jueves

Lema Orante Semanal

 

LA VIDA SE DA Y NO SE DETIENE

6 de septiembre de 2021

 

 

La actividad de nuestros sueños, fantasías y emociones ha ido marcando el sentido de nuestro hacer. Seguramente son las conexiones que el Misterio Creador establece con nuestras… criaturas, con nosotros.

Las ayudas de las razones, las lógicas, las demostraciones, los descubrimientos… deberían asombrarnos. Porque no es algo logrado directamente por el hombre. Es algo que “se deja descubrir” por parte de la Creación.

El Sentido Orante nos recuerda… que nuestra posición en el vivir no es el protagonismo. Es la intermediación: ser vehículos entre el cielo y la tierra, para crear la comunión entre la humanidad. La imaginación y el sentir son lo que nos va a proporcionar la intuición y la clarividencia para la decisión justa.

 

El ser “intermediario” supone un nomadismo espiritual; una aceptación de nuestra condición, en la humildad y en la perseverancia; un saber mirarnos con respeto, puesto que la existencia y el vivir de cada ser es imprescindible y necesario.

 

Y en ese sentido, no existen funciones más importantes que otras, si bien, en nuestro estado de consciencia, evaluamos “mejores” unas que otras, por el interés, por la productividad, por la renta y por el beneficio. No son los aliados adecuados para la vida del ánima.

 

El sentirse y el vivir servicial en lo que… presentimos que son nuestras capacidades, es la vía de la decisión; es la que nos permite saber que estamos en el rumbo adecuado.

 

Desde el Misterio Creador… se nos llena el alma, porque se nos AMA y se nos insufla el arte creativo: esa disposición a descubrir… la más elegante y bella manera de estar, de actuar.

 

Y en ese ser y actuar… debemos estar atentos para no generar ninguna opresión, obligación, castigo, premio. Y sí saber que nuestra posición facilita la libre expresión de los demás; ayuda a generar la importancia del detalle; nos promueve hacia lo solidario… y hacia la capacidad de admirar a los otros, despojándonos así del hedonismo y la importancia personal.

 

Convivir –hoy- y  compartir, no es tarea fácil. Y no lo es, por el olvido que hace el ser de su herencia espiritual con respecto al Misterio Creador. Y no lo es, porque cada ser se erige en referencia y desprecia al entorno. Y es prioritario y fundamental que el hombre recupere su capacidad asociativa, sus recursos colaboradores, su atención complaciente a las necesidades.

Una “comunión de servicios” que satisface a todos… y que gesta una comunidad de ¡bondad! Ahí no hay error.

Pero el estar atento y alerta para saber nuestra posición intermediaria, peregrina, anónima e ignorante…

Sí, ignorante porque… nos proveen, nos posibilitan, nos capacitan, aunque tengamos la idea personal de que somos nosotros.

 

Si asumimos nuestro microcosmos, si asumimos nuestra imagen y semejanza con el Misterio Creador, cuidaremos de nuestras palabras, sabremos mantener la serena escucha, actuaremos con generosidad, sin agravios comparativos.

 

 

La vida se da y no se detiene. Y bajo esa referencia, debemos acomodar nuestra consciencia… y ajustarnos a ese ritmo de lo que se da y no se detiene, que es el vivir… Pero un vivir sin reproches, sin reclamos, sin quejas; con responsabilidad alegre y compartida.

Cada cual tiene su parcela de cultivo… Y cuando se juntan todos ellos, se genera el más increíble jardín.

Bajo esta imagen, cada hacer responsable y gozoso tiene un sentido grandioso: “el infinito jardín”. Saberme pieza indispensable en esa Creación. Saber que la confianza infinita, sobre mí se derrama.

Soy auxilio, remedio y recurso a la vez. “Auxilio, remedio y recurso a la vez”.

Y así, nada nos faltará.

 

En el tiempo que nos toca vivir, es frecuente la pérdida de entusiasmo, la tristeza, la depresión, la angustia, la ansiedad, el desespero… Todo ello nos aparta de nuestra referencia con la Creación. Debemos permanecer en un recuerdo permanente a propósito de nuestra filiación, sabiendo que nuestro Auxilio es el Nombre del Misterio Creador. Y que está ¡ahí!...

