viernes

Lema Orante Semanal

 

SOMOS LUZ QUE VIAJA EN UN UNIVERSO

31 de agosto de 2020

 

Vertiginosa resulta la actividad del Universo más o menos conocido. Aceleradoramente expansivo. Sin mostrar ninguna tendencia a la contracción. Si bien… los elementos móviles se concentran y se contraen hacia sí mismos, pero se distancian cada vez más unos de otros.

O sea que podríamos decir que, desde una visión global, nuestra expansión a una velocidad excepcionalmente exponencial, continua, es lo más evidente.

Y a nivel de nuestra concepción más cercana, los elementos más próximos tienden a juntarse; quizás como producto también de la expansión, pero que se convierte en atracción.

Y así, nuestro cúmulo galáctico de la Vía láctea está previsto que, en unos millones de años luz, se funda con la galaxia de Andrómeda, que es bastante más grande que la nuestra. Siguen sentidos aproximativos, pero en el fondo son sentidos de expansión, lo que pasa es que en esa expansión se encuentran unos elementos con otros. Y todo hace suponer que no será un Big Bang, sino una integración progresiva de unos elementos con otros, formando –y formarán- un gran cúmulo galáctico.

Esto… esto lo deducimos por lo que podemos observar y contemplar. Pero fíjense: lo que podemos observar y contemplar ya ha pasado.

Sí. Para ser más exactos, la información que tenemos de nuestro mundo es una información lumínica, es decir, es una información que viaja aproximadamente a unos 300 0000 kms por segundo. Lo cual quiere decir que cualquier fenómeno que nosotros observemos hoy aquí, ha sido emitido por un cuerpo celeste que probablemente ya no exista.

 

Podríamos decir que vivimos del pasado… ¿no? Porque lo originario ya dejó de estar presente. Entonces, nuestro presente es pasado, y a su vez continúa. Porque en nuestro mundo luminoso, en la franja de luz, ésta se mueve en un espacio digamos que “pequeño”, porque ocupa apenas, del Universo conocido, de un uno a un cinco por ciento. El resto es un absoluto Misterio.

 

Podríamos decir: “Y esto ¿qué tiene que ver con nosotros?”.

Si estamos en ese Universo, y eso es lo que nosotros deducimos por nuestros sistemas de observación y contemplación, pues sí, más bien que “sí tiene que ver con nosotros”.

Lo primero que podemos deducir es que muchas de las actitudes, gestos, maneras de enfocar las cosas, etcétera, etcétera, son heredadas, son del pasado: del padre, del abuelo, del bisabuelo… ¿Verdad?

Es decir que es como esa luz que observamos ahora, que ya no tiene el foco emisor. Emitió una luz, y viajó… y esa luz llegó a nosotros. Igual que el abuelo o el bisabuelo tenía la tendencia tal o cual, y se conformó lumínicamente en adenina, timina, citosina, guanina… y ahí llegó hasta nosotros.

.- ¡Guau!... Y entonces, ¿nuestro presente…?

.- Nuestro presente es… ficticio. Sí. Es un transcurrir del pasado.

.- ¿Y nuestro futuro?

.- Bueno, nuestro futuro es… “Persiguiendo a la luz”. “Perseguir a la luz”.

.- ¡Tarea difícil!, ¿verdad?

.- ¡Oh, sí! Difícil…

Pero si nos sentimos luz, y anulamos el factor tiempo, pero nos situamos en los pasados que heredamos… y vemos que es así, podríamos amplificar nuestra consciencia y tratar de –por así decirlo- “recordar más cosas”. Y… sobre todo –sobre todo-, como esa luz de lo que hemos observado –pasada- sigue viajando, que nos diéramos cuenta de nuestra peregrinante situación; con lo cual, cualquier problema sedentario no deja de ser “un problema inexistente”. “Pura ficción”.

.- ¡Guau!... Ya.

 

El Sentido Orante nos recuerda hoy que no somos problemas, somos soluciones. Que no somos realidades, somos ficción. Que somos tránsito luminoso. Que venimos aquí porque somos de este Universo, para dar testimonio de ¡Luz!…; sin que esto signifique que queremos acabar con la oscuridad, porque es la oscuridad la que permite… –fijarse bien- “es la oscuridad la que permite que se evidencie la luz”. Si no existiera oscuridad no se podría evidenciar la luz.

