domingo

Lema Orante Semanal


SIEMPRE SABÍAN, LOS MISTERIOS, QUE ESTARÍAMOS
9 de diciembre de 2019

Y las mareas del estar de la especie humanidad… tienden hacia el drama y la tragedia a través del miedo persistente, a través de la consciencia de seguridad, que necesita ser asegurada –y ésta, a su vez, también ser asegurada-.

Y el drama… parece darle a la especie el protagonismo del vivir.
Y la tragedia le otorga el protagonismo de morir.
Y así se… vacilan… tragedias, dramas, seguridades y miedos.
Así se trajinan sus identidades.
Con lo cual, la identidad creativa, la opción de equilibrio, la postura solidaria, la actitud de respeto, la posición de alivio… ¡alegre!, la alegría de lo ajeno y… la fe –¡ay!- se hacen extrañas.

Y así, cuando… con esos medidores –que pretenden ser los visionarios de la realidad: tragedias, dramas, miedos, seguridades-, se caen las consciencias en los desesperos –¡ah!-, cuando eso ocurre… ¡se acuerdan de orar!, ¡se busca el milagro!, ¡se exclama… e incluso se exige la Providencia!

Y surge el “creyente desespero”; el descompuesto panorama.
Un descompuesto panorama en el que el ser se descubre incapaz, ¡con todo lo capaz que era antes! Con todo lo protagonista que fue en su drama: exigente con los otros; tolerante consigo mismo. Con todo lo promotor de miedos y garantizador de seguridades…
Todo ello, sin dar una opción… a algo más que no sea uno mismo; a algo más que no sea “otros”; a algo más que sea Misterioso, que no esté bajo la tutela humana.

Ante la aparición del desespero, la búsqueda del “anhelo” de salir de ese atolladero que lleva a la melancolía, a la tristeza, a la soledad… y al desprecio por el vivir, que se hace tenso y duro por sólo contar con el propio protagonismo, o el impuesto a otros, o el que otros te imponen.

El polen sabe del viento. El viento recorre… ¡y corre!… aireando el vacío y solventando la tierra.
Pareciera despreocupado…
Lo está.
No se nota la angustia de la sequía o… el auxilio de la tormenta. Parecen liberados de cualquier drama o tragedia que incluso puedan –aparentemente- provocar.

No parece que el amanecer se queje, y que reclamen protagonismo e importancia personal las estrellas del firmamento, cuando el sol aparece.
Parecen no tener competencia.
Parecieran insípidos. Parecieran… poco vitales.
Claro. Acostumbrados al drama, a la tragedia, al miedo, a la seguridad, a la huida, al desespero… sí, “pareciera”.

Y seguramente, en el Sentido Orante, si percibiéramos por un instante el perfume del amanecer…
Si nos diéramos cuenta de que las gotas de lluvia caen, sin importarles… –parece- a quié﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽gan con las criaturas,..én mojan...
Pareciera por momentos… que el frío y el calor juegan con las criaturas, sin ningún miramiento.

Si por un instante… se contemplaran los colores trashumantes del otoño. ¡Si por un momento se hicieran presentes los recuerdos mágicos –sí, mágicos- que sucedieron…! Y mágicos, porque no tuvieron explicación.
Si al menos se pensara –¿pensar?-… se pensara que no estamos aquí por nuestra propia decisión, sino que nos han traído para ser fieles reflejos de la Creación…
Y esta Creación, contemplada en las noches de estrellas, no parece desesperada. No, no, no… no se nota que esté triste o amargada.
¡Ay! Cuando el ser, ¡los seres!, decidan… –¿será posible?- decidan dejar de atribuir sus cuitas desesperadas… –con sus nomenclaturas correspondientes-, dejaran de atribuir esos sentires, a los vientos, a las lluvias, a los temblores, a los tifones, a las siembras, a los colores, a los trinos de los pájaros…
¡Ahhh!, sí. Cuando el ser deje de ser la referencia a partir de la cual se califica, se cualifica, se juzga, se prejuzga, se condena, se ataca…

Sí… sí. Cuando dejemos de atribuir cualidades que vivimos, que nos atribuimos; cuando dejemos esa “obligada referencia”, y nos abramos a esa Divina Indiferencia
Y entendiéndose por indiferencia, “misteriosa”: ¡que no se comporta como nosotros!
Cuando se asuma… –y es la intención orante de hoy- se asuma que nunca decidimos venir… Siempre –¡siempre!-… sabían, los Misterios, que estaríamos.