¡Que se hace presente e interno cuando lo invocamos!…

Que se hace alivio, consuelo y rigor a la vez…

Que apuesta por la Misericordia, y no por el castigo.

 

La Piedad, caricia del Eterno, está siempre cerca.

Su consuelo es dulce.

Su aliento es… terso.

Su ternura es… un suspiro continuo de Amor.

 

Saber que desde lo infinito de lo Eterno nos aman, nos capacita para poder expresar nuestros recursos amorosos con fidelidad, con entrega, con pasión, con ternura.

Es urgente esta realización.

Porque el hombre se ha convertido en el principal enemigo del hombre. El ansia de poder… ha desencadenado una violencia inaudita que nos hace estar en la resistencia, en el aguante.

Es un rumbo hacia el desespero.

La Llamada Orante nos alerta para que seamos oraciones vivientes… que permanentemente recordemos el auxilio que tenemos, y no caigamos en la tentación del poder, del reclamo… y sí optemos por el servicio, por el intercambio, por lo solidario.

 

Atentos y alertas para no suplir las acciones de otros, para no entrar en los espacios de servicios de otros. Pero a la vez estar –en esa atención- para servir si fuera necesario. La excepción siempre debe estar presente.

 

Es impulso –es impulso- ofrecernos en todo, estar en todo; entendiéndose por “todo”… querer abarcarlo. Mas ésa no es nuestra función. Nuestra disponibilidad debe saber descubrir nuestra parcela. Y en la medida en que se comparte la experiencia de unas con otras, así estamos en comunión con el Todo. Mas si cada cual guarda para sí su experiencia, su saber, su descubrir… se establece la disputa; se instaura el combate del conocimiento.

 

 El sentir el “es-fuerzo”, como expresión de nuestra capacidad, de nuestro recurso de fuerza, es necesario vivirlo. También nuestra disposición a una dosis de sacrificio… con bondad…; sin reclamo de aplauso.

Y así como parte de humanidades viven con esa actitud de sacrificarse, no es… -no es-, no es la posición adecuada. No saben del disfrute de la complacencia, del descubrir de la pasión…

El sacrificio es ese plus de servicio… que va más allá de lo justo, para convertirse en “extraordinario”.

 

 

Y ese “pequeño detalle extraordinario” es una semilla de millones de flores, de infinitas sorpresas… ¡gratificantes! Es así como ahora nos demanda el Misterio Creador, por la situación en la que estamos transcurriendo.

 

Mantener las posiciones que nos han llevado a esta convivencia corrosiva… no es de la naturaleza de la vida. Es el cultivo de la muerte. Muerte que, aunque no exista, se propone como propuesta; como signo de dominio y de… principio y fin.

Caer en esa dimensión, que nos ha llevado a este tiempo de destrucción, tóxico, es dejar de reconocer nuestra comunión con lo Eterno; sentirnos “independientes”; no asumir y aceptar la interpendencia.

 

La evolución humana nos ha ido adoctrinando paulatinamente… ¡con miedo! “Con miedo”. Y no es ésa la versión auténtica de nuestra ánima, que, cómo ánima, en el amor se cultiva. Y el Amor… “no tiene miedo”.

Y en la medida en que se ama… sin límites, sin espacios, sin ¡tiempo!, con actualidad permanente, el miedo no tiene presencia.

Ahora bien, si el amar es compartimentar espacios, delimitar actuaciones, sectorizar emociones –en definitiva, parcializar y parcelar la emoción-, entonces entraremos en el egoísmo partidista, en la renta “necesaria”… y en las previsiones de “seguridad”, acrecentando así el miedo y apartándonos de la instancia de Amor.

  

Apartarse de situarse en prototipos de estilos de lo que va a ocurrir, de lo que ocurre, de lo que ocurrirá… Si somos una entidad insólita, única e irrepetible, imprescindible y necesaria, no estamos sujetos a ningún plan “habitual”.

