domingo

Lema Orante Semanal

 

SOMOS COMUNIÓN CON LAS DIFERENTES EXPRESIONES DEL TODO

28 de noviembre de 2022

 

Y se cuelan o florecen las angustias, los temores, las ansiedades, las huidas, las apariencias…

¡Ay! Y la consciencia se hace revuelta… Apenas si divisa más allá de su propia inquietud.

 

Y entre rincones… se puede escuchar, como un eco, el aullido de “¡auxilio!, ¡auxilio!”… sin saber hacia dónde va, pero con la consciencia dispuesta a asumir que… hay otra realidad.

Los ecos a veces se hacen murmullos, susurros… que no alcanzan a la voz clara y transparente; la voz clara y transparente de reconocerse como una configuración de equilibrio, de armonía, de colaboración, de sensatez, de capacitación, de entrega, de evidencias… –murmullos muchos-.

Y no se atreven, por las amenazas: las fuerzas que tienen los que vociferan… y señalan y acusan, y están en queja permanente, en discusión constante.

Son los que afirman “así es la vida”, mientras el murmullo de las esquinas dice que no, que no…; que así se ha adulterado la vida; así se ha descomprometido la vida del ser de humanidad. Pero no es la vida una angustia, un prejuicio, una ansiedad, una queja y un “en contra” permanente. No han traído la vida… –esa Inspiración del Misterio, del Misterio Creador- no la han traído para la disputa. La han traído para muestra de la Gloria de la Eternidad, es decir: la sintonía, el acuerdo, la armonía, el equilibrio, el color, la danza, el sonido…

Y es que, hoy, ¡es tan fácil, en lo cotidiano, olvidar nuestra naturaleza!... Y es la Llamada Orante la que nos reclama, la que nos advierte, la que nos proclama cuál es nuestra naturaleza.

Pero no se la ve con renta ni beneficio; no se la ve con amenazas, ni guadañas, ni machetes.

No tiene cuerpo –la voz orante- de dominador, héroe o… caudillo.

Es rigurosa, pero a la vez es flexible, es bondadosa…

¡Es un destilado de amor, de auxilio!…

Es la que recoge las esquinas que susurran –la oración-; es la que las recoge y las hace voz. Y con ello, palabras… que se muestran sin terror, que se esgrimen sin pudor, con la inocencia de la transparencia.

 

Y sí, cierto es que pareciera imposible –“pareciera”-… que la voz orante estuviera continuamente recordando, reclamando el propósito de vivir.

Porque el reclamo de lo cotidiano es “cumplir” con lo que otros y otros, o aquéllos, imponen. Otros y aquellos que han perdido la fe, la esperanza… y se aferran al poder, al dominio o a la generación de miedo; al acoso.

Otros que ven… –aunque intuyan su naturaleza auténtica- ven que no es posible ser testigos, testimonios de transparencias, de evidencias.

Y es así que ¡se arrinconan!… las expresiones de auténtica vida, barridas por incapaces… ante el temor de que puedan ser vistas. Y en consecuencia, se establecen ritos, aniversarios… momentos muy circunscritos en los que el orar, por ejemplo, es un cumplido. O algo más –o algo más-, pero que tiene acotado su tiempo. Y luego: “hasta luego”, “ya ves, así es la vida”.

Un continuo resentimiento.

 

Nos dieron ¡todo y más! Nos dan todo y más… para el disfrute de todos, para el compartir, el buscar, el indagar, el descubrir…; el salto al continuo asombro, por la hoja que acaba de aparecer, por la nube que se acaba de insinuar, por el “hola” que me acaban de decir…

Así, nuestra naturaleza queda restringida, reprimida y circunscrita al rito religioso, social o circunstancial. Y todo, todo…, que era para el compartir, el convivir, se convirtió en acopio. Se convirtió –y lo convirtió el ser- en propiedad. Lo extrajo y lo secuestró de la generosidad.

Seguramente, fue tanto el asombro de ver que era capaz de retenerlo…

“Por un tiempo”. Porque cada retención, cada posesión, cada dominio, resta eternidades, resta infinitudes.