Cuando se diluya ese protagonismo pertinaz de querer controlar la vida, y hacer de la muerte ¡la única evidencia!… y se perciba que se está dentro de la vertiginosa carrera del Universo hacia contemplarse…
Y verlo y sentirlo ¡sin prisa!…; dándonos la primavera, el otoño, el invierno, el verano, el estío… ¡gratis!
¡Ay!... Y cuando lleguen los sentidos a confluirse en ¡sentires!... y dejen de ser espectadores, para llegar a ser actuaciones de vida, y en consecuencia, ¡sentires de emociones!…
¡Ay! Y cuando la gracia del Amar despierte, aparezca inesperadamente, y no tratemos de poseerla, sino más bien de cuidarla, de andar como si sobre fuego estuviéramos caminando…
Si se asume ese “toque” de imprevisible presencia… como una gracia más de la Creación, y en ello depositamos nuestra confianza, nos abandonamos a ese sentir que nos reboza, que nos acuna, que nos recoge… ¡y nos hace ver que no somos de nosotros!…
“No somos de nosotros”. “No soy de mí”.
Soy del embrujo sorprendente.
Soy del asalto alborozado de un Misterio ¡enamorado!… que me subyuga con el color, con el aroma, con… ideales, con proyectos, con fantasías, con insondables preguntas que ya no busco responder…
Que asumo los aconteceres… con la subjetiva actitud del que no sabe, ¡del que se deja sorprender!...
 Y ello no me evita ¡buscar! –por mi curiosa esencia, por mi procedencia misteriosa-; pero hacerlo con esa certeza de que lo que descubra habrá sido porque se me ha presentado, porque se me ha abierto, porque me han dejado.
¡Y no por ello dejaré de apreciar la pericia de mi idea, de mis intuiciones, de mi cuerpo!… Pero sabiendo que estoy engalanado, cuidado y alentado… hacia un vivir ¡sin muerte!; hacia un vivir… ¡sin la tragedia y el drama!; hacia un estar… sin miedo.
Sabiéndose acompañado. Dejando… ¡dejando que la escena me diga!, que el director me oriente –ese, misterioso-. ¡Que no es mi obra! Que soy el intermediario intérprete… al que le susurran aires creativos.
Y por ello ¡inventa!, y por ello ¡descubre!, y por ello ¡se asombra!, y por ello ¡disfruta!

¿Podríamos desocupar nuestra ocupada preocupación, como se dice coloquialmente: “lanzando nuestras campanas al vuelo”? ¡Que se soltaran de los campanarios!, y que el viento se las llevara y las cimbreara para que sonaran. Que no estuvieran secuestradas en iglesias, ermitas y templos.
Y en ese sentido nos reclama el mantra:

EeeeEEEiIIIIIIIII
EeeeEEEEEiiIIIIIII


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sábado

Lema Orante Semanal


¿QUÉ HE HECHO DE MÍ?
2 de diciembre de 2019

La humanidad, en consciencia, atraviesa un delicado momento. Lo que podría pensarse: que, “por evolución”, la consciencia se hiciera lo suficientemente amplificada como para aspirar a una complacencia compartida, global, generalizada, no está siendo así.
Sin duda hay innumerables estratos, grupos, subgrupos… con diferentes catalogaciones de consciencia. Ahora bien, hay un denominador común en todos ellos, bajo la óptica orante.
En cada uno de esos espacios de consciencia, basta con un sutil recuerdo o deseo o imagen... –¡sutil!-, para dar un vuelco, a veces espectacular, a la consciencia, a propósito de nuestro estar, nuestro ser, nuestro sentir…
Un sutil recuerdo puede modificar nuestro ánimo y volverlo agrio o taciturno o…
¿Es así el grado de inmadurez de la consciencia, hoy?

Y a ello se suma otro factor que también es común –con su particularidad en cada grupo o subgrupo- y es… la progresiva consciencia indiferente.
Ese cuidado que, por ejemplo, ahora se reclama como “mundial”, para cuidar el ecosistema, para eliminar los plásticos, para el hambre en el mundo…, estos grandes slogans que incluso son capaces de producir, por momentos, esperanza… luego, no tienen recorrido, no tienen realización.
La consciencia se desahucia y se hace indiferente.

