, por qué te quedas ahí raquitiquizado con tu media peina descompuesta, que si no tienes fama, que si no tienes aprecio, que si la autoestima la tienes baja…? Pero bueno… ¡des-há-ce-te de esa fama! Des-há-ce-te... A-C-T-H.
Una vez que te das cuenta de eso, entonces, y comparas la fama de Dios-Diosa con tus famas, pues, te derrites. Dices:
-Bueno, es que yo no llegaré nunca a nada…
-Cierto, totalmente cierto.
De nuevo aparece la referencia Divina. Con lo cual, si te dicen bonito, bien; si te dicen feo, pues, bien también. Es decir, no es que te dé igual, no, no te da igual, pero no necesitas una valoración especial por aparte de tu especie. Ya el hecho de pertenecer a ella, te da un valor.
Busca, más bien, tu referencia y tu reflejo Divino con respecto a la fama de Dios. Dios-Diosa.

Afectados, famosos y... AFILIADOS.
Todo el mundo tiene una afiliación, y terminamos siendo todos primos ¿verdad? Más o menos lejanos, más o menos cercanos, ¿verdad? Pero, somos una especie que, con siete mil millones, es un poquito endogámica, ¿no?, ya.... Por ejemplo, si fuéramos chinos, tendríamos ¡un montón de primos!, pero montón, montón. Ahora han descubierto que... que... que la filiación de Confucio llega a veinte mil personas. ¡Una barbaridad!
Claro, los que sean de países pequeños, su filiación es más corta, pero… pero a veces emigran y empiezan a copular, a copular y… vaya vaya... vaya, vaya.
Realmente, nuestra filiación nos debería -nos debería- proporcionar, puesto que todos somos parientes… pa-rientes, o sea, ¡capaces de parir!, parientes.
¡Entiendan bien el significado de las palabras!: parientes no significa que seas primo o sobrino; parientes es que puedes parir: ideas, niños, lagartos, ¡lo que quieras…!
-¿Lo que quiera?
-Claro, estaría bueno que tuvieras que parir sólo lagartijas… Según te formes, según te conformes, según te… así parirás novelas, plantas, gonococos, difterias, tétanos, tosferinas… ¿verdad?
Pa-rientes, los que paren.
Luego está, efectivamente, otra catalogación de la palabra parientes, que es aquella que dice que hay un cierto vínculo entre... entre unos y otros, por razones fam-iliares. Fam-iliares tiene un sonido famoso. La famosa familia… “Monster”.
Cuando, poco a poco, se diluya esa… cárcel familiar, el hombre se verá liberado de una de las presiones más severas que ha tenido por su propia decisión, y su propia organización, y sus propios apegos. Y establecerá otros vínculos. Estará vehiculizado, sintonizado, sonorizado con el resto de su especie de una manera sintónica, de sintonía, no de parentesco.
Así, cada ser puede afiliarse a la des-afiliación. Disolver el vínculo de afiliación de carácter “parenteral”, y adquirir una relación sintónica con aquellos con los que se sintoniza. Y ampliar esa red de sintonías, en la medida que se escucha a los demás y se les entiende y se les comprende.
¡Afíliese a la vida!
¡Afíliese a la Creación!
¡Afíliese a lo que ama... sin limitación! No le ponga cortapisas, no le ponga inconvenientes.
Dele gracias a Dios... Esa es su filiación.

Áaamen.
***

jueves

Lema orante semanal

INTENTO. INTEGRACIÓN. IMPOSICIÓN.