 

Y en ese transcurrir, y en ese asombro y atracción que generó la idea de “¡tenerlo!”... –tener la tierra, tener las flores, tener el fruto, tener el agua, “tener”…-, en ese ansioso proceso se borra la bondad de la vida. Se borra la generosa condescendencia providencial de ese todo que nos da la primavera, el otoño, el invierno, el verano, la lluvia, el amanecer, el atardecer, el arcoíris, ¡las miles e infinitas criaturas que se asoman para mostrarse!… y que el hombre pasa esquivo, “a sus asuntos”.

Y no importa el grillo ni la mariposa… En todo caso, para clavarlas en un panel y clasificarlas.

Y en ese “todo” que se da en abundancia, en ese sorprendente y atrayente y generoso darse, de las envolturas de la vida, las atracciones de tomar, de poseer, de controlar, de dominar… se extienden también a nuestras propias naturalezas…; a nuestra especie. Y así se ve al otro o a los otros o a aquéllos como a un trofeo, y se les combate y se les domina y se les esclaviza.

Y de igual forma al cercano, porque es “mi” pareja, “mi” hijo, “mi” marido, “mi” esposa, “mi” país, “mi”…

Todo lo que estaba dispuesto para constituir un estar generoso, ¡liberador!… se ha ido convirtiendo en un estado de dominio, de control y de imposición.

 

La Llamada Orante nos busca por los resquicios para poder entrar, para poder ser escuchada, para que ese susurro de las esquinas, que auxilio pide, pueda reconfortarse al menos. Y saber que ¡hay otra realidad! ¡Que es otra, la realidad! Que es otra… la vida. Que no es esta que lo humano ha concebido, ha estructurado, ha calculado… y se siente “honrado”.

Cierto es que le gustaría también poseer la luna, los planetas y aquella o aquella otra estrella. Pero no pierde esas esperanzas.

Pero mientras tanto… el logro del dominio y de la conquista es el mejor desarrollo para ejercitar el poder.

 

No. No se gestó todo para que nos lo repartiéramos como carnaza. No. No se gesta diariamente la lluvia y el rocío para que lo secuestremos y nos apropiemos de ello.

Sí. Sí somos intermediarios de todas las bondades y providencias que nos envuelven, ¡que nos dan el aliento para ser consciencias que proclamen la vida!

Y que aquello que nos sea –“nos sea”- sintonía, podamos custodiarlo; podamos ejercitarnos –porque para ello nos han traído- y sentirnos dotados con capacidades para ser testimonios. Y por esas cualidades, sentirnos –en su ejercicio- realizados. ‘Go-zosos’.

 

Sí. Hoy, escuchar todo esto… puede resultar de inmediato –por la angustia, la ansiedad y el miedo-… puede resultar imposible de ejercitarse.

 Las reglas nos reclaman. Las leyes nos exigen.

Suponiendo que fuéramos esa otra realidad, es imposible de realizar.

Y se dice –sin darse cuenta, en consciencia- que todo lo que se realiza es… del todo que nos dan; que, como malos administradores, que como pésimos intermediarios –como humanidad- no hemos sabido gestionar, compartir. Hemos puesto la línea que “de aquí en adelante, no”, “de aquí en adelante, sí”… Hemos rotulado cada año de vida. Hemos rotulado cada palmo de tierra. Hemos repartido el todo.

Y así, resulta imposible unir las partes.

Pero… ahondando… –nos dice el Sentido Orante- ahondando en la naturaleza del todo, éste se nos muestra, desde su Misterio Creador, como desbordante. No tiene el límite de lo imposible. Carece de fronteras. No necesita el redil, ni el jardín, ni la pecera. El todo abarca… todo.

En consecuencia, desde la minucia del todo sabemos, en cada latido –“en cada latido”- que no hay imposibles. ¡Que no existen imposibles!... Que esos imposibles son la expresión del dominio y del control que, como humanidad, se ha ejercido en aquellos procesos que no se comprenden ni entienden; y, sobre todo, por la rapiña que ha hecho cada ser –y le han educado, ha sido educado-… la rapiña que ha hecho del ¡todo!

