martes

Lema Orante Semanal

 

MILAGROSAMENTE NOS SOSTIENEN

8 de agosto de 2022

 

 

La Llamada Orante supone una posición de sintonía con el Misterio Creador.

Es asumir nuestra humildad y sumisión en la Creación. Y una escucha de las directrices que… en alguna manera… nos transmite ese Misterio Creacional.

 

 

La forma de expresarse la comunidad humana, ha sido referenciándose en sí misma.

Muy atrás quedan los animismos, los politeísmos… Y se instauran religiones monoteístas competitivas, agresivas… Y, progresivamente, también éstas se hacen decadentes como intermediarias entre lo humano y lo divino.

Y el ser, cada vez se referencia más en sí mismo, como si hubiera sido su decisión existir, estar y transcurrir.

Un hedonismo ególatra que, amparado en “libres albedríos”…, compite, manda, ordena… y establece una guerra de posiciones.

 

Y es así como la humanidad marcha… de tropiezo en tropiezo. Con hambres…, con ´sedes’…, con corrupciones… y un largo etcétera.

 

Simultáneamente –a la vez- se desarrollan seres que establecen su referencia en el Misterio Creador –véase lo Divino, Dios, y otras denominaciones-. Y se establecen esas referencias en base a lo creado; en base al micro-universo en donde estamos, en este lugar del universo.

 

Y dentro de nuestra capacidad cognitiva –véase inteligencia-… no resulta muy difícil descubrir que el acontecimiento de la vida en este lugar del Universo es excepcional, extraordinario, singular. Y evidentemente no ha sido gestado por el ser humano.

 

Con esa simple perspectiva, podemos deducir que nuestras referencias en torno a la vida… deben establecerse en el Misterio. Aunque el hombre ya ha elaborado teorías a propósito de “el surgir de la vida y su desarrollo”. Pero ninguna ha conseguido establecer las suficientes evidencias… como para pensar que la vida ha sido una cuestión de “suerte”; que surgió por… un imprevisto.

Al contemplar la biodiversidad, nos podemos imaginar que todo este acontecer de vida es producto de un origen desconocido. Y, sobre todo, que ese origen sigue incidiendo sobre lo creado. Gracias a lo cual… la vida continúa.

 

Y es así como podemos referenciarnos en el Misterio Creador a través de lo creado.

 

 

La Llamada Orante nos insiste en que nos posicionemos y nos referenciemos… en torno a esa Magia Creadora.

Con ello, asumimos una posición de humildad, un desarrollo de la sumisión, como expresión de la misión que debemos realizar por nuestros dones.

 

Y en ese sentido, nuestra capacidad de ‘ser-vicio’… sería la actitud en la que aportáramos elementos liberadores, ya que la presencia de cada ser de humanidad se debe a una necesidad.

 

 

Dicen los credos religiosos: “Nuestro Auxilio es el Nombre” –el Nombre del Señor-. Tomando esa referencia, “Nuestro Auxilio es el Nombre del Misterio Creador”. Interpretando “el Auxilio” como ese hilo referencial, ese aliento providencial que sobre cada ser vivo derrama lo Sublime, lo Eterno, Lo Innombrable.

 

El auxilio, debemos pedírnoslo a nosotros mismos, primero, para poder revisar nuestras actitudes de consciencia. Auxiliarnos en nuestras actitudes…; corregir posiciones…; introducir innovaciones liberadoras.

Y en la medida en que nos auxiliamos con nuestros recursos, podemos ir descubriendo que ese proceso auxiliador está inducido por ese Misterio Creador.

Abandonamos nuestro protagonismo… y, sin dejar de ejercitar nuestras cualidades como especie, nos damos cuenta de ese “auxilio permanente”.

 

Un auxilio permanente en lo cotidiano, diario… Que se puede resumir en ese dicho que dice: “Estoy vivo, de milagro”.

 Se suele decir cuando acontece un accidente, un riesgo extremo…

Pero, sin llegar a esos extremos, en el diario vivir, ¿cómo se produce el milagro de continuar viviendo?

 

La Llamada Orante nos transmite la necesidad de desarrollar nuestra consciencia creativa.

