lunes

Lema Orante Semanal

 

Compasión. Misericordia. Piedad.

10 de febrero de 2025

    Al abordar cualquier situación, podemos adornarla con algunos adjetivos que maticen, que aclaren, que abrillanten las expresiones.

    Si tuviéramos que elegir cuál sería el más cercano desde el Misterio Creador, la Llamada Orante nos remite a la ‘Com-pasión’.

    Sí. Es un instante de simultaneidad en el que, por una parte, el ser expresa –con pasión, con fuerza, con convicción- su proyecto, su postura, su idea.

    Y la compasión: aquella actitud en la que sabemos asumir, aceptar, adaptar nuestras posiciones a otras que se nos presentan diferentes, distintas, débiles o fuertes, pero que nos hace ser compasivos. No intervenimos para vitorearnos o desgarrarnos.

    Probablemente, dentro de los atributos que “torpemente” establece el ser hacia el Misterio Creador, la Compasión, junto con la Misericordia y la Piedad, sean los elementos como más acogedores para poder retomar, para poder volver a empezar, para sentirse en la inmensidad con el regazo de esa Compasión, Misericordia y Piedad.

    Sí. Se puede aducir que, cuando en nuestro nivel –en nuestro nivel- ejercitamos esa compasión, podemos exagerar, podemos quedarnos cortos, podemos hacernos permisivos y tolerantes…

    Sí. Pero no estamos siendo compasivos. En la compasión se mantienen los criterios, los principios, las referencias que el ser tiene, pero ocurre que no se hacen poderosas, que no se hacen violentas, que no se hacen impositivas… sino que se hacen cooperantes, se hacen en esa disposición de consenso.

E insistir en esa dualidad con la que empezábamos: con pasión y compasión.

    En esa medida podemos mostrarnos claros, ¡con pasión!, convincentes, pero a la vez ¡complacientes!

    Parece una contrariedad, pero no. Porque en esa compasión escuchamos, tenemos en cuenta al entorno, al otro, a los otros; evaluamos y valoramos nuestras posiciones y, con el debido respeto, nos ponemos en la actitud adecuada: aquella que se hace evidente que es la consensuada, la que no persigue privilegios, pero acepta excepciones.

    De hecho, si nos fijamos, la Compasión, la Misericordia, la Piedad, son excepciones que aparecen a través de otros, a través de la casualidad, a través de circunstancias, a través de… muy diferentes elementos, y que “rompen” –por así decirlo- la incapacidad, la imposibilidad o el desánimo.

    Es esa simultánea aparente dualidad la que el Misterio Creador derrama sobre lo viviente. Por una parte, asume las discrepancias, las distorsiones, las variables, las mutaciones, los imprevistos. Y, por otra parte, anima, promueve, incentiva, estimula.

    A la hora de, desde nuestra humilde sumisión, ejercitarnos en la Compasión, debemos asumirnos –con la debida humildad y sumisión, repito- en una disposición de ser llevados, de ser guiados, de ser dispuestos, disponibles, para que a nuestro través se pueda ejercitar esa Compasión.

    Si asumimos esa actitud de intermediación, si abandonamos el protagonismo del lucimiento y de la importancia personal, de seguro que la Compasión, el ejercicio de la misma, va a ser eficaz, va a ser puntual, va a ser necesario.

    La actitud misericorde de la Creación se ejercita permanentemente, haciendo de nuestras torpezas, de nuestras miserias, un conjunto de posibilidades que se rehacen, que se hacen concordia, que se hacen brillantes.

    Y es así que podemos percibir esa Misericordia, si estamos atentos a nuestras referencias celestes de una manera constante. Es como reciclarnos, convertirnos, transfigurarnos. A eso llega la Misericordia.

    Convertirnos, transformarnos, transfigurarnos… ¡en un estar diario! No tienen que abrirse los cielos ni las tierras, ni ocurrir algo que... ¡No! Eso está ahí. Incide cuando, despiertos en humildad y sumisión, nos relacionamos, nos congeniamos, nos hacemos una solidaria actitud con lo viviente, y en especial con nuestra especie.