21 de setiembre de 2009
El intento es… una palabra… optimista, y a veces esperanzadora incluso, del hacer cotidiano.
En realidad, el intento es… algo que surge como necesidad de ir ejercitándose en el poder… ¡Y no solamente eso!, sino que, además, ejercitándose en la derrota.
Como culminación, el intento, implica el obsesivo y permanente deseo de hacer… la propia voluntad.
Las palabras, son consecuencia de un estilo de vivir; de una manera de concebir nuestra presencia en este lugar del Universo; de una actitud ante lo que nos rodea.
Se plantea, el intento, como ese afán de voluntad, de insistencia, de perseverancia… que, al final, consigue… ¡lo que quería!
Un acontecimiento muy propio en las interrelaciones humanas, en que unos y otros “intentan”, sobre éste o sobre aquel, o sobre el otro, conseguir, lograr, tener, hacer… Y se crea el famoso refrán: “Que el que la sigue, ¡la consigue!”
¡No es así… como se expresa la Creación!
Los acontecimientos y los sucesos se expresan en lo que son, sin el afán de… intentar, si no con la manera, clara, de hacer.
Es frecuente también, escuchar esa frase de: “¡Lo he intentado todo, y no he conseguido nada, con esta persona!”
El intento se transforma así en un deseo, que quiere cumplirse, y que busca la manera de… ¡imponerse!
Quizás sea sutil la diferencia entre intentarlo… y hacerlo.
Pero, en el intento, está la vocación y la intención de lograr, conseguir, alcanzar.
En el hacer está la intención de expresarse, de mostrarse, de realizarse. No hay un objetivo “sobre”…, “por encima de”…
En el intento está el éxito y el fracaso; el ganador y el perdedor.
En el hacer, en el expresarse, no hay éxito, no hay fracaso, no hay ganador, no hay perdedor.
La integración, quizás, hoy, con el espíritu individualista… y el sentido sectario que, cada ser, ¡habitualmente! hace –salvo excepciones-, pensar en una integración, puede ser ¡prácticamente inútil!
Porque, o bien… “el nuevo”, trata de incorporar todo lo que ocurre –aún yendo en contra de sus criterios-; o bien, el grupo que le recibe, le impone unas condiciones.
Sin duda, en la medida en que, excepcionalmente, los elementos de un conjunto se integran, adquieren una naturaleza, una personalidad y una fuerza… ¡realmente significativas!
Es un tiempo de estabilidad, de progreso y de seguridad.
Pero sucede también que, los elementos que se tratan de integrar, lo hacen, bajo la condición de que se incorpore su individualidad... En cuyo caso, se produce perturbación, confusión, lucha, combate.
Lo propio, sin duda, es… el que, ante un posible conjunto, los elementos, aporten sus virtudes; aparten sus defectos; ¡conjuguen! sus virtudes; y desarrollen un sentir común.
De tal forma que, un sistema integrativo, debería de contemplar las cualidades individuales y el sentido corporativo, para, así, dar cauce a… lo excepcional y lo habitual.
Es posible, sin duda, la integración. Y, para eso están las comunidades, para buscar sistemas integrativos, que respondan al unísono. Como esas bandadas de pájaros, que se configuran uno a uno y forman otra figura distinta; y se mueven como si fueran un nuevo organismo. Igual pasa con determinadas especies de peces.
De la misma forma, en la especie de humanidad, cuando hay una catástrofe, un drama, es frecuente –muy frecuente- que, la ayuda, el aporte, la colaboración, sea casi inmediata. Es como un reflejo de especie. Y, cada uno… El bombero, es bombero; el policía, es policía; el carpintero, es carpintero… Y todos se integran, según la necesidad que requiera la catástrofe.