Lo cual nos lleva a pensar que ese Misterio Creador, Misterio de Misterios, nos posibilita nuestra presencia y nos da la categoría de “Luz”…

¡Fsss!...

 

Como si pretendiéramos iluminar toda la materia y la energía oscura.

–He dicho “pretendiéramos”, nada más-.

Es ‘in-iluminable’, pero gracias a ella existimos como luz. Y como dicen o se suele decir: “Ha dado a luz un niño, una niña…”.

“Ha dado a luz”… ¡No es porque el niño al salir vea la luz! No, el niño al salir no ve nada, está en otro mundo todavía. Pero sí es una expresión de que se da una nueva oportunidad.

Cada ser naciente es una nueva oportunidad para el sistema viviente. Y cada día que amanece es una nueva oportunidad para los vivientes.

El Sentido Orante, en consecuencia, nos orienta hacia la idea de que ¡seamos iluminadores!, seamos luminosos, seamos claros. Y en esa medida daremos testimonio del Misterio Creador; de esa oscuridad insondable.

 

Cada vigilia, cada amanecer… es una invitación a que seamos emisores transportados por la luz y transportadores de luz.

Iluminemos con nuestras intenciones, imaginaciones, fantasías, ilusiones, acciones… todo lo que va transcurriendo a través del tiempo luminoso.

De seguro… –¡seguro!- que cuando llegue la oscuridad de la noche, en el sueño, el Misterio se encargará de renovar nuestros recursos para que tengamos, en el próximo amanecer, nuevas, imprevistas, inesperadas y sorprendentes posibilidades.

 

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miércoles

Lema Orante Semanal

 

UNA CONFABULACIÓN MISTERIOSA NOS OFRECE SUS SERVICIOS

24 de agosto de 2020

 

Educados, como humanidad, en las consciencias de nuestros poderes para cazar, cultivar, sumar, restar, pegar, golpear, correr, huir –capacitaciones que nos dan nuestra configuración y nuestro asiento en lo viviente-…, educados así, cualquier tarea que progresiva y paulatinamente se va desarrollando en la humanidad… se hace patrimonio de la capacidad de cada uno.

Siglos y siglos de condicionantes y acondicionamientos van borrando amaneceres, atardeceres, lluvias, brotes, frutos… Pareciera que… –pareciera- que todo el entorno ha sido creado por nosotros. Pareciera que cualquier suceso es previsible, calculable, controlable, dominable…

Y cuando así no lo es, la respuesta es: “Bueno, habrá que acostumbrarse a ello y… ¡Es parte de la vida!”.

 

Bajo la óptica del Sentido Orante, este “empoderamiento” –palabra cada vez más frecuente y poderosa- de cada ser, de cada grupo, se cifra y se centra en el ¡Poder! El único capaz de cambiar, poner, quitar, arreglar… Y depende de cada ser.

 

La situación de esta dimensión se hace cotidiana y… salvo que haya algún “toc, toc”, alguna llamada de atención –en este caso la Llamada Orante-, es fácil llenar todo hacer, toda responsabilidad, todo testimonio… en la capacidad, en los recursos, en los medios y en los educados y eruditos momentos que se tienen.

Puestas así las cosas, la resultante que se ve habitualmente es una confrontación de fuerzas poderosas. Poderes que se reparten según estofas –estofas, sí- sociales: medianos, bajos, miserables, pobres, medio-ricos, burgueses, burgués-rico, rico-burgués –pufff-…

 

Y no se suele dar más de sí. Cierto es que por los aportes de… ‘descubrires’, aplicaciones y demás juegos de entorno, pareciera que estamos en una posición de especie privilegiada. “Pareciera”. Pero ese “parecer” se derrumba –como ahora se vive- por… no se sabe muy bien qué cosa, pero digamos que sí: por un inocente virus que, seguramente, en su mente no había el plan, no tenía el plan; porque además se le considera una cosa que… que no funciona si no tiene cómplices.

¡Oh! ¡Ah!...

¡Aaahh! ¿Seremos nosotros los cómplices, que queremos desahuciar a la especie y reducirla, maniatarla, controlarla, dominarla…? ¡Es posible! Se busca un buen chivo expiatorio que obedezca, no diga nada… y nosotros manipulamos sus incidencias. ¿Por qué no?