Cada uno secuestrando un espacio, tiempo, lugar y actividad como si fuera… ¡suyo!

La nube no se pertenece… Se evidencia, se muestra, se diluye… y vuelve a aparecer.

No reclama ninguna exigencia.

Las estrellas, ahí, ahí parpadeantes, miran y miran y parecen no cansarse de mirarnos. Y no se las ve indecisas, aunque desde aquí, los que afirman saber, establecen historias de combates y de guerras ¡terribles!... entre las diferentes luminarias. Pero qué respetuosas se muestran ante este acontecer extraño de la vida. ¡No se precipitan sobre nosotros para poseernos, para dominarnos, para controlarnos!

Testimonios parpadeantes intermediarios, expresión del todo… y más.

Y puntualmente nos sirven con la llegada del ‘ama-necer’.

Y puntualmente la luna se insinúa en diferentes formas, para ejercer su intermediación.

¡Y así podemos poner tantos ejemplos!... tantos que… ¡que nos abruman!

 

Si sabemos –no por sapiencia sino por consciencia- admirar las sintonías, las sincronías que hacen posible la vida; si intuimos la presencia constante del Misterio; si sabemos –por entrega- que, en cada actitud de amar, tenemos la referencia de que previamente somos amados; si en ese trayecto… nos contemplamos y contemplamos con el objetivo abierto, quizás no precisemos de utensilios, no precisemos de ninguna ayuda. Quizás podamos darnos cuenta de que nuestra naturaleza de vida es desbordante, capacitante, recursiva. Y que somos comunión con las diferentes expresiones del todo.

Y por ser comunión, cada actitud, cada intención, cada movimiento de consciencia, se va a conectar con otros. No va a quedar suspendido o controlado o dominado por nosotros. No.

Un aparente límite nos separa de aquél, de aquello, de aquéllas.

Una piel porosa –porosa- que parece ser una barrera, pero, dada su porosidad, realmente es una transparencia.

Y así, nos sentimos fundidos… en la hoja de otoño, en el frío de invierno, en el brillante amanecer del verano…

No hay separación; hay fusión.

No hay confusión; hay consustanciación.

 

Y esa abundancia que supone vivir, nos abre los horizontes de las Eternidades, que raquíticamente llamamos “futuro.

“Nos abre los horizontes de las Eternidades”.

Y es así como los imposibles se diluyen. ¡Nunca existieron! Sólo se formaron por la avaricia y el dominio, que se dio cuenta de que podía ejercer uno sobre otro ¡o sobre otros!

Dominios que, en realidad, luego se mostraron tan frágiles como el tiempo: se agotaron…; mientras perduraba permanentemente la abundancia de la vida, el todo y más.

 

Ir y seguir sin imposibles…

Ir y seguir sin impedimentos…

Con la paciencia y la pasión… de la Providencia.

Con la paciencia y la Pasión… de lo Eterno, que no desfallece.

Ir…

Ir siendo llevados…

Ir

 

 

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martes

Lema Orante Semanal

 

LA HUMANIDAD HUYE DE LO CREADO, HUYE DEL MISTERIO

21 de noviembre de 2022

 

La vida se nos presenta como un exquisito entramado suspendido en el Universo, que transita…

Y por sus diferentes conocimientos, acontecen sucesos que, en el caso de la especie humanidad, se achacaban a la falta de correspondencia entre lo humano y lo Creador –y lo Divino-.

Y así, las sequías, las inundaciones, los trastornos de cualquier índole más particular o general, las guerras, las pandemias, eran atribuibles a castigos divinos, por no haber cumplido con la ley: la ley de las religiones, las filosofías o los planteamientos espirituales de diversa índole.

Transcurriendo, se descubren –como humanidad- diferentes aspectos que justifican el dolor, el drama, el sufrimiento… por diferentes causas.

Y se abre progresivamente una consciencia de ‘conoci-miento’… en la que sólo cuenta “la erudición”, como recurso explicativo de los diferentes aconteceres.