¡No es que siempre ocurra así, eh! Porque a veces es ¡otra catástrofe!, la que se instala después de una catástrofe; pretendiendo controlar, manejar o manipular la catástrofe.
Ocurre también que se desarrollan diferentes sistemas de integración que ¡compiten! entre sí. Lo cual, nos indica que son integraciones… sectarias –también llamadas nacionalistas o radicales-, que no tienen en cuenta el entorno… lo suficientemente amplio, como para pensar “humanidad”. Si no que, tan sólo tienen el entorno mediato e inmediato, para pensar en “combatividad”.
Imposición…
Es la forma habitual del comportamiento humano hoy, en el siglo veintiuno.
Es un ¡pulso permanente de fuerza!, para mostrar… el más fuerte.
Es, sin duda, un comportamiento guerrero… disimulado; pero de combate. Unos, lo hacen con una cierta elegancia; otros, con una cierta diplomacia; y, otros, con una cierta vulgaridad.
El asunto es tan claro en el pensamiento actual, que, como cada cual piensa que lo suyo, su concepción, su idea, ¡es la mejor!... pues, ¿qué más forma natural, que imponer la mejor idea?... ¡Los que no tengan esas ideas son infieles!
Como ven, este proceso es muy antiguo. Y la imposición se va haciendo, cada vez, más y más extensa; y más “propio-efectiva”, es decir, más incluida en el organigrama de el ser.
Hay situaciones, sin duda, de excepción… en las que existen sujetos o grupos que, ni imponen… ¡ni se dejan imponer!
Es un difícil equilibrio. Porque, también eso, implica una… forma de integración, pero… muy lábil. Y un hacer, ¡que, no siempre, es bien interpretado!
Así que, el modelo actual es la figura del “intentador permanente”, de “el desintegrado rebelde”, y del “impositor obstinado”…
¡Es el nuevo héroe!… Aquel que lo intenta y, ¡finalmente, lo consigue! Aquel, que se integra, ¡pero desintegra!, en donde se integra. Y aquel que, impone su voluntad porque, en realidad, “la verdad”, la encarna él….
Así, a ciencia cierta, no se conoce ningún intento de Dios para mejorar la humanidad.
Sí se sabe que, en la humanidad, la idea de lo Divino, está integrada plenamente.
Tampoco se tiene conocimiento de Imposiciones Divinas a los seres… Si no, más bien, imaginaciones de Divinidad, que tienen los seres.
La imposición, es un duro yugo espiritual, mental y anímico, en el que se educa habitualmente al sujeto, para decirle que, sin su fuerza impositiva, no será viable su existencia.
La interacción entre la materia viva, no tiene porqué ser necesariamente impositiva… Es más, creemos que es el peor camino, que se puede elegir. Porque, con él, se trae la destrucción, el desorden, el deterioro y la desaparición.
La vía del intercambio, la vía del compartir, la vía del ¡escuchar!…, la vía de ofrecer, la vía de servir… ¡no son!, habitualmente, impositivas.
En consecuencia, ¡sí hay! otras formas de relacionarse –la materia viva-, que no sea… en base a la imposición.
Se podría ensayar un comportarse sin intentos; un comportarse integrado; un comportarse… sin imposición.
Un ensayo, como el que va un día a la playa, a pasearse por la costa… Sin ninguna otra perspectiva, que no sea, “el cambiar de aires”.
¡Recojamos el sentido Divino del servicio, en lugar de la imposición!
¡Recojamos el sentido… ¡trascendente! de lo cotidiano, en lugar de la desintegración!
¡Recojamos el hacer silencioso…, gratificante…, sin el intento ganador!