Lo cierto es que a nivel general, y con el estruje estadístico cotidiano, ¡tanto poder!, ¡tanto poder!..., y el susto destroza al miedo y lo hace pánico, y lo encierra en su guarida.

¡Tanto poder! ¡Pero ¿el poder no era valiente?, ¿no era… descarado y superior?!

 

Pero no, no olvidemos que sí, el poder fue así –o es así-, pero tiene sus estrategias de “¡pobrecito!”, y sus camuflajes; y es capaz de eso: de establecer estrategias de incapacidades e imposibilidades, para lograr extrañas –o simples- reducciones y controles de la misma especie.

Y en todo este atragantado festín, si recurrimos –nos llaman a Orar y acudimos; bien-… si recurrimos a la Llamada Orante, ésta nos advierte, primero, de que está bien que cada uno se sienta poderoso y… hijo de papá, mamá… y de su país… y representante de los próceres de su tierra. Está bien. Está bien. Por algo hay que empezar, ¿no? Y después, que se sienta orgulloso de su educación, de su conocimiento, de su capacidad, de su… ¡uff! Pero todo eso reside en un lugar ‘mmmmmmuy’ pequeño del Universo. ¡Ah, sí! En un lugar que no ha fabricado el hombre; que él no ha diseñado. No. Se lo han puesto ahí para que esté.

.- ¿Quién?

.- ¡Ah! Lo mismo, el mismo o los mismos que pusieron los colgajos de las estrellas o las… –¡puff!- abrumadoras galaxias o… ¡quién sabe!

Ya, pero… para el hombre seguro del dominio de su entorno, fuera de ahí, nada parece importarle. No… no tiene la consciencia de que su seguro entorno no lo ha asegurado él, sino que se lo han asegurado. Pero, bien, esto es una metafísica deducción universalista que probablemente tenga poca incidencia en lo cotidiano.

Ahora bien, sin desdeñarlo –está ahí-… sin desdeñarlo, ocurre que, en el día a día, la persona se preocupa, se angustia, se deprime, se alegra… por momentos –pero no, no es el más frecuente de los sentires-, y cuando tiene que ejercitarse en relacionarse, en comprometerse, en asumir una posición destacada –porque toca así-, cuando eso ocurre, la persona, habitualmente, o bien se enorgullece y se ejercita como el dictador que lo sabe y lo conoce todo, o bien se asusta… y se retrae y desconfía, y se pliega hacia sí mismo como si fuera un calcetín fuera del pie.

A veces se confunde con un pañuelo…

¡Ah!

 

Tanto en el primer caso, de imponente capacidad, como en el caso de desesperado miedo y ganas de huir, podría tenerse en cuenta que, tanto en un extremo como en el otro, si incorporamos esos recursos creadores, creativos, inspirados, si incorporamos esa intuición, ese signo improvisado, ese dejarse llevar después de haber cumplido lo aconsejado o lo deducido…; es decir que si dejamos entrar en nuestro soberbio arsenal de superpoderoso o supermiedoso, si dejamos entrar un poco –un poco, ¿eh?- el Misterio Creador, el Capacitador de Sorpresas, el Descubridor de Emociones, el Propulsor de Amores, el… ¡ÉL!... quizás las situaciones cambien, y el poderoso reciente decida escuchar a los que va a mandar o dirigir, y el asignado para participar asuma su rol con dignidad, con originalidad, con espontaneidad, abandonando esas consignas de: “Yo no soy capaz, yo no puedo, yo no sé…”, o el otro que dice: “¡Lo que me echen!, ¡venga!, ¡lo hago todo! Soy heredero de la kriptonita de Superman. ¡Vamos, no hay quien se me resista!”. ¡Guao!

 

Parece, parece que resulta difícil incorporar el Misterio Creador a nuestro cotidiano acontecer. Y sí parece incorporarse en las ceremonias, en los ritos, en los… ‘bla’, en los… ‘bla’.

.- ¿En los qué?

.- ’Bla’. ‘Bla’ es... “blasula”. ¡Je! Un poco “basura”, dicho en chino: “blasula”.