Y así progresivamente, el ser humano se convierte en el centro; en la causa y el efecto; en el origen y en el desarrollo. No precisa de premios o castigos misteriosos y divinos.

Un acontecer universal, la vida, se convierte así en un encapsulado suceso que se auto alimenta, se auto destruye, se auto justifica…

 

Así que, si bien en un “antes” estaba –en alguna forma- universalizado, dando deidades a las lluvias, a los relámpagos, a las sequías, a la abundancia, a la carencia…, hoy se encuentra retraída la vida de humanidad, dando explicación a todo lo que acontece.

Pero… sin incluir cualquier acontecer desconocido, misterioso, imprevisto, inesperado…

 

Estos son rasgos generales que conviene tener presentes de manera cotidiana.

La Llamada Orante nos pone en aviso a propósito de “el claustro”; a propósito del cierre de la consciencia universal…; de la incógnita del porqué de la vida; del misterio permanente del desconocer… Y así dejar –por esas evidencias-… dejar de lado lo centrípeto, lo exclusivo, la referencia única que da explicación a todo a partir de lo humano.

En otro tiempo, por ejemplo, se pensaba que todo giraba alrededor de la tierra. Ahora se piensa que todo gira alrededor del ser humano.

Puede ser un pensamiento muy simplista, sí, pero cada vez más el ser se aísla y se retrae y se concentra…; se culpa, se premia…; premia y culpa… Y eso le da el protagonismo suficiente para constituirse en el principio y fin de la vida.

 

La madurez del ego, del yo, alcanza un sentido absolutista… y se desconecta de los sistemas vivientes de sus propias especies y de sus recursos imprescindibles.

 

Se proclama así, el humano, como el ser poderoso de la vida y la muerte…; de la guerra, la paz…; del conflicto, de la calma…

La personalización se hace contundente.

 

Podría decirse, desde el Misterio, Misterio Creador:

“Dejaré que llegues a las profundidades de los abismos. Y cuando no sepas cómo detener la caída y el golpe, sabrás y descubrirás quién te recoge”.

 

Cada ser es una representación, un equivalente de la humanidad.

Y cada uno tiene su correspondencia con la Creación.

Y es así como podemos descubrir posiciones individuales y posiciones grupales… en torno al vivir, al estar, al pensar, al sentir…

 

La razón, con su lógica de causa y efecto, es más o menos habitual y conocida, aunque no funciona, en consciencia, de la misma manera en cada ser. Va a depender de muchos factores. Aunque habrá respuestas globales, no dejan de existir respuestas diferentes, individuales.

Terreno más o menos conocido… en los módulos del saber que establece el centralismo humano.

Esa es la que va a propulsar el hacer, la que va a hacer el cálculo, la que va a organizar y va a establecer lo pragmático, lo cotidiano, lo diario: la casa, la calle, la cuchara, el tenedor…

Pero ahí no se agota. Cada vez que un núcleo de razón se activa –“uno”-, una inmensidad de sensaciones, de sentires, de emociones, de imaginaciones, de fantasías, de ilusiones… se genera.

Ese mundo de sentires es un mundo sin anclajes, sin seguridades, sin cálculos, sin dominios. Y es más: cuando se lo trata de dominar, calcular, educar, corregir… el ser se altera, se deprime, se angustia, se desespera.

Y puesto que todo ese acontecer es… imprevisible, el Misterio se hace presente en esos sentidos, sentires, emociones, ilusiones, etcétera.

 

La Llamada Orante nos incita a percibir, a darnos cuenta de los sentidos y emociones que se gestan. Que algunos serán el adorno de una buena razón, sí, pero la mayoría serán desconocidos. Desconocidos en su origen.

Y estarán ahí –“y estarán ahí”- las permanentes influencias Providenciales.

Estarán ahí, en esas áreas infinitas, las conexiones con la Providencia.

Estarán ahí las posibilidades de desligarnos de ser el centro… para pasar a ser un elemento –uno más- que se mueve –que lo mueven-; que hace –que le hacen hacer-; que llega –porque le dejan llegar-.