Y en esa indiferencia, las creencias se hacen cada vez más pobres, más dudosas, más inseguras.
Y así es que estamos en un tiempo de consciencia de humanidad, en el que lo más sutil –como un recuerdo- derrumba, cambia, modifica… una consciencia con una cierta estabilidad. Es decir: consciencia inestable.
Y pareciera que, como refugio ante la irrealizable proyección de los proyectos, se gesta esa indiferencia que desesperadamente –aun siendo indiferente- endeuda las creencias, las hace dudosas, inseguras: creencias incrédulas.

El Sentir Orante, resonando desde las creencias, nos hace ‘re-capacitar’ hacia ese recuerdo constante –olvidado-… de que “creer es hacer, lograr”; que luego se convirtió en “creer es poder”.

Y desde él –desde el Poder- no es posible la creencia. Combate a todas las demás.
La creencia no destruye; crece.
El creer nos orienta, nos aclara.
Y es desde esa Creencia, con la vocación de los sentidos, ¡haciéndonos sensibles!...., es como podemos salir de esa indiferencia en la que se secuestra el ser, sólo mirándose hacia sí mismo o hacia su obra; gestándose indiferente hacia su entorno; y, dándose o sin darse cuenta, ¡descuidando su naturaleza!, su imagen, su ejemplo.
Semejante a las fotografías derretidas con el paso del tiempo, que contemplan… esa cara infantil, y esa cara de adulto ya surcada, ¡hinchada!, ¡inflamada!, ¡tosida!…

Se busca el reclamo… ¡Se busca el reclamo de decirse!:
“¿Qué he hecho de mí?
¿Qué he hecho con mis recursos, con mis sapiencias?
¿Qué he hecho de mí, que me hago indiferente y egocéntrico ante mis influencias…? Pero desprecio… desde mi propia presencia hasta todo lo que me rodea.
¿Qué he hecho de mí? Que se me dieron los recursos, los medios, las influencias, las lecturas, los cantos, los sueños –¡ay!-, los hechos…
Es lícitamente urgente hacerse esa pregunta: ¿Qué he hecho de mí?

¡No vale!... –no vale, no- no vale acusar al otro. No vale responsabilizar a aquél o a aquello. Cada uno debe asumir ¡lo que él vale!...

Y al decirse y preguntarse qué he hecho de mí, no es válida la opinión de aquel o del otro. Es mi sincera “respuesta-consciencia” la que vale, la que me reclama, ¡la que me puede exigir!
Salir de esa indolente actitud de “sin importancia”, de “indiferencia”.

Y estando al límite de esa creencia, de ese mínimo interés hacia el entorno, ni siquiera evaluar nuestra incidencia, por aquello de: “así soy”… “así me tienen que aceptar”…
¡Imposiciones vacuas de la indiferencia!... que, al sentirse incapaces de identificarse con sus propuestas, tratan de igualar a todos los demás con su misma actitud. Que, sin duda, tiene motivos para contagiar.

Y en esa inestable consciencia, que se expone a lo más sutil para ¡descabalarse!, para descomponerse…
“¡Ay!... ¡Pero si hace apenas segundos, sonreías…! ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado por tu cabeza? ¿Qué ha pasado por tus manos? ¿Qué aliento extraño te ha llegado? ¿¡Qué poca fe en lo que eres ha germinado!…?”.

Y pareciera –porque así es- que los recursos se diluyeran. Y una noticia, un rumor… –¡da igual!- conduce a un desencanto, a una rabia, a una tristeza, a una ¡pena!, ¡a una incapacidad!...

“¿Qué he hecho de mí?”.

Y ¡claro!, claro que la multitud lleva ese camino. Así que es fácil que, al mirar al entorno, encontremos la misma actitud de desconfianza, de desatino, de desaire. Y lo que hoy parecía cierto, ahora es dudoso “porque aquel dijo”, “porque aquello se mostró”, “porque…”.
Porque la falta de fe ha sido severa. Porque la falta de fe es reclamante: quiere realidades materiales. No le basta con un suspiro o un beso, o un aliento o una sonrisa. ¡No! ¡Exige!… –¿qué clase de fe es ésa?- exige poseer, tener, controlar, ¡dominar!

Y así se debate la consciencia: entre la inestable fe –supeditada a cualquier incidencia-, con la trémula creencia… y la indiferencia. Una trinidad inquietante.
La oración nos demanda, desde las entrañas del creer, desde los escondites de la indiferencia, el sentir desde los minúsculos corpúsculos de la Fe, el confiar.