Sí, en esos acontecimientos solemnes de trances, de ceremonias, de… de esas cosas que se organizan para luego: “¡Aaaagghh!”… gritar y tirar la gorra o salir corriendo o emborracharse o… O sea, esas cosas que no permanecen; que a lo mejor en ese momento suena el himno de su país y se lleva la mano al corazón, pero llegados veinte segundos cuatro décimas después, te dicen: “¿Qué? ¿Te fumas un porrito?”. Y la persona va como un corderito, y se lo fuma. Y dice:

.- ¡Bueno, ¿y tanta patria, tanta historia, tanto corazón y tanta…?!

.- ¡Pues ya ves! Ya ves, ya ves… Hemos sido educados así.

Las “grandes –llamadas- celebraciones”, y todo eso, pues queda bien. Incluso se ponen, se visten y desfilan, y todos se mueven –como cucarachas- de la misma forma. Y se vuelven y saludan, y besan el trapo este de la patria, y siguen, y “¡Ooohhh!”. Y además son capaces de ir a la guerra, matar y que los maten… Y ¡oye!, dices tú: “¡Oye, qué… qué cosa, ¿no?!”.

Hasta ahí llegamos.

Pero resulta que la mayoría, la mayoría de la mayoría del tiempo no estamos en esas ceremonias de… “¡Ooohhh!”, sino que estamos en: “Buenos días”, “Buenas tardes”, “Buenas noches”, “¿Qué tal?”, “¿Cómo estás?”, “¿Cómo te va?”… tal…

Sí, estamos en eso. Y es en “eso” en donde incide hoy el Sentido Orante. Es en “eso”, en “el pan nuestro de cada día”: en el mini compromiso, en el mini estar, en el mini decidir, en el mini opinar, en el mini compartir. Ahí.

Ahí hay una ¡gran!... ¡gran, gran!... presentador. Sí. Un Gran, Gran Presentador, que es el Misterio Creador.

 

Imaginemos –para tener una idea- que cada vez que compartimos una charla o un… pues alrededor hay –como en los comics- un bocadillo enorme –¿no?- de Confabulación Misteriosa que nos ofrece “sus servicios”.

.- ¿Cómo?

.- Sí, nos ofrece sus servicios… para asesorarnos, para alentarnos, para iluminarnos, para estimularnos. Sólo consiste en aceptarla.

¡Ah! ¡Ahora bien!, si nos sentimos autosuficientes y autocapaces, el bocadillo –es decir, eso tan grande, tan grande, que está en conexión con nosotros- se va como un globo.

Quizás sea injusto decir que “se va”. Pero se queda ahí, inerte. Porque nuestra posición aún no es capaz de descubrir ese increíble ambiente cotidiano, diario, de cada paso, de cada palabra.

Si almacenamos un globo para cada acción, tendremos un universo a nuestra disposición.

Si nos llaman a Orar es porque se tienen recursos para ¡dar!, para ¡mostrar!, para enseñar, para que los tomemos.

Pero se está –cada uno- tan ensimismado en sus recursos, en sus medios, en sus pequeñas cárceles de resultados, que… como si no cupiera, como si fuera ¡muy grande! Y no. Es infinitamente grande, pero es infinitamente bondadoso, y sabe aliviar, consolar, acompañar, aligerar…

 

Y si cada vez que nos sintamos en la angustia, en la duda… si cada vez que eso ocurre, por un instante evocamos ese grandioso recurso que está ahí para que lo recojamos, a veces ÉL mismo abre la espita. Otras, no; aguarda a que nosotros despertemos. Quizás, Él nos despierta.

Sabemos ¡tan poco! Mejor dicho, no sabemos nada de ello. ¡Pero está!

 

Es curioso: el ser humano, sí, es capaz de reconocer ese aviso Orante; incluso lo sabe –o dice que lo sabe-, pero ¿por qué no lo practica? ¿Por qué todo lo cifra en su recurso? ¿Por qué no toma los recursos creadores… y los destila a través de su ser? ¿Por qué se hace víctima o protagonista de un acontecer?

 

Sin duda, quizás por toda esa evolución, nos toca hacer el papel que nos enseñaron, el estudio que nos obligaron, el ejercicio que nos propusieron. Sí. Y digo “quizás” porque, a lo mejor, si las cosas se hubieran desarrollado de otra manera no estaríamos en esta situación. Pero lo estamos. Así que toca seguir el guion de lo que, como especie, nosotros mismos nos impusimos… y que fuimos heredando.

.- ¡Ah…!