Ámen.
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miércoles

Lema orante semanal

REVELACIÓN, EMOCIÓN, CONMOCIÓN, IGNORANCIA.
14 de setiembre de 2009

Somos como cámaras oscuras donde penetran continuamente impactos de luz creadora, pero no revelamos. No revelamos ese impacto y, así, todo nos parece oscuro. Una oscuridad que no es de Universo sino de ignorancia.
Recluidos en la propia cámara oscura, se termina convenciendo el ser de que ése es su habitáculo natural.
Sí, le han hablado o ha escuchado algo de “revelar”, pero es una inquietud tibia. Falta la emoción, la conmoción de sentirse sorprendido por los pequeños o grandes acontecimientos.
Y se siguen disparando fotogramas una y otra vez sobre ese ser de vacío, de recursos, de posibilidades, pero que se ha recogido, se ha plegado en su oscuridad gris. No se atreve o… o en su indiferencia de aburrido, no se atreve a revelar lo que llega, lo que acontece, lo que casualmente sucede. Establece un código de interpretación de lo cotidiano y con eso se siente completado, halagado, equilibrado.
Y otra cosa es su creencia, su… su experiencia espiritual, la que realmente ocupa en su cámara oscura apenas un recuerdo de leyenda.
Es similar a esa postura en la que, cuando aparece un conflicto, una dificultad, una inconveniencia, la persona sensata, equilibrada, inteligente, trata por sus medios de solucionar esa pena, esa preocupación. Y así lo expresa. Y cuando no ha podido más, también nos expresa: “Y he recurrido a la oración para… pero nada, tampoco…”
“He recurrido a la oración, pero nada, tampoco”… ¿Y qué esperaba? ¿Que iba a estar allí Santa Klaus o Papa Noel, para darle la pastilla o la sentencia de cómo resolver sus incomodidades? ¿Esa es la idea y la vivencia que de lo Divino se tiene? Ese señor y esa señora circunspectos, serios, equilibrados, acomodados, sensatos, inteligentes, con la cabeza bien armada…
La historia sería: “Dios, el último recurso”.
Así se sucede y ocurre en la mayoría de las creencias. Y no es una cuestión de opiniones o puntos de vista, basta simplemente ver el comportarse del ser. ¿Se comporta según criterios que va revelando en referencia al sentido de lo Divino? ¿O realmente se comporta siguiendo los dictámenes de cultura, conocimiento, ciencia, entendimiento, razón, lógica?
Es evidente que este segundo aspecto domina de forma clara el hacer humano.
Es semejante a como cuando los ejércitos existen y se arman para garantizar la paz. ¿Qué clase de paz es ésa que hay que defenderla con pistolas, cañones y muertos? ¡Ah!, eso sí, los ejércitos tienen su capellán, su sacerdote, para que todo salga según las bendiciones de sus dioses.
No es –y eso es lo que nos resalta el orar de hoy-, no es prioritaria la preferencia del ser hacia su vinculación Divina. Ni siquiera en los radicalmente creyentes. Siempre, salvo excepciones, se emplea ese radicalismo para justificar el pensamiento razonable humano.
El interés, la renta, la egolatría, la atracción subyugante del poder, impide revelar la conmoción Divina de cada día, y hace al ser un absoluto ignorante.
Y cierto, cierto es que, si nos circunscribimos al secuestro oscuro y gris, la vida es así. Y responde a los parámetros con los que oficialmente y sabiamente, nos movemos.
¡Ah!, pero si por un descuido, la luz del diafragma impacta de tal forma que nos revela algo que no tiene sentido, pero que ocurre, entonces toda la arquitectura que el hombre había fabricado ya, carece de valor.
¿De qué le sirven al peregrino en el desierto sus riquezas, cuando tiene sed? No puede comprar agua en el grifo del desierto. ¿De qué le sirve su conocimiento, sabiduría y poder, cuando el dolor aprieta, cuando el sufrimiento cerca, cuando la enfermedad estruja? ¿De qué sirven los planes cuando salen mal?
De tanto insistir en la importancia personal, en el individualismo a ultranza, en el materialismo eficaz, se ha cerrado el espacio hacia Dios. Apenas una tibia rendija, una pequeña oquedad, queda como… como un suspiro lejano, lejos… Ese suspiro lejano que decía “Amarás a tu Dios con toda tu voluntad, con toda… con toda… con toda…”
No, esa experiencia conmocionante, emocionante, de esa relación, ha sido sustituida por el amor al perro, el amor al gato, el amor a papá, a mamá, al cigarrillo, a la cerveza, a la juerga… cualquier morcilla, es amor.
La experiencia en lo Divino, no como experiencia de tiempo largo y edad, sino la experiencia, el haber vivido instantes –uno- en lo Divino, nos lleva a referenciarnos en todo hacia esa conmoción que, por añadidura, nos da ese amor hacia el entorno, como el amor que nos tenemos hacia nuestra identidad.
Y, desde luego, no es esa conmoción-emoción hacia lo revelado, una labor de voluntad, de perseverancia… no, no, no. Eso es otro síntoma de vanidad y de poder. Es la actitud hacia la referencia de lo imprevisible, de lo inesperado, de lo sorprendente, de lo enamorado.
El creer, no es un empeño personal. Es una disposición, una orientación que nos hace percibir lo que no es propio. Si me oriento hacia el norte, veré las influencias del norte; si me oriento hacia el sur, veré las influencias del sur; si me oriento hacia el este, las del este; al oeste, las del oeste; si giro en torno a las orientaciones, veré unas fracciones de cada una. Si me oriento hacia mi ombligo, sólo veré mi ombligo.
Hay muchas formas de plantear la ignorancia, muchos niveles en los que podemos referenciarnos. Pero aquél que ignora –por actitud, por comportamiento, por inteligencia- su vinculación en la Creación, su comunión en lo Creado, quizás sea el verdadero ignorante. Y todo lo demás que sabe, no tenga valor en ese Universo. Quizá lo tenga en su barrio, en su cultura, en su entorno.
Nos emocionan -y hasta nos conmocionan- determinados momentos emotivos. Pero si se quedan en la causa y efecto de lo ocurrido, pronto se harán tibios y fríos. Si, en cambio, revelamos que su procedencia es un suspiro, un aliento, un poema de lo Desconocido, perdurará.
No se trata de ser un revelador oficial de Lo Divino. Sería otra muestra de poder.
Se trata de velar. De velar con lo sucedido, con lo que acontece en cada momento, y situarlo en la verdadera dimensión del Misterio: Aquella que nos hace sonreír sin saber por qué, pero nos llena, como cuando el amor nos llega. ¿Acaso sabe por qué el recién nacido, cuando termina de mamar, sonríe? ¿Sabe por qué sonríe? ¿Se lo ha planteado alguna vez? ¿O simplemente, en la sabiduría Divina, se entrega a la complacencia de su alimento?
Cualquier momento -por aquello de sentirnos en lo intemporal- es el apropiado para empezar a revelarse y a revelar lo que acontece.
¡YA!
También dejarse emocionar y conmocionar por lo que ha transcurrido y transcurre. Y sólo sentirse sabio ante el Misterio permanente.

Ten Piedad.

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