    Y es así que deberemos escuchar algo más –nos dice la Llamada Orante-, algo más que nuestra endógena palabra, algo más que nuestros criterios aprendidos, algo más que nuestras costumbres, algo más que nuestras enseñanzas; ¡algo más!, que nos mantiene, nos entretiene y nos sostiene en el Universo.

    Se ha gestado una naturaleza humana como si fuera una creación propia…; como si el ser de humanidad se hubiera fecundado a sí mismo y se hubiera dado luz para… alumbrar su camino.

    Ese es el comportamiento que habitualmente se ve. Y parece ser el más exitoso, el más triunfante, el más contundente, el más “poderoso” entre nosotros. ¡Pero hay alguien más que nosotros! ¡Hay algo más… que nosotros!

    Y basta con recordar ese “algo más”, que es un misterio y que se expresa de miles de formas; es suficiente para que sintamos la Misericordia… y nos dispongamos a transformarnos, cambiarnos, transfigurarnos, de una manera habitual.

    Se trata ciertamente –según los medios de la Llamada Orante- de recuperar… –pero siempre están- de recuperar de una manera consciente, sensitiva, emocional, animista, nuestra esencia de Universo, nuestro proceder de un Amar Infinito e Inmenso.

    Cierto es que se puede quedar todo en palabras y en diferentes ‘entendi-mientos’, con lo cual, pues resbalará sobre la actitud de estar y de actuar. Pero démonos la oportunidad, ¡ahora!, en los momentos de orar, de adentrarnos en esa Compasión, Misericordia, como un momento nuevo, distinto. ¡Que está ahí desde siempre!, ya, pero el “siempre” resulta demasiado grande para nosotros. Que está. Dejémoslo así, en “está”.

    Pero habitualmente no se tiene en cuenta. ¡Claro!, se tiene en cuenta cuando no se es capaz, cuando la dificultad apremia, cuando la incomodidad aprieta, y entonces se pide Misericordia, se pide Compasión, se pide Piedad.

    Se le da bien a la especie, pedir, sí. Pero –lo dejemos en “probablemente”-, probablemente, si insistiera en su naturaleza de Universo y se atreviera a percibir que es un producto de la Misericordia, de la Bondad, de la Creación, de la Piedad, entonces quizás no precisaría estar en esa dualidad de: “Yo, yo puedo, puedo, yo, yo, yo, yo, yo… Soy así, así, así, así…”. Y de vez en cuando, cuando ya no puedo: “Por favor, dame la fe. Por favor, ten piedad. Por favor…”.

    El protagonismo hedonista del ser, como actitud prioritaria, dificulta sin duda cualquier otra experiencia, aunque “teóricamente”, aunque “especulativamente” se hable y se diga que las cosas son diferentes. Pero mientras no se sientan, mientras el animismo no se encarne en nuestras consciencias, estaremos con ese doble discurso en el que predomina obviamente el personal, y en el que, cuando no es capaz, recurre al extraordinario, y pide Piedad, Misericordia, Compasión…

    Si nos damos cuenta de que para seguir necesitamos esa Piedad, esa Misericordia, esa Bondad, esa Compasión…, nos dejaríamos guiar por nuestra intuición, nuestra idealización, nuestra imaginación, nuestra fantasía, nuestra ilusión. ¡Que no es nuestra! Es la inspiración de la Creación que gravita sobre nosotros. Nada nos pertenece.

    Somos expresión de un Misterio Creador. En consecuencia, cuando asumimos y adoptamos posturas, posiciones de intransigencia, de combate, de distorsión de lo que transcurre, estamos alejándonos de nuestra naturaleza.

    Sí; nos dan, por cada pisada –sí, por cada pisada- nos dan, nos dan, nos dan el impulso para lanzar el otro pie con su pierna, para seguir.

    ¡Ay! La Piedad nos… ¡conmueve! Sí. Por momentos nos hace sentirnos siempre ¡indignos!

    Es un acto de soberbia. Porque, en otros momentos, esa Piedad –que no tiene definición- es el bálsamo del silencio… que nos acaricia, que nos bendice, que nos hace ser a cada uno una excepción, que nos da la bondad suficiente para el respeto mutuo y la convivencia transparente, consentida, con sentido común.