Y entonces, pues no quede más remedio, en principio, que leer, repasar, estudiar, aprender... Pero si todo eso lo hacemos –atención-… si todo eso lo hacemos contando con la “Providencia”, contando con ese inmenso caudal que está dispuesto a destilarse hacia nosotros; si lo hacemos contando con ello, las resoluciones, los aconteceres, serán muy diferentes.

Pero, ¡ojo!, al decir “diferentes” o “muy diferentes” no significa que serán ¡al gusto nuestro! ¡Ahhh, no, no! Puede ser que a veces sí; pero la mayoría de las veces, no. Porque estamos suficientemente contaminados por nosotros mismos que cualquier aportación, por muy destilada que esté, no nos va a llevar inevitablemente al éxito, al triunfo. No. A lo mejor nos lleva al fracaso –desde la óptica humana, claro-.

Y ése es otro de los factores por los que el ser no se fía –¡oh, oh, qué feo!-… No se fía de La Creación, no se fía del Misterio Creador, no vaya a ser que le dé alguna sugerencia o alguna cosa que no le haga… o que le haga quedar no lo bien que él quisiera.

Es curioso, nos hemos llevado hasta el punto de exigir y de pedir “a nuestro gusto”: “¡Dame lucidez ante la oscuridad de mi razón!”. “¡Dame esplendor ante mi actuación!”. “¡Concédeme el privilegio del arte espontáneo, creativo y sanador! ¡Pero ya!, por favor, porque mañana lo necesito”. –¡Guauu!-. “No te olvides de que en lo del claqué estoy un poco flojo. Si no te importa, me das un poquito de… ¿eh?, para que el espíritu de Fred Astaire se encarne en mí; y el de Judy Garland, por supuesto, porque también tiene ‘su aquél’”. ¡Oh!...

Así es como se abre y pide, el ser. Entonces, claro, ante eso, como que ese Misterio Creador se hace remiso, se hace un poco… como que no; como que “va a ser que no”.

Claro, y ante eso, pues el orante, al ver que sus “peticiones del oyente” no las ha escuchado El Bienaventurado, pues… deja de orar, deja de encomendarse. Porque ha visto que no ha habido resultado: era torpe hablando, y ese día fue más; era bastante corriente danzando, y ese día se cayó.

.- ¿En dónde?

.- Se cayó… en el sitio donde tenía que danzar.

.- ¡Aah!

.- Y quedó ¡muy feo!

 

Sí, queda feo cuando tratas de mostrar tu habilidad corporal, y te caes. ¡Qué feo!

Sí, claro. Por supuesto, la ternura del público aplaudirá tu rápido levantamiento y tu sonrisa de “aquí no ha pasado nada”. ¡Pues claro que ha pasado! ¡¿Cómo que no ha pasado nada?! ¡Guau! ¡El suelo llora de pasión! ¿No ha pasado nada...? ¡Claro que ha pasado!

Pero el mundo, la vida –esas palabras- aguantan mucho. Mucho, mucho. Los escenarios están repletos de fracasos. ¡Ojo!, fracasos que se fraguaron por la vanidad de los intérpretes.

En cambio, si el escenario es un lugar de inspiración, un lugar de acogida donde puedo recoger, entonces es muy diferente nuestro proceder.

Quizás no salga a nuestro gusto o al gusto del espectador; pero lo que sí es cierto es que lo que salga será auténtico, será valioso, llenará el corazón y acariciará el alma.

De ahí que, sin menospreciar nuestras preparaciones –sin menospreciarlas, pero sabiendo en cada momento de esas premisas-, que el clamor hacia la Grandeza no se olvide; y cuando vaya a elegir una actitud, una decisión, que la invocación esté ahí presente. Entonces, seguramente… ¡seguro! que la elección y la ejecución serán las que debían ser.

El más mínimo detalle con el que podamos contar a la hora de ejercitarnos; la más mínima atención de percibir cuándo nos están… llevando, inspirando, sugiriendo; el más mínimo instante de reconocernos que no somos nosotros los que hemos abierto la puerta o los que hemos dicho o hemos propuesto; el hecho –que seguro a todo el mundo le ha pasado- de decir algo o comentar algo o proponer algo, y no reconocerse en eso; crear sorpresa en el entorno, y no saber muy bien por qué eso ha acontecido…

Pero no solamente ya en eso cotidiano, sino en el propio monólogo interno, sin voz: en esos pensares, en esos sentires; ahí, en ese interior que se cuece en la oscuridad; en ese interior hermético pero, a la vez, recursivo almacén de creatividades.