Y a la hora de asumir nuestra referencia en el Misterio Creador… y diluir nuestro protagonismo manipulador…, ir descubriendo que nos llevan.

Darnos cuenta, en los detalles, de que nos cuidan.

Y que todo ello ocurre, en cada ser, de manera diferente.

 

Milagrosamente nos sostienen.

 

Y no nos sostienen por nuestros méritos… Más bien… lo hace, lo desarrolla –ese sostenimiento-, por la grandiosidad del Amar de lo Eterno.

Y es así como cada AMA-NECER, nacemos de nuevo, gracias a ese AMAR insondable.

Un AMAR insondable que no podemos dominar, ni controlar, ni manipular.

 

Busquemos, en nuestros sonidos genuinos: los mantras, una manera de vibrar que sintonice con ese AMOR de Nacer.

 

Escuchen por tres veces y luego continúen.

 

 

iiIIIIIIIUUUUUUUUUUU

 

 

 

 

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domingo

Lema Orante Semanal

 

DEMASIADO TARDE PARA LOS ARREGLOS. AHORA, LA CONVERSIÓN

1º de agosto de 2022

 

 

Los arreglos se nos muestran tardíos. Las dificultades y obstáculos que mortifican el vivir, suelen buscar… soluciones momentáneas.

Y así, se cronifica la consciencia. Nuestra ánima, nuestra alma se tortura y… no encuentra su lugar.

La Llamada Orante nos propone la conversión.

El arreglo es tardío, momentáneo y parcial.

Cuando –en cambio- nos convertimos –es decir, nos hacemos otra versión de nosotros mismos, nos hacemos en un nuevo renacer-…, nos situamos en una versión –Con-Versión- en una versión que… se relaciona, se alinea con nuestro proyecto universal.

 

Puede sonar muy fantástico, el hablar de un proyecto “universal”… pero no olvidemos que somos habitantes del Universo, así que todo nuestro transcurrir es un “proyecto universal”.

Cuando ese proyecto lo centramos en nuestros pies, se convierte en un proyecto “terrestre”, y el cielo desaparece. Cuando lo situamos en nuestras manos elevadas al cielo, nuestro proyecto se hace celeste.

 

Es una necesidad de la Creación, del Universo, el que cada ser aparezca en un lugar de este espacio. El Misterio Creador así lo decide.

 

Si sentimos que somos ese proyecto necesario para el transcurrir de la vida, nos veremos como un proyecto universal.

 

Cada ser vivo es una pieza del puzle, necesaria para el transcurrir del vivir. No hay algo que sobre; más bien la abundancia nos rodea.

Pero cuando el ser se cierra sobre su consciencia y somete su alma a los logros cotidianos de poder, saber, tener, alcanzar, dominar… apresa su alma en un lugar estrecho. Y así se encarcela y deja de ver la luz… y se somete a la oscuridad del dominio, del poder, del éxito y del fracaso.

 

En la con-versión se exaltan los ideales, se deja el lastre de las razones. El ser se dispone a ser y a cumplir con la necesidad de “por qué ha llegado”.

Cada ser llega para cumplir. Y viene dotado de recursos.

Pero habitualmente se enreda en sus “valores”… y guerrea con el entorno, sin darse cuenta de que tiene un lugar específico que le corresponde, en donde puede desarrollar lo que es.

Así la conversión nos da la versión auténtica de nuestra naturaleza.

 

En las cárceles del alma, sólo se reclaman necesidades. En cambio, en la conversión sin rejas, sólo se busca realizar y calmar otras necesidades.

El ser converso se pone al servicio de las demandas. Y debe discernir cuáles son las auténticas demandas que le corresponden… y no dejarse llevar por las demandas de adulación egoísta, que sólo buscan apropiarse de nuestras facultades.

 

Y en nuestro servicio converso, nunca anularemos las capacidades del necesitado; al revés: trataremos de que vea cuál es su servicio, cuáles son sus deberes.

 

En la conversión, nos descubrimos como intermediarios de la voluntad del Misterio Creador, de las instancias divinas.

Eso nos proporciona la visión de Universo.