 

Esa continua referencia: “Porque la mayoría…; porque en la mayoría de los casos…”, es una referencia a pensamientos, actitudes, que no tienen ningún sentido ¡libertario!; que son esclavistas; que ya están condenados por su etnia o por su posición cultural, social o religiosa. “Es que la mayoría”… Cada ser es insólito, imprevisto e inesperado, imprescindible y ¡necesario! No se debe uno encuadrar, ni encuadrar a nadie, en esa corriente de “la mayoría”.

 

La “solidaria comunión”, con el respeto de la excepcionalidad de cada ser, es la posición de fuerza… que no se deja arrastrar ni por mayorías ni por minorías.

 

Implorar… no es una debilidad.

Suplicar… no es un defecto.

Implorar y suplicar a la referencia del Misterio Creador… es una necesidad, mientras no alcancemos una consciencia plena contemplativa.

 

Imploremos y supliquemos en el mantra.

 

aAAAAAMEnnnnn

 

 

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miércoles

Lema Orante Semanal

 

RE-INICIARSE: HACERSE ECO DE LA NECESIDAD DE TRASCENDER

30 de agosto de 2021

 

Desde la infinita pequeñez del ser en el Universo, en su residencia se hace grande, importante, llamativo, exigente, depredador y... prepotente.

¿En verdad se sabe –o sabe el ser- dónde está? ¿En qué Misterio le han colocado? ¿En qué entramada red de casualidades, suertes, imprevistos e inesperados… está?

 

Y es así que la humanidad, lo humano, procede… ignorando, desconociendo –por supuesto- y al margen de su pequeñez infinita en el Universo, que es capaz fraccionadamente de contemplar. Y cuando lo hace, lo reseña como hazaña.

Es así que procede… ”realmente”, a ¿vivir?

Virtualmente. Ya que lo hace a espaldas del Universo en el que se encuentra.

Se quedó anclado en su conocer del sol y la luna, en sus lluvias, sequías y tormentas, y en su poder devastador, controlador y dominador… que le hizo ser autosuficiente, sin serlo.

Virtualidades”.

 

La Llamada Orante nos sitúa hoy en las expectativas que podría –¡y puede!- desarrollar el ser, si se sumerge en la idea de un Universo Creador… vivo; entendiendo por “vida” aquello que se expresa, se mueve, se cambia, permanece…

Si hace una apertura de consciencia más allá de sus quejas, sus versiones y sus particulares dificultades, probablemente su ejercicio de vivir se vería influenciado por el Misterio Creador, hasta tal punto… que, consciente de su infinita pequeñez y de la excepcionalidad de su presencia, modificaría sus respuestas en su cotidiano acontecer.

Dejaría de hacerse ¡mundos y mundos!... de cualquier situación, que hipertrofian realidades que, tan solo con serenarse, que tan solo con aplicarles una mínima transcendencia, dejarían de ser obstáculos: “mundos”.

Y todos esos mundos acontecen por vivir en esa virtualidad. En esa cápsula que… se incomoda al creer, le molesta el confiar, le da frío la fe…

Sólo confiando en su versión; solo aceptándose a sí mismo, “hasta cierto punto”.

 

Cuando contemplamos nuestro ser y estar, con la visión transcendente de la Creación –es decir, si nos acomodamos, si acomodamos el zoom y reevaluamos las situaciones-, nos abrimos a posiciones de suspiros, anhelos, fantasías… realizaciones y convivencias de abrigo, de consuelo, de cuidado.

 

Es una nota constante, que la Llamada Orante nos sitúe, nos haga reconsiderar nuestras diferentes posturas, actitudes, quejas...

 

El silencio cómplice nos permite decir que todo esto, todas estas advertencias y avisos, ¡el hombre ya los sabe!; ¡ya es consciente de ello! Pareciera que fuera una advertencia de repetición, una advertencia de antigüedades que ya no se usan. ¡Ahhhhh! ¡Eso es!: “que ya no se usan”. Se saben. ¡Bueno!… saber es un concepto tan amplio que nunca se sabe.