Si ¡en verdad!... soy un ser producto de una inspiración, si en verdad estoy dotado de recursos para la realización, si en verdad hago comunión –imprescindiblemente- para ser, para sentirme ser, si en verdad la creencia es mi anuencia hacia la apertura de lo desconocido, hacia la sintonía con lo Misterioso, si en verdad soy todo ello…, debo tenerlo en presente, en consciencia.
Mi referencia y mi guía es la Creación. Soy súbdito, y no esclavo. Soy servidor, y no servidumbre. Soy cuidado y orientado, y me dotan de referencias para que iluminen mi camino. Y, así, ser obediencia de vida.
Se me pone en evidencia que no soy un centro en el que todo lo demás gira a mi antojo. Se me aclara, en la cercanía, que lo creado no ha sido pensado sólo para mí, sino que abarca un impredecible acontecer, un increíble futuro.
Y con lo increíble renace mi fe, mi sensibilidad, mi creencia. Porque me capacitaron creadoramente para asombrarme, ¡sí!, para adorar, ¡para impresionarme!, para dejarme guiar. O ser guía de luceros y estrellas, que no de egolatrías o idolatrías, de mentiras con apariencias de lucidez… ¡Ay!... ¡Ay!
Que no sea… ¡que no sea yo el que deje de ser quien soy! Que la Providencia así no me quiere, así no me reconoce.
Y al preguntarme qué he hecho de mí, recorra, recorra y recorra una y otra vez mis baches, mis ascensos, y me descubra en mis auténticos afectos. Esos afectos, esos amantes momentos… ¡que son los que sí hablan de mí!, que son los que sí me regocijan como ser creado, y ensalzan lo creado que me rodea.
Si sé que no soy de mí, con más hincapié he de preguntarme: “¿Qué he hecho de mí?”. Pero sin esa consciencia crónica ¡de desespero, de tragedia y de drama! Ya es conocida. Ya debe ser desahuciada. Más bien, con una consciencia de ser inocente, de ser perdonado, ¡de estar cuidado!, de saberme ¡amado!

Sí, la peste de la tragedia dirá: “¡Ah!... ¡Qué bien te valoras! ¡Qué dulce eres contigo!”.
Mas no es así. El amor es riguroso, complaciente y complacido, mas no es vanidoso.
Y pareciera, en este hincapié de, en consciencia, evaluarme de otra manera, pareciera que nunca amanece, ¡y pareciera que se retrasa la llegada de la luz!
Pero, ¡ay!, ¿cuántas veces no he seguido el “material sentido” de mis sentidos, y he sido traicionado? Y no he seguido la ilusión de mis sentidos, que enarbolan lo imposible. Y ésos no me han traicionado.

mMMaAAAAAAAAAAaammm
mMMaAAAAAAAAAAaammm
mMMaAAAAAAAAAAaammm





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miércoles

Lema Orante Semanal


HUMANIDAD INSATISFECHA
25 de noviembre de 2019

Un progresivo clamor… está salpicando la actividad de la especie humanidad.
Un progresivo temblor de protesta, a veces precisa, pero… en realidad es una expresión de insatisfacción.
“Humanidad insatisfecha”.

Pareciera, a veces, que emana de lo más profundo de la naturaleza del ser, que busca… su brillantez, su ¡esplendor!, al ver que el progresivo deterioro oscurece sus horizontes.
En otras ocasiones, la apariencia… sin confirmar, hace sospechar que maniobras de poderosos, de habilidosos, de depredadores de especie, son las que alientan el desasosiego, el desespero y la búsqueda. Y lo hacen a sabiendas de que tienen algo que ofrecer: seguramente –como dice el refrán- “el mismo perro, pero con distinto collar”.
Cualquiera de las dos posibles –dentro de… miles de variables que puedan dar explicación a esta salpicada incomodidad humana-, nos deja con la duda, sea cual sea la explicación, de si estamos ante un desafío en el que… quedarse en lo conocido y reconocido es la ruina, o atreverse a lo desconocido, a lo innovado, a lo renovado, a lo ¡posible!

El Sentido Orante nos avisa de ese movimiento inestable de especie, que… –a decir de la Oración- busca el aliento; busca el aliento que, sin materia, genere la ilusión, proyecte la imaginación, gestione la necesidad de la belleza, promueva la gozosa participación de ayuda.