Y así, cada acción estará intencionada bajo la guía de la Providencia.

Providencia: esa fuerza del Misterio Creador que nos provee; que nos da las casualidades, las suertes, las oportunidades… Ese “toque” que nos sitúa más allá de nuestras posibilidades. Ese “toque” que nos muestra que somos llevados.

 

Y en ese convertirse… también es posible escuchar el piar de los pájaros e interpretar su lenguaje. Darnos la oportunidad de poetizar nuestra consciencia: que seamos poemas vivos que… conmueven el alma. Y la conmueven en el disfrute, en el gozo, en la claridad.

 

Sí, los arreglos llegan tarde. La conversión nos reclama.

 

Es así que la Llamada Orante nos advierte, nos corteja, nos previene…; nos sugiere para que asumamos la verdadera versión de nuestra presencia.

Que nos apartemos del error de la ganancia, que alejemos el error de la posesión, que apartemos el error del poder, que alejemos el error de la violencia, que apartemos el error del “querer” –una posesión camuflada-, y asumamos el misterio del Amar –una posición inesperada que se referencia con el Misterio Creador-.

 

 

La actitud conversa que nos sugiere la Llamada Orante… es la urgencia de salir de la cárcel del alma. Es esa versión que uno mismo tiene, de sus desesperos, de sus desobediencias vitales…; de su “sentirse fuera” del espacio en el que el ánima reclama.

 

El ser de humanidad ha querido hacerse cargo de la vida, pero ha demostrado que no es capaz, porque no es suya, no le corresponde.

Y al hacerse “cargo de la vida”, la controla, la manipula, la castiga, la pelea… Lo que se vive hoy en día cotidianamente.

Una pena.

 

¡La vida aspira a la concordia, a la sintonía, al esplendor, a la excepción, a lo extraordinario, a lo singular! ¡No admite lo vulgar, lo obligado, lo acostumbrado!

¡La vida es una permanente y continua innovación! ¡Y como seres vivos, tenemos que dar testimonio de ello… y no quedarnos anclados en las obligaciones culturales, sociales, familiares… etcéteras!

 

Somos liberados seres del Misterio Creador. ¡Y bajo esa convicción, podemos convertirnos!

Y hoy en día, la vida reclama esa conversión, ese idilio permanente del ser, con la Creación.

Eso que nos hace posible ser ¡creativos!, ¡innovadores!, ¡generadores de esperanza!

 

Demasiado tarde para los arreglos. “Ahora”, la Conversión.

 

 

 

 

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lunes

Lema Orante Semanal

 

DE LAS GRACIAS, DEL NACER POR AMOR, DEL DEJARNOS LLEVAR

25 de julio de 2022

 

 

Nos llaman a orar, para que tomemos consciencia de que el vivir es un acontecer excepcional.

Nos llaman a orar, para que seamos testimonios de nuestro origen desde el Misterio Creador.

Nos llaman a orar para que nuestra primera palabra, al despertar, sea “¡gracias!”.

 

 

Así, la oración se convierte en el vehículo que nos conecta con la Creación y con lo Creado.

 

El despertar a la consciencia de que cada acción de nuestro transcurrir repercute en todas las demás acciones, supone asumir una Creación unitaria.

Una Creación unitaria que está compuesta por una biodiversidad infinita.

Lo común y lo individual se hacen unidad y excepcionalidad.

 

Con estas premisas, nuestro hacer cotidiano no admite imposibles, no admite retardo, no admite “no puedo”.

Nuestros reclamos individuales y personales son, realmente, un acto de soberbia a la Creación. Una desagradecida acción de Gracias.

 

 

La comunidad humana sufre el permanente “desgaste” de sus capacidades, por la soberbia y la vanidad de “la idea propia” y “la imposición” de criterios.

Cada uno se siente en la posición verdadera. Suplanta a lo verdadero: al Misterio Creador. Y así, cada vez que se tome una posición radical de desespero, de imposición, de chantaje, estamos fuera de nuestra naturaleza Divina.

 

 

Al escuchar la Llamada Orante nos abrimos a otras dimensiones, sin que ello nos desconecte de la dimensión concreta y material en la que también transcurrimos.