Un reconocerse como testimonio creador. “Un reconocerse como testimonio creador”. Que no precisa ser centro. Que no… no existe un centro del Universo.

El mismo ‘conoci-miento’ del ser nos lleva a escudriñar la profundidad de la materia… y nos hace poetizar en una inmensa incertidumbre.

 

Al deparar en nuestra posición como equivalente de la Creación, como un equivalente de la Creación…, la validez de cualquier acción está en sintonía con el Misterio Creador.

 

Como no podía ser menos en este desarrollo de vida humana, al plantear esta situación el ser opta por la dualidad. Y tiene una parte, una acción en la que… razona, explica, calcula, hace… y otra área en la que siente, se emociona, llora, ríe, imagina, fantasea…

Separa. Y fíjense en la palabra: “se-para”. Con ese doble sentido: por una parte, separar algo que es inseparable; y por otra parte, pararse: se para en su evolución.

Y esto hace que, evidentemente, repita y repita aconteceres… de retraso; aconteceres ya conocidos, con respuestas ya estipuladas. Se para.

Y el vivir como ser de Universo… ¡no se para! Nos mueven sí o sí.

 

No obstante, el entrañable Misterio Creador nos… –por así decir- nos “permite” –para luego sentir su necesidad-… nos permite el parar, el separar; que trae el aislar y, en consecuencia, la insolidaridad, la pérdida de empatía, la falta de comunicación, la falta de interpretar

 

Y para salvar esa dualidad –pero que se ejercite- establece los compartimentos, establece los apartados, codifica los comportamientos… y de nuevo se vuelve a parar. Porque, aunque se sienta satisfecho por esto o aquello logrado, eso poco va a durar. Porque le falta el aliento. Le falta el suspiro Creador. Le falta la consciencia de un acontecer de Universo.

 

Estamos en ese tránsito… de dualidad, de especialidad, de cálculo, de centralismo, de absolutismo… Y es la Llamada Orante la que nos llama para que descubramos que… el llegar ahí se nos ha permitido, pero eso es un motivo para descubrirnos en nuestra pequeñez, para alertarnos sobre nuestro egoísmo, egocentrismo, egolatría.

 

Desde nuestra centrada y condensada consciencia, se podría decir: ¿Por qué nos han dejado llegar hasta aquí? ¿Por qué no se ha evitado, si somos una esencia del Misterio Creador?

Es el mayor error que podemos conscienciar. Sí. Porque en esa pregunta está incluido el debate del ser, con la Creación. En esa pregunta está incluida la exclusión del Misterio. Está incluida, en la pregunta, la exigencia de una explicación.

 

Visto así, nos salimos del centralismo y nos podemos decir, en la intimidad:

¿Le tengo yo que pedir cuentas a la Creación? ¿Tengo que reclamarle si lo ha hecho bien o lo ha hecho mal? ¿Si ha sido justo o injusto? Realmente, ¿tengo la solvencia para hacer esas preguntas? ¿O yo he gestado… y me han dejado? He gestado una explicación en base a trozos de razones…, para declararme y declarar mi autonomía, mi independencia.

 

Es así como la humanidad huye de lo creado, huye de… el Misterio. Porque trata de abordarlo, de cogerlo, de dominarlo. Y ante la impotencia y la incapacidad huye, para refugiarse en su hedonismo.

Y en vez de ser una especie de exaltación, de agradecimiento, de asombro y admiración, se convierte en una especie ¡cobarde! Cobarde, conformista, confundida… y congregada en torno a su vulgar y razonable opinión.

 

Airear esa consciencia de vida de Universo. Airear esa evidencia de que nos encuentran –no encontramos-. Airear esa evidencia de que nos llevan –no vamos-. Airear esa evidencia de que estamos por misterio, por afecto, por emoción, por sensación.

Somos una imagen creativa del Misterio Creador. Y recogerse en esa consciencia en el hacer de cada día, en cualquier circunstancia, nos hace conscienciarnos de manera diferente a lo que nos imponen, nos obligan; a lo que nos imponemos y nos obligamos personalmente.