Y de hecho, cuando se trata de limar asperezas, de amplificar conceptos, de despreocupar problemas con el recurso de ideas orantes, de ideas creativas, de… el misterio de estar, de la valoración de recursos, etc., la respuesta a lo que “se sabe” no... no se ejercita. No hay una –digamos- posición de recuerdo, de: Es cierto, estoy enclaustrado, encapsulado, ¡y puedo abrir mi cápsula!”.

Pero es tal la herencia recibida, es tal la importancia de lo ganado o el deseo de llagar a tenerlo –lo que sea-, que en esa virtualidad se pasa por severas dificultades. Y se hace de la vida un aprendizaje en el sufrir, en el doler, en la protesta, en la queja, en el “es así”.

 

Re-iniciarse en el proceso de estar y desarrollarse, es una estrategia que sugiere la Llamada Orante, para no quedarse enclaustrado en los requeridos e impositivos momentos que establece uno mismo o le establece el entorno.

 

Es preciso un reclamo de Piedad…, un anuncio de claridad…, una sincera puesta en escena –“en escena”- de lo sentido, de lo apreciado, de lo entendido. Sin el temor del rechazo, sin la incomodidad de ser mal visto.

Reiniciarse con la expectativa de “lo ya fracasado”, de lo que fue inoperante, de lo que fue insensato e inadecuado, supone un nuevo nivel de percepción. Y con ello, una evaluación diferente de cada día, en donde pueda surgir el entusiasmo, la ¡valentía!, la sencilla y sentida humildad, con las palabras transparentes y claras que ahuyentan los dobles sentidos o los engaños camuflados de verdades.

 

Y sucede que… cuando una mayoría –véase entorno- ve la botella “medio vacía”, se produce un contagio de desespero, de rabia. Y la vida empieza a ser una repetitiva queja que no se agota, pero que termina agotando.

Hay que salir de ese lugar, de esa perspectiva, porque la botella no está “casi vacía”. La botella está llena. Y no “medio llena”. Está llena.

 

Pero la manipulación continuada y evolutiva de poderes, deseos, posesiones, pertenencias, etc., de muy diferente nivel, se sitúa en esa franja de “medio vacía” o “medio llena”. Y está llena. ¡Estamos llenos de recursos! Estamos llenos de posibilidades, probabilidades, propuestas, sugerencias.

Si cada ser es una unidad insólita, excepcional, imprescindible y necesaria, no puede estar ni medio vacía, ni medio llena. Está… ¡llena! Porque es portador de un mensaje Creador, porque se le ha dotado de talentos plenos para que se ejercite en esa posición. Pero ocurre que, cuando las necesidades de poder… –de poder demostrarse a sí mismo, de poder demostrar a los demás, de poder conseguir, de poder atender, de poder…-, en ese caso, la botella está casi siempre “medio vacía”.

En vez de escuchar el Eterno Infinito, que nos reclama –orando, meditando, contemplando- que nos fijemos en nuestras capacitaciones, recursos, medios…, que descubramos cuál es la demanda que nos hace la Creación, por la cual nos han traído…

¡Sin imitar! “Sin imitar”. Buscando referencias de Universalidad que nos aparten de las obsesivas compulsiones que se generan ante demandas y demandas del medio, y demandas de las que el propio ser se hace eco y las incorpora a sí mismo.

 

 

Encogidos se presentan los ideales. O retorcidos y ocultos. O rodeados de prosopopeyas y adornos innecesarios… Y así van quedando como “reliquias”.

 

Si no se sueña, no se vive.

¿No es acaso cierto… que nuestro despertar consciente viene precedido de un sueño… de un sueño desconectado, pero a la vez, íntimamente ligado a la vigilia?

Sin sueños no se vive. Se transita en el tropiezo, en el dolor, en el inconveniente, en el prejuicio…

Se hace muy cara la alegría, el ánimo.

Pero existe, quizás por esa insistencia de desánimo, de media botella –“medio llena”-, existe como un... -¿cómo llamarlo?-… como un obcecado afán por caer en lo más duro, difícil, incómodo, y volver con la antorcha del triunfo de haberlo superado.

¿Qué pretende con ello demostrarse? ¿Qué realidad virtual más, innecesaria? –por no introducir algún pequeño insulto-.

Pero es evidente –no es que parezca, es evidente- que cada uno trata de triunfar como sea; pero se somete –claro- a las dificultades.