¿No nos hemos sorprendido acaso –multitud de veces- pensando esto o aquello, o sintiendo esto o lo otro? ¿Acaso creemos que eso ha sido una reacción neuroquímica de nuestra dopamina, serotonina o acetilcolina? O simplemente, la mayoría de las veces no le prestamos atención; nos parece un… “Mira lo que se me ha ocurrido”.

“Mira lo que se me ha ocurrido”. Pero no se suele decir: “Mira lo que me han inspirado. Mira lo que ha surgido sin saber cómo ha aparecido”.

¿Será la huella de la Creación? ¿Será la llamada interna permanente y cotidiana de quien nos sostiene, nos mantiene, nos entretiene, nos promueve, nos alienta… ¡la vida!?... ¿Será?

Esa sola pregunta puede ser una opción.

En vez de decir: “¡¡Es!!”, se suele decir: “¿Será que…?”.

 

Ante lo decididamente riguroso de La Creación, que se transforma en subjetivo en nuestra realización, el ser impone enseguida la duda o el “pero”…

Asumiendo la Llamada Orante nos hacemos eco de lo que emerge desde el interior, desde lo que casualmente acontece en el exterior, y así somos capaces de sentir. Que luego podemos transformarlo en pensar –si queremos-, pero “sentir” ese otro lenguaje de Amor de Eternidades, que se derrocha a raudales y que… parece ser estéril.

 

 

 

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lunes

Lema Orante Semanal

 

EL SENTIDO ORANTE DE RESPUESTAS A ENCRUCIJADAS

17 de agosto de 2020


 El Sentido Orante de respuestas a encrucijadas.

Encrucijadas que cada ser tiene en su despensa, y encrucijadas en las que la especie se encuentra inmersa.

Las alianzas de los poderes nos han estado presentando unas salidas a destiempo, y pareciendo que todo comenzaba como si nada hubiera ocurrido.

Y es fácil caer en la… cómoda sugerencia que nos marcan las teóricas ¿libertades?... que nos conceden.

Cuando se vive a expensas de la libertad que te pueden dar es señal inequívoca de que eres un esclavo.

 

Pero no caer, ni en la banalidad vulgar de lo que se propone –como si nada hubiera pasado, cuando resulta que ha quedado el poso de un miedo desesperado-, ni tampoco en los fáciles recursos que se puedan tener para mantener la cordura.

Más bien, el Sentido Orante nos reclama un cambio hacia lo liberador, hacia lo “nuevo sin conocer”, hacia lo Creativo por llegar; una exigencia, de inmediato.

Porque es fácil caer en los recursos que se propagan y se propagandan, para volver a ser lo de antes y volver a caer en lo pasado; o en lo que se acomoda a lo que haya y… no hay más.

Más bien, la llamada de la Creación nos relanza como “una época prodigiosa” el haberse apercibido de hasta dónde llegan los poderes de nuestra especie y los intereses de quién sabe… –corporaciones, comunidades de…-, pero que están ahí, que no son de otro mundo, son de éste, pero con ascendencia, ventaja, recursos y medios que distan mucho de lo que nosotros podamos alcanzar.

 

Pero no debemos caer en la desesperada actitud de que nada se puede hacer ante tal situación. Más bien por el contrario; sí: la fe –¡Fe!- en el recurso Creador que nos ampara “a todos”, incluso a los que tratan de sectorizar, eugenizar la especie –y otras formas de exterminio verbales, mentales, sociales-…

Humanos son todos esos procederes.

Y con cierta seguridad podemos afirmar que se basan en criterios de capacitaciones, recursos y logros de humanidad; que incluso también pueden atribuirse cualidades cuasi divinas…

Pero el resto del resto –y somos restos- no estamos dejados de la mano de lo Divino.

Nos llama a orar para darnos la mano, para sujetarnos, para que no caigamos en el fácil esclavismo o en la fácil actitud de “recuperar lo perdido”, cuando nada tuvimos.