Es, en estos tiempos de desatinos, cuando se intuye un acontecer inesperado. Es cuando mejor se apercibe el ser de que está situado en unas coordenadas que no… que no son las que él había pensado.
Que hay algo, alguien, ‘álguienes’ más…
Que, en una aparente estancia a la deriva, están los recursos invisibles de la Creación. Quizás… aguardando, como una estrategia de Amor, a que el ser se aperciba, por su propia incapacitación, de que está ligado a una Creación. Que no es dueño de ella. Que no le pertenece. Que no puede, no debe, no… no es de su dominio, la evolución, sino que hay otras estancias: las que nos marcan, las que nos avisan de los rumbos que debemos tomar.

Ese inquietante desespero de decisiones… hacia extremos y extremos, que busca una inexistente seguridad y una contundente posesión… todo ello es producto de una escasez de ánima, de una escasez de espíritu, de un desoír las advertencias, las referencias del Misterio Creador.

¡Es tanto y tanto el poder que acumulan –en todos los sentidos- unos pocos! –“en todos los sentidos”-, que hacen posible que los sentidos y el sentir de los muchos esté a merced de esos pocos.
Ahora bien, esos pocos, también se cuestionan. No están en la gozosa complacencia. Sí; están en la animosa… y placentera seguridad de rejas. ¡Pero también aúllan por sentir o percibir o recoger un aliento que justifique su omnipotencia!, que le dé el valor de una santidad poderosa que… está elegida por la Creación.
Sí. Eso a menudo se lo inventan, con frecuencia lo insinúan, pero… saben que no es así.
Se llega a ese estado “reduccionista” en el que el sujeto responde al estímulo-respuesta, a reflejos condicionados, a ensayos de población, a comprobación de evidencias; a llegar a publicar estudios que, desde hace años, vienen a demostrar que el hambre disminuye el cociente intelectual y aminora la capacidad cognitiva.
¿Hacía falta el estudio?
Esa muestra de ese estudio –y otros, pero ése es como muy causa-efecto- nos da claramente a entender cómo, un gran laboratorio de unos pocos, maneja, controla, examina, determina, informa –es decir, desinforma-… a los que no tienen acceso al control, al dominio.
Y los logros de esas posiciones ¿privilegiadas?... son que el que no está en esas posiciones crea que es libre, que puede hacer lo que quiera, que puede elaborar su futuro, que puede preparar su presente…
Una especie domesticada por la propia especie.

Si el Sentido Orante nos advierte de esta situación de especie, es al menos una sugerencia para que cada ser se “revise”; para que cada creyente se pregunte sobre su creencia; para que cada orante evalúe su oración…. y su necesidad de ella.

Nos llegan los auxilios de la Creación, no… ¡no por el miedo y buscar el refugio! Eso sería transitorio. Cuando llegara la calma, de nuevo el ser volvería a sus… ¡potencias! Es al descubrirse como referencia, y referenciado con la Creación –sin la huida por el miedo, sí con el auxilio orante-, cuando podemos despejar las dudas de nuestras posiciones, saldar las deudas de nuestros predecesores, dar las gracias por nuestra presencia, y ser testigos testimoniales, excepcionales, de lo que transcurre.
Y testigos activos, testimoniales, de un hacer que se recrea en hacer; que se renace ante lo bello de la acción; que se reanima ante la desesperación.
Dejarse descubrir…
Dejar y abandonar la prepotencia… por lo que se encuentra, por lo que se controla, por lo que se domina. Darse cuenta de que todo ello “nos lo han”… permitido.
Que es fácil caer en el protagonismo, en el personalismo del logro, en el servilismo del éxito.

Dejar que “los adentros” del Misterio, en su meditada contemplación de su Creación, nos inunden, nos descubran. Y al sentirnos descubiertos, nos muestren los recursos de infinitud, los medios trascendentes, ¡la Providencia fundamental que nos asiste!