Necesitamos hacernos comunión entre las diferentes posiciones de consciencia.

 

Y así, la Llamada Orante acude para susurrarnos al oído que cualquier acción, realización y pensamiento debe transcender.

 

Darse cuenta de que el empeño de la voluntad, de la razón y del poder personal, en incidir en lo asuntos de nuestra trayectoria y en los asuntos de los demás, para imponer nuestro criterio, es una grave ofensa a la vida.

Dejarse fluir, porque nos llevan.

Dejarse imaginar, porque nos inventan cada día.

 

Bien está que nos cuidemos y nos veamos, pero nunca sustituyamos el cuidado y la visión que lo Eterno ejerce permanentemente sobre cada criatura.

 

Cargadas de preocupaciones viajan las humanidades; y, en consecuencia, llenas de sus egoísmos, miedos y desesperos. ¡No hay espacio!, ¡no se deja el espacio!... para la Nada Creadora del Misterio Creador.

Y con el fin de mantener los poderes, las humanidades se preocupan de que ¡todo es complicado!, ¡todo es difícil!, ¡todo es… casi imposible!

Cualquier idea de ¡alivio!, de calma, de ¡innovación!… es un problema. Y así, el vivir cotidiano se hace una problemática convivencia. Los acuerdos nunca llegan, las desavenencias son constantes, la conciliación se muestra imposible…

Y se hace tan poderoso el poder humano, que cada ser de humanidad deja de asumir su responsabilidad y asume las responsabilidades que le impone el poder.

 

La Llamada Orante no implica el asumir poderes personales.

La Llamada Orante se proyecta con las gracias de haber despertado porque el Amor ha hecho posible, el Amor Creacional ha hecho posible nuestro… nuevo día.

El poder, como norma para establecer el orden y el equilibrio, es una vanidad de soberbia humana. Si seguimos el fluir de las Gracias, del Nacer por Amor, del dejarnos llevar, es probable que se despierte a otra consciencia; otra consciencia que ¡no imponga!

 

 

La confianza mutua interhumana es un preámbulo material para la confianza en la que sobre lo Eterno debemos vibrar; en la que debemos vibrar.

 

Se ha propagado, a lo largo de la historia, esa sentencia que dice: “Conócete a ti mismo”.

Una increíble y maravillosa egolatría encaminada a… gestar un dominio.

Más bien habría que decir: “Descubre, aprende… y reconoce lo que actúa sobre ti, lo que hace que tú seas como eres”.

 

 

La insistencia en “conocer” como vía de dominio, nos evita la creatividad, la espontaneidad y la improvisación propias del flujo divino.

 

Llaman, desde el orar, a que abramos la puerta de nuestra humildad, de nuestra sumisión, para que realmente nos llenemos de Creación, con creatividad permanente.

No es, el vivir, una dureza; es una blanda existencia.

Dejémonos moldear por el acontecer de la casualidad, de la suerte, de la improvisación, de lo imprevisto.

Sigamos la ruta de lo impecable y lo excepcional, que es lo que nos da el brillo del asombro.

 

Si nuestras guías son las leyes de humanidad, las imposiciones, los castigos, las trampas… si ésas son nuestras guías, nos perderemos en lo inútil. En cambio, si nuestra guía es la inspiración de lo generoso, lo bondadoso, lo comprometido, lo cuidadoso, entraremos en otra dimensión en nuestra relación con nuestro entorno.

El descubrirnos –nos dice la Llamada Orante- como expresión del Misterio Creador, “a su imagen y semejanza”, nos debe suponer un cuidado, porque nos convierte en custodios intermediarios de un mensaje de eternidad, de infinitud, de inmortalidad.

 

Nos llaman a orar para recordarnos que somos… singulares, únicos, imprescindibles y necesarios. Todos. Y en esa medida, todos nos necesitamos. Y en consecuencia, todos somos servidores… sin suplantar ningún servicio que no sea el que tenemos asignado… y sabiendo asumir y aceptar lo que nos corresponde.

Y algo significativo. Todo ello: singularidad… excepcionalidad… irrepetible… imprescindible y necesario, todo ello es “en abundancia”.