El no saber apreciar el estado de hacer, fluido; el no saber apreciar el aliento y el alimento de un vivir sin contradicciones, con la ilusión de cada día, y optar por el sufrir de cada momento, supone un deterioro. Supone un descaro tan impresentable, que cabría decir, evidentemente, que la conducta del humano es ¡desagradecida!

Parece como un dictamen inevitable el estar en sufridas y sufridos aconteceres que otros ya han pasado, y que generaciones también lo han vivido, pero hay que volver a repetirlo.

¿Dónde está la evolución complaciente…?

No. Es una involución ‘displacentera’, de la que se espera luego salir para… ¿para qué?

 

Pareciera que se ha bebido de una pócima de angustia, ansiedad y desespero. Y que es el alimento para conseguir, lograr y alcanzar. De nada sirve que generaciones, personas… hayan logrado o conseguido una posición ventajosa. No. Se tiende a –de nuevo- otra lucha. No se salta de plataforma en plataforma de… el logro, la consecución y la complacencia del compartir en el disfrute.

La humanidad está desmembrada. Cada individuo tiende a ejercitarse en su posición, y en general, los demás son un obstáculo; cuando, realmente, la vida sería… “sería”. Y los demás son imprescindibles, necesarios, fundamentales. No existe además un yo individual absoluto, y “los demás”. Somos una unidad entrelazada, conjugada, conjuntada, en unas condiciones especialísimas, en un lugar perdido del Universo.

 

Hacerse eco de la necesidad de trascender, de percibir la Piedad permanente, de asumir el ensueño, el sueño, como ideales transparentes, no como logros de sufrimientos, batallas y guerras de cualquier índole.

El ir a buscar la guerra, como referencia para un triunfo y para sentirse valioso, no parece ser el mejor recurso. Se carga de mentiras, de estrategias falsas, de supervivencias a cualquier coste.

 

Démosle, al menos, a la consciencia de vivir, la gratitud, las gracias por estar; que de seguro que, al menos, un sorbo de virtud se habrá probado. No solo hiel de acritud.

Ese sorbo de virtud es la referencia de trascendencia, de permanencia virtuosa que nos aparta de lo virtual.

 

La bebida está ahí. Nunca se agota.

 

PIEDAD…

 

 

 

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lunes

Lema Orante Semanal

 

NOS LLAMAN A ORAR PARA ACLARAR NUESTRAS ACTITUDES

23 de agosto de 2021

 

¡Tormentas!, como los tormentos que nos acompañan, pero que a la vez derraman agua que nos alimenta, que nos refresca, que nos nutre…

Los mensajes de la Vida, de este escondite del Universo en donde habitamos, se nos presentan con frecuencia, debido a nuestro nivel de consciencia, como “bueno” y como “malo” a la vez.

El Llamado Orante busca que el ser trascienda a esa dualidad; que seamos capaces de universalizarnos sin perder nuestra particularidad, nuestra excepcionalidad. Y al universalizarnos en nuestra excepcionalidad, vamos paulatinamente abandonando nuestro afán de convencer, de ganar, de obligar… y así podemos entrar en un convivir; en un convivir de cuidos y afectos… que nos reclaman las almas almadas, amadas.

Ciertamente, el planteamiento de esta forma es difícil de rebatir, sí, pero la mayoría de las veces se queda en un planteamiento. Porque el ser, en su excepcionalidad, trata de convencer, de vencer, de imponer… Y en la historia que podemos recordar con más o menos fidelidad, nos encontramos inmersos en esas guerras, en esas luchas permanentes entre deidades, costumbres, hábitos…

Todo ello ocasionó esas guerras religiosas, espirituales. ¡Y siguen!; con menos dramatismo, pero con la misma insistencia en reclamar la verdad para imponerla sobre otros.

Quizás la excepcionalidad del ser es lo que promueve ese divismo o esa egolatría idolátrica que, en vez de admirarse, admirar, sobresaltarse y emocionarse con lo viviente, trata de acomodarlo, arreglarlo, mejorarlo…

¿Se puede mejorar la vida, por parte del humano proceder, sin saber realmente qué es la vida? ¿O más bien se la puede manipular… para obtener beneficios personales, grupales, accidentales o circunstanciales?