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martes

Lema Orante Semanal


HAY QUE GESTAR UN IMPULSO DE ALIENTO DE OTRA DIMENSIÓN
18 de noviembre de 2019

 Precipitadamente, como buscando desahogo, transcurre este nuevo –¿nuevo?-... tiempo de siglo; esta segunda decena. Y el desasosiego se hace patente… en su precipitación, en todo los espacios en los que el ser de humanidad habita, como… como huyendo, como temiendo. 
Una insatisfactoria actitud que, en la globalizada humanidad, se hace… vértigo.
El Sentido Orante nos advierte de esa posición de torbellino… que llega y llega, y en la que tenemos que disponernos de alguna manera para no ser arrollados y lanzados a la mejor oferta destructora, desconfiada e insolvente.
Es un estado de consciencia que se percibe en cada noticia, en cada manifestación. Y, salvo excepciones, el descontento ahonda en el sentido egolátrico del individuo, por no tener, alcanzar o conservar lo que cree que le pertenece, que le es propio. 
Se muestra así una cadencia y una carencia de comunión… 
Esa guerra de opiniones… se hace profunda, descontenta, dudosa y desconfiada.
Y el Sentido Orante nos advierte de que en esas condiciones, el ser, enclaustrado en sí mismo, se agrupa en sus desesperos, se aferra a los estatismos establecidos y renuncia a su creatividad.
La Oración nos muestra un vivir complacido, confiado –confiado en lo invisible, en lo intangible, en lo enamorado-, que haga del ser un escudo, para que no se referencie por la confianza de lo humano, por la respuesta de los otros, sino que se referencie por… lo que es amado, por lo que es aceptado, por lo que es asumido, por lo que de él emana de bondadoso.
Si se le da cabida al continuo desencanto, a la amenaza del futuro, a los radicalismos fáciles que se niegan a evolucionar, a cambiar, a experimentar, a renovar, ¡a descubrir!... 
Sí, esos que prefieren un pájaro en mano, que contemplar cien, volando. 
Ese mundo que aspira a la posesión del grillete, del orden; a que se establezcan como losas ”¡los principios!” –¿qué principios…?-, que se establezcan como losas los principios de la violencia, de la imposición, de la mordaza, de la corrupción… 
No es eso lo que proclama lo Orante.
No es, la vida, una carne de cañón… que huele a pólvora y a quemado; que augura desencantos encarnizados. 
Y es tan penetrante esa globalizante trama de desespero, que busca y busca… en los rincones de cualquier duda, para fabricar el disparo, para arrogarse el ácido que destruye.
¡Sí! Puede parecer exagerado, pero… ¿cuántas buenas nuevas se reciben en lo cotidiano? ¿Cuántas susurrantes noticias de agrado, ¡de gozo!, se escuchan?
Sí, ¿cuántos chismes de opiniones gozosas, de aplausos silenciosos… rondan nuestra vida? ¿Hay muchos? ¿O más bien hay esa queja latente de… descontento, que echa siempre de menos lo pasado y que da por bueno y por buena la justicia que nos ha precedido, que nos ha mandado, que nos ha ¡mutilado!, que nos ha castigado. Y como si fuera el mejor aprendizaje, se conserva como una nostalgia de seguridad.
 Pareciera… y quizás no sólo sea “parecer”, sino que el ser no se atreve a nadar, ¡no se atreve a volar! 
El miedo se le encarnó tanto, la filiación se le hizo tan profunda, ¡tan esclava!... que confió y confió en lo que ¡ataba!, en lo que presionaba, en lo que ¡prohibía! 
Y cuando… cuando aparecía el aliento del viento, que susurraba y que decía, y que invitaba a ir con el viento…, el ser se retraía, los seres se retraen, ¡se escudan en la seguridad ocluida!: esa que no tiene salidas y que nada asegura.
La humanidad avanza en desespero. Y cada ser está en ese remolino. ¡Y para salirse de ese arrastre demoledor!, hay que gestar… hay que gestar un impulso de aliento… de otra dimensión. Un impulso de escape hacia la digna liberación, no de huida hacia la destrucción. 
Un aliento que confía en otra dimensión. Sabe que está en ésta, pero… vive en otra.