Esa mano cargada de imprevistos, de inesperados, de sorpresas, de imprevisibles situaciones… y de acciones inesperadas que el ser muestra y enseña como calidades –“calidades”- que “no son –entre comillas- de este mundo”, pero que llegan y que anuncian.

Anuncian… renovaciones para dejar de ser y dejar de estar en el laberinto de lo imposible.

 

No amedrentarse ante la conmoción de nuestros sentires, ante la firme decisión de nuestros ‘haceres’.

No intimidarse por actitudes que, en convivencia, resultan castigadoras o enjuiciadoras o prejuiciadoras. Más bien aclararse, aclarar… y mostrarse en estado de Gracia.

Sí; en ese estado en el que cada ser reconoce su propuesta, su virtud…; en el que no tiene que ocultar su opinión por el mayor tono de voz de otro, o el gesto o el gusto de aquel que todo lo sabe y lo conoce.

También es momento para los callados, los tímidos, los que tratan de que todo esté bien, de que nada se perturbe. ¡Los que dan pie para que otros se aprovechen y manden y ordenen!, sabiendo que no habrá rebelión.

 

El viento, ciertamente transmite la voz de orden y mando, pero también remueve las cenizas… y con ellas ciega o calla a los que tienen supremacía.

 

Tenemos el deber vital –porque emana de la vida- de proclamar nuestra gracia, de mostrar nuestra disposición, posición y criterios.

¡No existe ninguna norma, regla o ley que tabule cuál es el sentir de Gracia humana!... El que lo afirme, tan solo recoge ideas de opresión, de esclavismo y de “regulación”, según los egoísmos personales reinantes: espirituales, sociales, culturales, políticos, económicos… Esas famosas “leyes de vida”.

¿La vida tiene leyes?

Resulta que… átomos perdidos o dioses olvidados deciden, sin orden ni concierto por nosotros conocido, recrearse en una muestra incomparable de diversidad insondable, en todos los sentidos.

¿Eso es un orden? ¿Eso es una norma?

¡Ahhhh! Pero la humanidad establece el derecho, y se crean los derechos. Y antes de preocuparse de los deberes, que son los que realmente promueven y realizan logros, antes de cumplir con ellos, se reclaman los derechos: esos torcidos y tramposos elementos que, en definitiva, esclavizan y someten. Porque cada vez que el que reclama el derecho obtiene el derecho, se hace dependiente del que se lo da.

 

En cambio, el que se realiza en su deber, está en el débito de sus capacidades, sus recursos, sus habilidades, sus gracias, su mensaje de Creación que ha de exponer. Y engloba misterios, sorpresas, imprevistos…

 

La encrucijada de humanidad es… enormemente enredada; complicadamente elaborada. Cualquier añadido en ese sentido hace que la posibilidad de un resplandor se haga imposible. Pero, a la vez, hemos de saber –y el orante ha de saberlo- que, con un detalle –“de-talle”- de gracia virtuosa –uno-, el enredo complicado se disuelve y la complejidad creativa se amplifica.

 

No temer a los avisos, a las advertencias, a… –¡uff!- a las premoniciones.

Las últimas decían que se acababa el mundo. Y quizás algunos mundos se hayan disuelto. Pero esto que llamamos “mundo”, no. Sigue. Continúa. Pero sí se pueden disolver aquellos micromundos que nos obstaculizan, que nos bloquean, que nos castigan con sus indiferencias, sus silencios, sus despegues… A los que les añaden insolencia y capacitación (sic).

 

Que ninguna autoridad ni orden defina nuestra posición y nuestras acciones.

Nos sabemos cubiertos por el Misterio Creador: esa mágica presencia que es nuestro Auxilio permanente. Pero ¡a su vez!… a su vez nos muestra la necesidad de expresar ese Auxilio en buscarlo, en darlo… a imagen y semejanza de como lo recibimos.

La autosuficiencia ególatra es una ofensa a la Creación y a los recursos que nos brindan. Es un desprecio al servicio que otros presentan.

En el fondo, es una insolidaria posición que exige y requiere, de los demás, un beneplácito.


Que este eterno comienzo de Gracia sea impulsor de palabras sentidas y medidas que perfilen nuestra vivencia, nuestra gracia de vivir…; que no se acobarde.

Que justamente amparado en el Misterio Creador, éste le da la venia para su deber de cumplir con sus recursos… ¡y aportar lo que se espera!

 

 

 

 

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