Si todos somos excepciones únicas e irrepetibles, nuestros recursos no están para vanagloriarnos; están para compartirlos, para aprendernos los unos de los otros, para solidarizarnos en muy diferentes aspectos y áreas.

 

Y seguramente eso es lo que siente el alma; mas… la excepcionalidad empuja      una a otra y la convierte en liderazgo, la transforma en estandarte. Y en esa vía, se desprecia, se aparta, se selecciona, se impone…

 

La vida, en su excepcionalidad, habita “en presencia” gracias a su solidaria simbiosis, gracias a su solidario compartir.

Pero parece ser que lo humano no lo entiende así. Aunque se puedan asumir universalidades, las particularidades se hacen fuertes, los radicalismos se hacen ¡vehementes! Y apenas si se deja espacio para compartir. Apenas si hay respuesta, cuando se demanda una pregunta. Y duele, sí. Y todos viven dolientes de una u otra forma. Porque al preguntar y al preguntarse, y no obtener respuesta, el ser se inquieta, se imagina, se supone…

Es lo que se suele decir en el argot popular “dar la callada por respuesta”: un desolador desplante a la sinceridad.

Pero la vida, en su intricado proceso, acude a nuestro auxilio y nos recompensa con el Misterio, nos recompensa con la esperanza…, que ya lleva su tinte triste, por tanto esperar. Pareciera que siempre viviéramos ¡con retraso!

De tanto esperar la llegada del agua, el sediento se desconecta, fabula, entra en el delirio de la sed.

No es –no-, no es de excepciones, de excepcionalidades, el trato que lo humano se da a sí mismo y se da a otros de humanidad. Esa indecisa actitud, que angustia en la espera de “hacia dónde irá, o no…”.

Y así, la humanidad se debate con sus justificaciones, sus replanteamientos, sus cambios de posición, para adquirir una mayor representación, un notable protagonismo, como lenguaje de lo verdadero, como lenguaje de lo auténtico. Lo demás sobra.

Y si hay algo que podemos corroborar a propósito del fenómeno de la vida, es que no hay algo que sobre. Todo resulta, en su excepcionalidad, imprescindible y necesario.

¿Qué haría, qué haría lo bueno si no existiera lo malo? Lo necesita para justificar su bondad. ¿Qué haría lo malo si no existiera lo bueno? Lo necesita para imponer su voluntad.

Y en esa dualidad… se ciñe lo cotidiano; como un mal sueño, como un despilfarro.

Sí, como un despilfarro; porque, ante tanta excepcionalidad, cómo es posible tan inmensa desigualdad, tan despreciativa actitud… que nos plantean un vivir clasificado, ordenado según el molde que sea el demandado o el impuesto o el sacrificado.

Parece que nunca hay tiempo para la resolución. Parece que nunca es el momento para la aclaración. Parece que debe ser todo confuso, todo apurado y preocupado.

Así, el testimonio, la claridad, la evidencia, se borra, se embarulla, se enreda. La justificación temporal es… muy recurrida. Y la ocupación responsable… –¡uf!- muy apreciada. Y así los unos se aprovechan de los otros, y los otros se aprovechan de los unos.

No. No es de ley, siendo excepcionales, una conducta tan justificativa. Es un poco deprecio al vivir. Es un poco desaliento hacia el otro… el aprovechar y el aprovechar, como si la carencia fuera la esencia, cuando resulta que lo excepcional es lo abundante.

 

Y se convierte casi en un arte el liberarse de hacer esto o aquello, que otros vendrán y lo remendarán. Y parece como si la humanidad fuera feliz así: unos evadiéndose; otros esclavizándose y poniéndose la medalla del mérito. Como aquel que decía: “¡Ay!, ¡menos mal que existen los pobres! Son muy agradecidos, y me hacen sentirme bondadoso”. O aquellos que dijeran y dicen –los pobres-: “Menos mal que están los ricos, que cuando son generosos nos dan de comer”.