Pronto, en la vigilia de la luz… que ya acecha, se esgrimen los motivos, las razones de las miradas, de los gustos, de las protestas, de los aciertos, ¡de las venturas y desventuras!... de un muy parecido día al que pasó, pero que está.
Y todo ello… ¡rapta!, si no se pone en marcha ese aliento de salida, ese aliento de escape, de fuga hacia otra dimensión. 
Esa luz que se avecina… para dar claridad a la vigilia, ¡hoy!... –y así es de ejemplar lo Orante- hoy es ¡diferente!
Esto nos permite alentarnos, ¡nos permite confiarnos!, nos da las fuerzas para diluir cadenas de filiaciones, credos, juramentos… ¡y demás! –“y demás” en demasía-… radicales posturas.
¡Hoy! –sí, sin que sea fecha fija, sino que sean todas las fechas-, poder contemplar lo que se siente, poder discernir ¡lo que sobra!, poder afiliarse a lo que nos ama, ¡a lo que amamos!, poder entusiasmarse en lo idealizado: en esos pájaros, en esos cientos de pájaros volando.
Así, es posible que un día se vuele. Pero si se sujeta al pájaro con la mano, los dos se quedarán en tierra. De nada habrán servido las plumas. De nada habrán servido las manos. Serán ¡pasto de cementerio!
Y sí, la Advertencia Orante dice hoy –puesto que es costumbre de esclavitud, de eslabón, dejarlo para luego, “ya veré mañana”…-: “¡como si el mañana dependiera de la fuerza, del poder del que lo dice!”.
Mientras, el hoy… el hoy transcurre bajo la demanda prejuiciosa de lo habitual, dando por bueno, el esclavo, su filiación, su obediencia, su juicio que ya está echado, su condena y su pesar.
Sí. Y como buen esclavo, ¡comprende y entiende a su amo!... Y es buena persona, y le ha cuidado. Le ha dado de comer y de beber. Le ha ayudado en sus heridas. ¡Las ha curado!... 
Pero nunca le ha enseñado la luz. Siempre le ha custodiado entre las tinieblas. Siempre se ha hecho pasar por imprescindible. Siempre se ha arrogado la palabra doliente, el juicio latente. 
Pero el esclavo… ¡lo comprende!, ¡lo entiende! Ha perdido, ha perdido su consciencia voladora, su consciencia enamorada. 
Necesita del beneplácito de quien le ata, ¡de quienes le atan!... para poder suspirar libre. 
¿Y es que acaso va a llegar ese beneplácito? No.
¿Es que acaso el amo quiere quedarse sin esclavos ni esclavas? No.
Pero éstos –los esclavos- han nacido bajo ese yugo, y difícilmente establecen una rebelión liberadora. Antes se paran a pensar en el pobre esclavizador: “¿¡Qué será de él, si le desobedezco!? ¿¡Qué será de él!? ¿Cómo vivirá, cómo sentirá… al ver que ya no obedezco?”.
Y así… ¡transcurre el día!
Por eso el Sentido Orante dice “hoy”. Y que el ser se pregunte: 
“¿Por qué me duele tanto que, quien me esclaviza, sufra porque quiero desprenderme?
¡Ahhhhh! Me enamoró con su poder. Me enamoró con su imposición. Me enamoró con sus bienes, con sus dones. ¡Ah!... ya. Ya. Me puso la ley, el apellido, el nombre… Sí. Ahora se entiende por qué el perro es el mejor amigo del hombre”.
Y así, el esclavo dice: 
“¡No puedo defraudar! ¡Cómo me voy a enfrentar…? No…”
Y entre esclavos, hay también sus niveles. Claro, el patrón establece sus clases subyugadas, para que éstas a su vez subyuguen a otras y a otras y a otras. ¡Ah!, sí. Y lo hace por tu bien. ¡Claro, claro! Siempre pensando en tu bien; en que quedes atado y bien atado –¿verdad?- y que estés eternamente agradecido: “porque sin mi cuido no hubieras vivido”. 
¡Ayyy!...
¿Creen… creen que en ese marasmo, cabe alguna idea de Dios?, ¿cabe alguna idea de Misterio Insondable…?
Difícil.
Deja que horade el aliento del Eterno, en tu latido oculto. 
Deja que la gota orante caiga en el sentido justo.
Celébrala en tu silencio, cuando la luz aparezca. Guárdala y cuídala cuando la oscuridad llegue: tu aliada en la lejanía.
Date cuenta… de qué aliento eres… 
Que a nadie perteneces… 
Descúbrete ¡liberado!…; liberado por lo amado, por lo sentido… sin renta, sin beneficio; con arrullado aliento de cuidado, ¡de beneficio! De beneficio de sentirte aupado hacia lo Innombrable… 
Hacia el respeto de la mirada, del tacto y de la palabra… 
Hacia el cuido sutil… ¡de lo inesperado!

***