domingo

Lema Orante Semanal

 

LA RUTINA

10 de agosto de 2020

 

La rutina adormece la sorpresa. Incomoda a la imprevisibilidad. Dificulta enormemente el progreso cotidiano. Y se hace ‘cost-umbre’: una costura mal hecha que cohabita con su realidad… –sinceramente, con cierto aburrimiento-.

 

Deducir con todo ello que así es la vida, guiados tan solo por el interés personal que se agota rutinariamente… es preocupante.

 

El Sentido Orante nos remite a otra lectura. Nos remite a interpretar, evaluar, valorar cada situación. Nos remite a considerar las casualidades y los momentos intuitivos, como… lenguajes creadores.

 

Cuando nos hacen “Llamada Orante” nos quieren decir algo. Pero es obvio que no emplean nuestras voces y nuestros vocabularios ni abecedarios, sino que se valen de ellos para hacer, el transcurrir, en pequeñas o en grandes –depende de la consideración de cada uno-… en pequeñas o en grandes divergencias, controversias o sorpresas.

 

Cuando la costumbre se acomoda y la comodidad se instaura… ¿se le deja algún espacio a la Creación? ¿Se le posibilita alguna sugerencia a la creatividad…?

También de la misma forma –es obvio- se busca el confort y la calma, los no conflictos, todo en paz…

“No hay calma”. Estamos rodeados de conflictos. No existe ahora la paz. Estamos en territorio humano, siglo XXI, en guerra… de muy diversas formas y maneras. Cada uno consigo mismo, y uno con el otro, a veces tan cercanos que son trifulcas. ¡Increíble!

No obstante, se busca el acomodo; ese “estado –que nos promociona el poder- del bienestar”; esos rescates sonoros de monedas falsas… que sólo buscan atrapar, como rapiña, buscando… arruinar, para enriquecerse otros.

 

Y en todo ello –de confort, bienestar, acomodo, tranquilidad y paz-, se promueven las seguridades, y cada cual trata de buscar la suya. ¡Qué penosa imagen de la vida! Ni el ciervo joven, en su timidez, se atreve a ocultarse, esconderse. Olfatea el aire en todas las direcciones y sabe hacia dónde moverse. Los depredadores no lo tienen fácil.

 

La seguridad se extiende al nudo. “Nudo”. Sí, el “atar”. Y ata esto, y ata aquello… Y cada atadura es una mordedura que se desangra. Porque la vida no es un nudo…; es una flexible cuerda para saltar a la comba.

 

Pero –¡ay!-, a través del tiempo, los miedos, las seguridades, se han instalado, y reclaman hasta sueldos para vivir. ¡Para vivir! ¡Sueldos!

 

El potencial de los dineros se ha hecho acreedor de lechugas, tomates, carnes, pescados, casas, vehículos… Con especulación, ¡claro!

 

Y se sigue buscando esa vibración de ataduras… que se hacen –claro- incapaces de contemplar otras bellezas que no sean las que ya le establecieron, le dijeron. Las incorporó y las aplaudió. Las promociones hicieron su trabajo… y los adeptos surgieron porque no tenían creatividades propias… y nada que ofrecer, que no fuera la repetición de la vulgar faena; de la vulgar faena de un vivir egoísta, acomodado, asentado, exigente, confortable, seguro.

 

 

La Llamada Orante nos descubre estas particularidades que de seguro que cada uno las ha escuchado, las ha criticado, e incluso no está de acuerdo con ello, ¡pero!… las practica.

Con frecuencia se piensa que, cuando nos llaman para orar y para descifrarnos situaciones, a veces se piensa que… que va a ocurrir algún hecho diferente a lo cotidiano. Pero… vean la interpretación del lenguaje de la Creación, del Misterio Creador: en sí mismo, ya el hecho de producirse una Llamada Orante implica una excepcionalidad, una abrumadora casualidad. Pero hasta la propia oración se puede convertir –en el intelecto o en el fervoroso participante- en una retahíla de palabras o de conceptos o de ideas que… ¡psss!

 

Sí. El Mensaje Orante nos dice que su lenguaje, para que podamos descubrirlo y referenciarlo, utiliza el transcurrir cotidiano, los pequeños detalles, las conversaciones, las casualidades, los gestos…

¿No somos acaso llevados? ¿No somos acaso transportados?

Entonces, ¿en base a qué, cada uno puede decir y puede apropiarse de su percepción? No es suya. Es un elemento que se le mueve, ¡que lo mueven!, que nos promueven. Que no hay “algo” que nos pertenezca. Que la Creación no paga sueldos por los deberes prestados.

Hay un error muy frecuente –muy, muy frecuente-, ególatra, egocentrista total, y egoísta. Hay un error tan frecuente que a veces el ser no se da cuenta, y es el considerarse…

Muchos seres, millones de seres –claro, al decir “muchos” hablamos de millones-, consideran que con su intelecto, su capacidad, sus posibilidades y sus recursos, colaboran activamente con la obra de Dios, del Misterio Creador.

¡Ay! ¡No sabíamos que era inválido! No sabíamos que era dependiente; que estaba en la lista esperando… recibir ayuda. Creíamos que no, que no era así. Pero para muchos, muchos, muchos, muchos, y cotidianamente y frecuentemente, el ser, cuando realiza algún acto generoso, bondadoso, hábil, alegre, convivencial… piensa que está colaborando, está ayudando a la obra de la Creación.

 

Si de algo sirve nuestra intermediación, pues decir que… “absolutamente, ¡no!”.

 

Nos promueven a la bondad, nos promueven a la misericordia, nos promueven a la piedad. Nos promueven y nos promueve La Fuerza del Misterio Creador, a través de los recursos de los que fuimos dotados… por esa misma Creación.

 

En la medida en que nos sentimos intermediación, en la medida en que nos sentimos servidores de una Creación de Misterio, dejamos de egonomizarnos en el hedonismo “pituitario” –por ponerlo en un sitio alto, ¿verdad?: “hedonismo pituitario”- en el que ya no hay que preocuparse de querer ser mejor.

Escucha… escucha lo que transcurre. Mira lo que ves… Acrecienta tu olfato… Aumenta tus sabores… No olvides tus pieles plegadas, que ellas son también sensores de percepción.

 

Sí. En ese estado cómodo se almacenan las espesuras, se rebrotan las repeticiones más allá de lo necesario… y el ser se hace tan poco permeable, que los mejores mensajes, las mejores ofrendas, rebotan en tanta espesura… que sólo se suele avalar en sus pasados –que ni siquiera se hacen vibrantemente presentes-.

 

 

La propuesta orante, en su llamada, ya nos advierte de ciertas situaciones. Pero lo más significativo es la impresión con la que el ser se queda. Con esa impresión, el ser afronta lo que acontezca de una manera creativa, de una forma novedosa, y es capaz de contemplar cómo el lenguaje creacional está inmiscuido en cada detalle.

 

Recogiéndonos en la actitud de interpretar, de clarividenciar nuestro hacer como intermediarios, como reflejos creadores –a sabiendas de que nuestros bloqueos, prejuicios y frenos son una constante imposibilidad para encontrar, cada uno en su ser, el regocijo de vivir, y en consecuencia, no ser el transmisor, el conector necesario para las necesidades de otros-, sabiendo que todos somos necesitados… del Auxilio Creador.

 

Escuchen y sigan…

 

AAAMMMMAAAMMM…

AAAMMMMAAAMMM…

AAAMMMMMAAAMM…

 

Hagan, del día, una nueva balada de Amor.

 

 

***