Todo es ¡un despilfarro de despropósitos! Eso sí –eso sí-, como justificativos temporales de hace unos tiempos, se emplean los “perdones” y los “sientos”.

¡Qué vas a sentir!... Si lo sintieras, otra cosa harías.

 

El perdón es un gran argumento. Permite cualquier tipo de eventos: malos, regulares, vulgares… Sí. Siempre habrá alguien que te perdone. Y siempre habrá una justificación que apoye tu posición.

Y entre perdones y justificaciones… deambulan las excepciones. No es una forma de ser excepcional. Es una manera de aprovecharse de otro elemento que aparece permanentemente, y que no se sabe de verdad, en certeza –salvo excepciones-, qué es, como “el Amar”.

Y así que, si nos fijamos, el ser oscila entre los perdones y los amores: “¡Ay! Te amo mucho. Lo siento. Perdona”. Entonces, ¿qué es amar? ¿Justificarse? ¿Perdonarse? ¡Tantas cosas que se hacen por amor!, ¿verdad?: se bombardea por amor, se arrasa por amor… Sí. “Por el amor al país, al grupo, al primo, a la tía, al sobrino… me sacrifico y renuncio, y a la vez me pido perdón por no…”. ¡Uf!

 

Quizás el Sentido Orante nos demanda que... que se deje de justificar el ser; que deje de utilizar el tiempo como coartada; que no se ampare en el perdón como vía para desubicarse; que no utilice –¡please!- el amor como… “maravilloso”, si luego se ejercita como cumplidor, como ocasional, como circunstancial.

 

En todo este manantial de inquietudes, de ¡confusiones!... debemos plantear la posibilidad de “la resolución” –como nos advierte el I Ching-.

Cuando nunca hay momento, cuando nunca hay tiempo, cuando no se puede, no se puede, no se puede, no se puede… quizás en ese aglomerado y confuso instante, el ser se reclame la decidida posición que le conduzca a su excepcionalidad humilde, referenciada, generosa, ¡y no justificativa!

Cuántas veces se dice: “Y llegará el momento en que… Y habrá un momento en el que…”.

La carcajada del tiempo es inmensa. Porque eso no llega.

Mientras, la farsa del tiempo se hace la reina, el rey, de la justificación.

 

Sí, se puede exclamar: “¡Ay!, ¡qué pena de vida!”. Teniéndolo todo, el todo se enreda, se obnubila…; se desprende de la Creación permanente. Y entra en la mismidad indolente.

 

La oportunidad mágica de vivir en la excepcionalidad de los recursos… nos debe promover hacia una claridad radiante, una disposición permanente, una respuesta ¡inmediata!; una espera de esperanza permanente que se corrobora diariamente, que se renueva permanentemente.

Renunciar a la claridad, a la transparencia, a la sinceridad, a la respuesta, a la asunción de nuestras posiciones… es crear dolientes, es crear dolores. Es hacerse sufriente hasta tal punto que… los ‘sufrires’ se hacen amores… en donde la sonrisa escasea, la caricia se ausenta y... la apariencia se señorea.

 

Es preciso no darse continuas y permanentes treguas. Resulta cada vez más inquietante la espera. Y más hiriente el sufrimiento.

La toma del impulso –en la excepcionalidad de cada ser- de situarse en la referencia amorosa de lo dispuesto, de lo claro, de lo entregado, de lo generoso, de lo compartido, de lo solidario… cuanto más tiempo se retrase, más difícil será asumirlo, como ya está pasando. Porque la cómoda disposición de la duda, de la indecisión, de la justificación y de los perdones… todavía puede ejercitarse.

 

Nos llaman a orar para despejar nuestras posiciones.

Nos llaman a orar para aclarar nuestras actitudes.

Y el orante no puede anteponer sus exigencias, porque estaría orando a una farsa; estaría orando a un… ídolo.

Lo orante que llama es Misterio Creador; es Proveedor de providencias, de permanentes casualidades, suertes y… generosidad.

 

Veamos en el otro el Misterio Creador; veamos en el otro su reflejo, y despertemos a la admiración complaciente de todo lo viviente.

Es una necesidad.

 

¡Piedad!

 

 

 

 

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