 

Lo humano es una obra grandiosa, única, excepcional, sutil… y elegante.

Todo lo que se ejerza fuera de esas coordenadas se hace mortal, deteriorante, áspero, rugoso, quieto.

 

Nos llaman hacia esas dimensiones. Certeramente, las que nos alivian de las presiones, de las prisiones, de las posesiones.

 

Sí.

 

 

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domingo

Lema Orante Semanal

 

ALMADAS ESTÁN LAS VIDAS, Y GRACIAS A ELLO PERMANECEN

14 de noviembre de 2022

 

Y el acontecer se ciñe en… tensiones, preocupaciones, miedos, inseguridades, desesperos.

Y en ese estar, el ser se “des-alma”… y se arma.

Se arma de queja, violencia, desafuero… y se desalma de ternura, de amabilidad, de generosidad, de entrega.

 

Lo almado, que daba pie a lo amado, se convierte en armado, que da pie a armando y armando y rearmando… contemplando como única salida el poder del arma económica, que se ayude con la exigencia, con la suficiente violencia como para establecer un mando.

Se hace así un convivir de poderes… de infinitos rangos. Y, salvo los más ostentosos que se puedan ver, el resto es lo cotidiano: lo que se ha hecho selva humana, que dista mucho de ser una selva de vida.

 

La Llamada Orante nos insiste en la perspectiva de lo que acontece; insiste en la participación de cada uno; insiste en darnos cuenta de las maniobras que, al ser generales… –de poder, de dominio-, se consideran normales.

 

 

El Misterio Creador resulta ausente, en la consciencia cotidiana de la seguridad, de la ganancia, de la competencia, del reclamo…

 

Lo doloroso pasa a ser necesario para entender y comprender. El sufrir pasa a ser imprescindible para evaluar. Y así, la presencia, el estar, carece de calma, de sosiego y de empatía… y cada ser se vuelve competencia con otro.

Una competencia de comparaciones, de privilegios, de ganancias, de posesiones.

 

 

Todo parece saberse. Todo parece conocerse. Todo parece entenderse. Y todo se muestra en incambiable.

 

Y así, la vida se hace la monótona renta –“renta”- de cada día.

 

Almadas están las vidas… y gracias a ello permanecen; mientras que el ser las hace armadas, y piensa que gracias a ello sobrevive.

 

Es menester el descubrirse cotidianamente en lo que se propone, en lo que se dice, en lo que se expresa, en lo que se muestra.

 

Descubrirse en la textura de un velo, en la transparencia de una bruma, en la espuma de una nube.

Descubrirse en la sonrisa que no reclama.

Descubrirse en el servicio que no demanda.

Descubrirse en sentirse intermedio.

Descubrirse en la necesidad de ser, diariamente, una gota de bondad.

Descubrirse en no ser un obstáculo, sino un puente de suavidad…

 

Y que la inquietud… ¡y que la inquietud sea ese vibrar en lo almado!, en palabras que expresen nuestra profunda gratitud por la experiencia de vivir… y se vaya la queja de la incomodidad cotidiana.

 

Si contemplamos con humildad y sumisión el arte de vivir, tendremos continuamente… –“continuamente”- motivos para incrementar nuevos motivos que nos impulsen a creer y a creativizar nuestro transcurso.

 

La dualidad acecha con su duda, y la indecisión agobia con su urgencia.

 

Llegan las horas de [1]“la hache”: esas mudas, que son el basamento de un hacer anónimo que no reclama protagonismo, que no exige aplauso, pero que se evidencia su estela.

 

 Sí. Desde el silencio cómplice, rescatar y recuperar la inocencia de vida; rescatar y recuperar la ignorancia sublime: esa que de todo se asombra.

Sentirse digno… de expresarse, de escuchar, de mostrarse.

 

Atreverse, sin miedo, a asumir la luz que transportamos; a seguir la senda de la luz que nos proyecta, y las luces que nos orientan, para hacer del vivir un acontecer inusitado, único.

 

Dejar atrás lo anquilosado, lo despreciado, lo inadecuado, lo que se consideró impropio, y no cargar con ello como resultado del vivir.