Cada ser está dotado de abundancia de singularidad, de abundancia de imprescindiblidad… Los recursos con los que se nos dota son ilimitados. ¡Pero implican una valentía para ejercitarlos! ¡Implican un esfuerzo para realizarlos!... Pero la abundancia en cada ser es evidente. Y más aún cuando nuestra consciencia de humildad y sumisión está instaurada.

 

Todas las carestías que vive la humanidad son producto de la soberbia y el egoísmo, y del protagonismo de humanos que secuestran esa abundancia en su propio beneficio.

¡Atentos debemos estar con la custodia de nuestros abundantes dones!, para que éstos sean vehículos de servicio, inagotables.

 

Disponernos en el vivir imprescindible y necesario nos facilita, nos amplifica y nos convierte en servidores de lo Eterno, sin servidumbre, sin esclavitud, con transcendencia.

 

Y damos continuidad a las Gracias del inicio, para sentirnos agraciados; llenos de Gracia.

Agraciados: llenos de Gracia.

 

 

 

 

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domingo

Lema Orante Semanal

 

CADA SER REPRESENTA Y ES EL EQUIVALENTE DE LA HUMANIDAD

18 de julio de 2022

 

La humanidad se muestra convulsa.

Nuestros criterios de referencia se diluyen.

El escándalo de la corrupción gravita con un tinte de normalidad, como si fuera un mecanismo de defensa, a la vez que los poderes y las leyes esclavizan, con sus exigencias cada vez más prepotentes.

En no hace mucho tiempo –podemos decir el siglo pasado- podríamos decir que había conflictos y tensiones en determinadas estancias o en determinados lugares, mientras que otros permanecían… no digamos que serenos, pero sí estables; no digamos que confortables, pero sí mejorando.

Entrados en el siglo XXI, los desarrollos de humanidad, que se han globalizado, se extienden –nunca mejor dicho- “como la pólvora”, puesto que el poder de la violencia marca las señales. Y ya no encontramos –“y ya no encontramos”- esos espacios, esos lugares en donde… se pueda atisbar una evolución saludable; en todo caso, una evolución condicionada. Si bien es cierto que existen abismales diferencias –que ahora se pueden poner en evidencia- en todas las áreas de la humanidad: en cultura, en salud, en ciencia, en tecnología... ¡Abismos!

Una humanidad ¡tan desigual!… que está entrando en la vía de la costumbre de que así es el transitar de nuestra especie y, en consecuencia, ese mecanismo de protesta, rebelión… –que, en todo caso, queda reducido a las huelgas, que producen efectos colaterales muy significativos- apenas si se manifiesta.

El recurso de la protesta era –fíjense bien: ¡era!- como algo… necesario. Hoy ya no es tan necesario. Se tiende a asumir todas las quejas, protestas y desengaños, como la natural convivencia.

A poco… a poco que consideremos esta situación, nuestra sensibilidad se siente entre avergonzada, dolida y des-animada, en un laberinto o callejón sin salida… donde los intentos visibles no son más que una repetición de otros que ya fracasaron.

Y parecerá –ante esta situación-… parecerá que una propuesta de ¡sanar la humanidad!... es descabellada; parecerá que es algo exagerado, ¡que no está en nuestras manos!

Pero la Llamada Orante nos reclama: ante la dolencia, la calma; ante el deterioro, el cuido; ante la incapacidad, el auxilio. ¡Todo ello es sanador!

Y cada ser representa y es el equivalente de la humanidad.

Y si nos situamos en esa propuesta de sanar la humanidad, ha de ser sin ningún tipo de liderazgo, sin ningún tipo de importancia; pero sí con una ¡creencia contundente!, según la cual, cada vez que contactamos, nos relacionamos, hablamos… estamos contactando, relacionándonos y hablando con la humanidad. Porque cada ser es el equivalente de esa humanidad.

Y estamos ante la necesidad –por el deterioro reinante, por la gravedad del paciente “humanidad”- de actuar.

Y “actuar” significa ¡escuchar, convivir, compartir, sonreír, replantear, considerar, flexibilizar, adaptarse, creativizar cada instante, respetar!