    Con esa Piedad indefinible, nos descubrimos en los recursos que están, que custodiamos, que no hemos hecho nada para tenerlos, que nos los han dado para ejercitarlos y para ser un servicio en el que la prioridad son los otros.

    Venga el sentir la Piedad y hacernos piadosos, cuidadosos de cada pisada, respetuosos de cada posición y ansiosos de un continuo consenso.

    Abramos, con humildad y con sumisión, la impregnada Misericordia que nos recubre, que nos dignifica.

    Recojamos la Compasión; esa que nos hace compasivos, flexibles y generosos, de manera continua.

Sin secuestros de dones personales…

Con evidencias de servicios ¡abiertos!

    ¡Con Pasión sentimos que nos aman! Con Misericordia, nos vemos permanentemente renacidos. Con la Piedad nos descubrimos con un manto de terciopelo, de esos que nos hacen sentir que el Amar es lo que somos.

“Lo que somos”.

Lo que somos.




***




Compassion. Mercy. Piety.

2025-02-10


    When approaching any situation, we can embellish it with some adjectives that qualify, clarify, and brighten the expressions.

    If we had to choose which would be closest to the Creator Mystery, the Prayerful Call refers us to ‘Com-passion’.

    Yes, it is an instant of simultaneity in which, on the one hand, the being expresses -with passion, with strength, with conviction- its project, position, idea.

    And compassion: that attitude in which we know how to assume, accept, adapt our positions to others presented to us different, distinct, weak or strong, but that makes us compassionate. We do not intervene to cheer or tear ourselves apart.

    Probably, within the attributes that the being ‘clumsily’ establishes towards the Creator Mystery, Compassion, together with Mercy and Piety, are the most welcoming elements to be able to take up again, to be able to start over, to feel in the immensity with the lap of that Compassion, Mercy and Piety.

    Yes, it can be argued that when at our level -at our level- we exercise that compassion, we can exaggerate, we can fall short; we can become permissive and tolerant...

    Yes, but we are not being compassionate. In compassion, the criteria, the principles, the references that the being has are maintained, but it happens that they do not become powerful, they do not become violent, they do not become imposing... but they become cooperative, they become in that disposition of consensus.

    And to insist on the duality with which we began: with passion and compassion.

    To that extend we can be clear, passionate!, convincing, but at the same time complaisant!

    It seems a contradiction, but it is not. Because in that compassion we listen, we take into account the environment, the other, the others; we evaluate and assess our positions and, with due respect, we put ourselves in the right attitude: the one that is clearly consensual, the one that does not pursue privileges, but accepts exceptions.

    In fact, if we look at it, Compassion, Mercy, Piety, are exceptions that appear through others, through chance, through circumstances, through... very different elements, and that ‘break’ -so to speak- the inability, the impossibility or the discouragement.

    It is that simultaneous apparent duality that the Creator Mystery pours out upon the living. On the one hand, it assumes the discrepancies, distortions, variables, mutations, the unforeseen events. And on the other hand, it encourages, promotes, incentivizes, stimulates.

    When, from our humble submission, we exercise ourselves in Compassion, we must assume -with due humility and submission, I repeat- a willingness to be led, to be guided, to be willing, available, so that through us this Compassion can be exercised.

    If we assume that attitude of intermediation, if we abandon the prominence of showiness and self-importance, surely Compassion, the exercise of Compassion, will be effective, it will be punctual, it will be necessary.

    The merciful attitude of Creation is permanently exercised, making of our clumsiness, our miseries, a set of possibilities that are remade, that become concord, that become brilliant.

    And it is thus that we can perceive this Mercy, if we are constantly attentive to our celestial references. It is like recycling us, converting us, transfiguring us. That is what Mercy comes to.

    Converting us, transforming ourselves, transfiguring ourselves... in a daily existence! Heavens and the earth do not have to open up, nor does something have to happen.... No! It is there. It happens when, awakened in humility and submission, we relate, we get along; we develop a supportive attitude with the living, and especially with our species.

    And so we must listen to something more -the Prayerful Call tells us - something more than our endogenous word, something more than our learned criteria, something more than our customs, something more than our teachings; something more!, that keeps us, entertains us and sustains us in the Universe.