 

Nos llaman a orar para recrear nuestras creencias.

Nos llaman a orar para que el credo sea representado, expresado, mostrado.

 

 

 

 

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[1]  La letra “H”, que en castellano es muda: no se pronuncia.

Lema Orante Semanal

 

AMANDO SE ESTÁ EN SINTONÍA

7 de noviembre de 2022

 

Y nos llaman a orar… con la Fe –sí, con la Fe- que derrocha el Misterio Creador sobre la Vida.

Nos llaman a orar para que nuestras consciencias se amplifiquen como universos que son, y no se anquilosen en rencores, en recuerdos... o en éxitos y fracasos.

Nos llaman a orar para que tomemos consciencia de que esa Fe, desde el Misterio Creador hacia la Vida, está expresada a través del Amor, del Amar… Y que, en ese proceso, nuestra constitución es una composición, un verso, una imaginación… de Fe en el Amor. Una especial condescendencia de ese Misterio Creador.

 

Nos llaman a orar… con la idea de que nuestra consciencia nos informe y nos forme sobre nuestro entorno, sobre nuestras capacidades, sobre lo que recibimos, sobre lo que damos, sobre “a lo que estamos dispuestos”.

Nos llaman a orar para testar nuestra disponibilidad.

 

¡Nos llaman a orar!... porque hay un plan –dentro de la consciencia del saber humano- hay un plan de Universos que gravita sobre nosotros. Un plan en el que estamos inmersos. Y aunque nada sepamos de él, nos llaman a orar para decirnos que está; está, aunque no lo sepamos, aunque nada conozcamos. Pero sí sabemos que nos… promueven, que nos dan las casualidades, que nos proporcionan las inspiraciones.

Y al decir “un plan”… significa un proyecto infinito de vivir.

 

Pero la humanidad está tan coartada por sus límites, por sus condiciones, prohibiciones, permisividades, controles… que se ha puesto una barrera a sus ideales, proyectos, fantasías e imaginaciones.

 

Nos llaman a orar para que seamos testimonios, muestras –humildes, pequeñas, pero muestras-… de calidad de vida. Calidad expresada en nuestra generosidad, nuestra disposición, nuestro servicio, nuestra amabilidad, nuestra colaboración, nuestro humor… y nuestra expresión de amor hacia todo lo realizado.

 

Nos llaman a orar para que, cada amanecer, seamos conscientes de que se avecina una vigilia de sorpresas, de novedades. Sorpresas y novedades que pueden pasar desapercibidas. Pero al saber que nos avisan, nos disponemos para descubrirlas… en la mirada de una flor, en el sonido de una pisada, en la casualidad de un tropiezo.

 

Nos llaman a orar para que renovemos nuestros votos de desarrollar nuestras capacidades. Porque en ello está nuestra personalidad, nuestra unicidad, nuestra singularidad, nuestra excepcionalidad y nuestra posición extraordinaria.

 

Nos llaman a orar para que esta oración nos sitúe en la corrección, en la actitud de replantearse, reconsiderarse, rehabilitarse… hacia los proyectos que deben insinuarse ya.

Proyectos que van desde las pequeñas casualidades hasta los grandes y fantasiosos pensamientos.

Semejantes somos al fuelle de un acordeón; que, cuando se abre o se cierra, exhala el aliento que, con el teclado, emite un sonido: desde lo más grande en la expansión, hasta el sonido que se va apagando en la contracción. Un balón de aliento de vida, que suena.

Nos llaman a orar para que descubramos nuestro sonido.          .

Si “en el principio era luz y sonido”, la luz se nos hace cegadora, pero el sonido se nos hace más cercano. ¿Cuál es mi sonido? ¿Cómo sueno yo?... ¿Qué tipo de sonidos percibo de otros? ¿Cuál es el sonido silencioso de la planta… o de la nube?

 

Sí. El Sentido Orante nos lleva hacia espacios y percepciones que, en principio, parece que no son ni aplicables ni realizables. ¡Olvidarse de ello! Lo significativo es sentirlo, percibir ese proyecto, esa idea, ese detalle. Luego ya se ‘corporalizará’… y quedará impreso en un gesto, en una palabra, o en una actitud de res-peto.