Todas son palabras que evidentemente pueden quedar en “bla, bla, bla”. Pero son palabras de ejercicio, son palabras de realización, son palabras que, para el orante, le llevan al compromiso de sanar, al compromiso de sanarse, al compromiso de sentirse humanidad y, como tal, proceder con el ejemplo, con la perseverancia, con la actitud de tener la referencia de ese Misterio Creador que nos… reclama, nos llama, nos dice.

Y que hoy nos propone sanar la humanidad, como si nosotros fuéramos... Nosotros somos cada uno de los seres humanos. Nosotros somos todos a la vez. Nosotros somos también, simultáneamente, cada uno de nosotros.

Nosotros somos… –cierto es- una unidad que escucha, a la que llaman, que ora… y que propone, que proyecta.

Y así, cada vez que sintonicemos con alguien, pongamos en ejercicio la Llamada Orante a saber que, no solamente su síntoma, su cuita, su penar debe ser auxiliado, sino que veamos también una acción sobre el ser, que trasciende a él –a ese ser que demanda-.

Y a la hora de actuar, a la hora de ayudar, a la hora de colaborar, saber que lo estoy haciendo no solamente hacia ese ser sino hacia la humanidad, porque cada uno es un replicante, una vibración de todos.

Y en la medida en que abordamos a uno, a todos les llega lo que hacemos, lo que ocurre.

 

Y no es descabellado afirmar que nuestras dolencias de humanidad son consecuencia de un estar, de una manera de vivir, de una actitud de responder…

En consecuencia, cada vez que ejercitemos nuestra posición orante, estaremos repercutiendo no solamente en aquél, aquéllos o éste, sino en todos.

Pero, en consciencia, debemos conservar esa intención: saber que, cuando calmo un dolor, voy a ‘intencionar’ calmar el dolor de humanidad, de esa humanidad que gime por… infinitud de causas.

Que sí, podemos clasificar en más importantes o menos importantes, pero cada universo de cada ser… cultiva una dolencia. Y en la medida en que calmamos la sed de uno, se amortigua la sed de otros.

 

Este proceso, en sí, ocurre: la materia viviente se encuentra conectada permanentemente.

Pero el plus que ahora precisa… por el deterioro que atraviesa, debe provenir de la intención de la consciencia de saberse intermediario universal… que promueve una actitud de una nueva consciencia.

Una nueva consciencia que nos trasporte a la dignidad que el ser de humanidad precisa.

Una nueva consciencia que nos sitúe en disposición liberadora, con virtudes crecientes.

Una nueva consciencia que nos haga sentirnos capaces de replicar, según la creencia, en un Misterio Creador que hace posible nuestra presencia, en un halo protector que se extiende, y en una perseverante esperanza de testimonio; que a la vez que actúa, aguarda; que a la vez que actúa, sabe de la pausa; que a la vez que actúa, conoce la espera.

Una nueva consciencia que emana del Ama-necer.

Y que, con ello, tiene el suficiente sustento para sentirse humanidad, para representarla y para que, cada vez que se proyecte, que se muestre, lo haga hacia la humanidad… y a través de cada uno: de cada cercano, de cada hijo, de cada padre, madre, anciano, conocido, desconocido…

¡No nos ha traído un Amor inconmensurable, a este lugar del Universo, para transcurrir vulgarmente en una repetición y en una obsesión de poder y de violencia!, que ya se extiende, en cada ser y en cada rincón, como el mejor criterio para mantener el orden y la seguridad, por ejemplo.

 

¿Acaso cada naci-miento es una mentira? Naci-miento.

¿Acaso cada nacimiento no es una certeza de un nuevo enviado, que trae recursos necesarios?

Un nacer no es un naci-miento.     

En consecuencia, no... no es de humanidad dejarse arrastrar por el reclamo productivo, rentista, propietarista, defensivo, proteccionista…

No es de Amor, el nacer en la desconfianza, en la defensa, en la esclava actitud de ¡lo inevitable!

¡No nos han traído a este universo para ser inevitables!

Nos han traído para transcurrir en él.

¡No nos han puesto aquí para ser deterministas!... y esclavos de dictámenes que comprueban, que aseguran, que dictaminan.