 

Nos llaman y nos llaman. Y en nuestra estructura identificamos la consciencia como esa que nos recuerda diariamente “lo pendiente”. Que nos recuerda diariamente “lo olvidado”, lo selectivamente apartado.

Esa Llamada Orante que llama a nuestra puerta de consciencia.

Y cuando llama, y abrimos la puerta, pareciera que nadie hubiera. Y ciertamente “alguien” no es. Es… la suavidad, es lo cristalino, es lo acogedor, es lo límpido, es lo que envuelve para proteger, sin defenderse y sin atacar.

Es –lo que entra al abrir la puerta- un aliento de frescura, un aliento de entusiasmo, un halo de confianza hacia nuestra posición. Lo que entra es algo que cree en cada uno de nosotros.

Esa Fe inicial, esa confianza.

Y cada vez que abrimos la puerta a la Llamada Orante, un sutil pero evidente entusiasmo de esperanza nos promueve, nos estira, nos lleva hacia esos imposibles que los seres se marcan. Y con esa Fe esperanzada, nos muestra que nuestro aliento… nuestro aliento sanador, creativo, es ilimitado. Nos da la sutil y rigurosa consciencia de una posibilidad siempre presente; de una posibilidad que diluye fronteras, que desoye artículos y… esas verdades que se hacen defensoras limitadas y limitantes.

 

Nos llaman a orar para recordarnos una vez más que “una palabra bastará ‘para’…”. Y también para decirnos: “tu Fe te ha sal…”.

Sí, así: entrecortadamente. Para dejar ese espacio de vacío, y no nos apropiemos ni caigamos en la tentación de decir que esos frutos son nuestros.

 

Los frutos de la Fe y de las palabras… no nos pertenecen. Pero nos han dado el privilegio de ser intermediarios de ellas.

No somos el fruto, pero podemos disfrutar de él. Podemos comerlo. Podemos sentirlo.

 

Y en consciencia, con nuestra pequeñez, nuestra infinitud… estamos en la frecuencia de mostrar y mostrarnos en nuestros aportes, en base a esas “dotes”… esas dotes de Amor con las que nos han ungido.

Nos hace ver que somos portadores de bondades… ¡sin sueldo!

Y por esa “soltura”, las bondades se dan… y se hacen fértiles.

 

Estamos en un tránsito de vida en el que se percibe la necesidad del aporte transparente y consciente que precisa lo necesitado.

Estamos en la posición de intermediar en lo desquiciado.

Hacer de la amabilidad un discurso de respeto… que nos permita escuchar y escucharnos.

 

El dolor de la especie clama por el remedio compasivo, generoso, dispuesto, respetuoso. Ese remedio que se encarna en la presencia, en la letra, en la palabra, en la sustancia.

Pero saberse remedio de consuelo, de fe y de esperanza, por la expresión de nuestra realización, es algo que debe latir ¡con fuerza!, ahora.

Algo que cimbree a la apatía, a la insolencia, al desdén con que la vida se lleva. Porque a la vez de llevarse así –en generalidad-, reclama, pide al aire… que el viento lleve la súplica para que aparezca el remedio.

 

Remedios somos. Nunca se han de olvidar.

No busquemos, en otras intermediaciones, la verdadera intermediación que es uno mismo.

 

Somos medios, recargos, almacenes, regadíos y gracias… de liberaciones. Liberaciones que implican, en consciencia, sentirse universo creado, amado y mantenido.

“Universo creado, amado y mantenido”.

 

Amando se está en sintonía. En sintonía se está permanentemente renovando. Y así somos sintonizadores del Misterio Creador que se derrama hacia otros, y otros hacia nosotros…

 

Preciso es… la imaginería que nos imagina, que nos da la magia de ver lo que no se ve, de oler lo que no se huele, de escuchar lo que no se escucha, de saborear lo que no se saborea, de tocar lo que siempre nos acaricia.

 

 

 

 

 

***