No son nuestros oídos –y no deben ser- los cómplices de ese mensaje ‘de-crépito’.

El Universo no es decrépito. El Universo se nos muestra expansivo, creador, innovador, sorprendente, fantástico, ¡excepcional! Y todo lo que en él se produce así es –¡y así lo es!-.

Con qué atrevimiento, lo humano se propaga en el desquicio, en el desequilibrio, en la rabia, en la venganza.

“Sin duda”, la Piedad, la Misericordia, la Compasión, el Perdón del Misterio Creador gravita permanentemente sobre nuestra especie.

Si así no fuera, ya nos habríamos devorado todos.

Por ello, es consecuente, en el nombre de la Piedad, de la Misericordia, de ‘el Perdón’, asumir el rol de la escucha orante, de contemplar nuestra actitud sanadora de humanidad. Es darnos por enterados de que la Piedad gravita sobre nosotros; que la Bondad superior nos apoya permanentemente; que la Misericordia nos alivia de las miserias y nos hace sonreír, aunque sea a última hora.

Que el Perdón, como expresión de complacencia, como expresión de infinito Amor, está ahí para que no nos sintamos culpables, ¡para que no nos auto-agredamos!, para que seamos fieles a la “esperanza” que se deposita sobre nosotros.

 

Momentos llaman a nuestra consciencia, a nuestras consciencias; momentos llaman, ¡ahora!, para que seamos testimonios, para que seamos reflejos de una nueva consciencia… que asume la Llamada Orante de “sanar humanidad”.

 

Siempre aparecerán las disculpas; siempre aparecerán los prejuicios, las excusas, ¡las justificaciones!... Aun así, a sabiendas de que están como fantasmas al acecho, nuestra consciencia debe flotar por encima de todo ello; debe estar al día en su proceso.

Y “estar al día” en el transcurrir de cada uno, es estar por encima de esas consideraciones de avisos de temor, de cuidados, de seguridades...

¡Estar al servicio de la Creación!

Y cuando el ser se dispone a ser un servidor de la Creación, el aliento individual se hace fundido con el Misterio Creador…, y es posible sentir ese fluir que emana permanentemente hacia cada ser y que nos hace posible la experiencia de ¡Vivir!

Y que, a través de ella, liberadoramente, sentimos que nuestra presencia es permanente; ¡sentimos la eternidad en nuestras espaldas… y la infinitud en nuestro vientre!

Y así nuestros pasos se hacen inmortales; y nuestros sentidos, enamorados permanentes.

 

Ninguna... ninguna propuesta humana, por muy potente que sea –y esa potencia se la dan y se la damos los demás-, es capaz –aunque su actitud sea de desafío-… es capaz de doblegar una consciencia creadora, una consciencia liberadora. Porque cualquier humano proceder que pueda ser considerado “perverso”, tiene la instancia de la sonrisa divina, tiene el cortejo de la bondad.

De ahí que nuestra función no sea juzgar, sino recrear, perdonar, evolucionar hacia posiciones indiscutibles. Sí, aquellas que tienen la universalidad por respaldo.

 

Sentirme en sintonía con la Bondad Superior no es discutible.

Alguien o algo dirá:

-  Ah, pues yo no creo en eso.

-  Bien.

-  Podemos hablar sobre...

-  No hay nada que hablar.

Cuando se parte de lo no-creencia, las palabras se vuelven traición, se hacen esquirlas, se hacen violentas.

En cambio, cuando las palabras salen de la Creación, del creer, se hacen plegables, se hacen flexibles, se hacen ¡cómplices!

 

No es momento de imposibilidad; es momento de permanente disposición ¡posibilitante!

No es momento de debilidad; es momento de ¡entusiasmo!, de esperanza perseverante.

No es momento de “luego”..., “más tarde”..., “otro día”…

Es momento de ¡ahora!, de cada día.

Es momento de ejercitarse en la excepcionalidad de una nueva consciencia.

 

“Luego” es demasiado tarde.

 

¡“Ahora”! ¡“En punto”!

 

¡¡Ámen, Amen, Amén!!

 

 

 

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