    A human nature has been gestated as if it were its own creation...; as if the being of humanity had fertilised itself and given itself light to... illuminate its path.

    That is the behaviour that is usually seen. And it seems to be the most successful, the most triumphant, the most forceful, the most ‘powerful’ among us. But there is someone else than us! There is something more... than us!

    And it is enough to remember that “something more”, which is a mystery and which is expressed in thousands of ways; it is enough for us to feel Mercy... and to be ready to transform ourselves, to change ourselves, to transfigure ourselves, in a habitual way.

    It is certainly -according to the means of the Prayerful Call- to recover... -but they are always- to recover in a conscious, sensitive, emotional, animistic way, our essence of the Universe, our proceeding from an Infinite and Immense Love.

    It is true that everything can remain in words and in different ‘understandings’, so it will slip on the attitude of being and acting. But let us give ourselves the opportunity, now!, in the moments of prayer, to enter into that Compassion, Mercy, as a new, different moment. ¡That it has always been there,! ok, but the “always” is too big for us. It is there. Let's leave it as “it is”.

    But it is not usually taken into account. Of course, it is taken into account when we are not capable, when the difficulty is pressing, when the discomfort presses, and then we ask for Mercy, we ask for Compassion, we ask for Piety.

    The species is good at asking, yes. But -let's leave it at ‘probably’- probably, if it insisted on its nature of Universe and dared to perceive that it is a product of Mercy, of Goodness, of Creation, of Piety, then perhaps it wouldn't need to be in this duality of: “I, I can, I can, I, I, I, I, I... I am like this, like this, like this...”. And from time to time, when I can no longer: “Please give me faith. Please have mercy. Please...”.

    The hedonistic preponderance of the being, as a priority attitude, undoubtedly hinders any other experience, even if “theoretically”, even if “speculatively” they talk and say that things are different. But as long as they are not felt, as long as animism is not embodied in our consciousness, we will be with this double discourse in which the personal obviously predominates, and in which, when it is not capable, it resorts to the extraordinary, and asks for Piety, Mercy, Compassion...

    If we realise that to continue, we need that Mercy, that Piety, that Kindness, that Compassion..., we would let ourselves be guided by our intuition, our idealisation, our imagination, our fantasy, our illusion. Which is not ours! It is the inspiration of Creation that gravitates over us. Nothing belongs to us.

    We are the expression of a Creative Mystery. Consequently, when we assume and adopt postures, positions of intransigence, of combat, of distortion of what happens, we are moving away from our nature.

    Yes; they give us, for every step -yes, by each step- they give us, they give us impulse to throw the other foot with its leg, to go on.

    Oh! Piety… moves us! Yes, at times it makes us feel always ¡unworthy!

    It is an act of pride. Because, at other times, this Piety -which has no definition- is the balm of silence... that caresses us, blesses us, makes each one of us an exception, that gives us enough kindness for mutual respect and transparent coexistence, consented, with common-sense.

    With that indefinable Piety, we discover ourselves in the resources that are there, that we custody, that we have done nothing to have them, that they have been given to us to exercise them and to be a service in which the priority is others.

    Let the feeling of Piety come and make us pious, careful of every step, respectful of every position and eager for a continuous consensus.

    Let us open, with humility and submission, the impregnated Mercy that covers us, that dignifies us.

    Let us gather Compassion; which makes us compassionate, flexible and generous, continuously.

Without kidnapping personal gifts

With evidence of open services!

    With Passion, we feel we are loved. With Mercy, we see ourselves permanently reborn! With Piety, we discover ourselves with a velvet cloak, those that makes us feel that Loving is what we are.

“What we are”.

What we are.



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Lema Orante Semanal

 

¡Tanto amor derrochado en crear, y tanto afán invertido en destruir!

3 de febrero de 2025

    Cada suspiro es un nuevo amanecer. Y si así lo es, ¿por qué es tan fácil destruir, arremeter, criticar, destrozar?

    Se sigue, se sigue viendo la paja en el ojo ajeno, y no se ve… no se ve la viga en el propio.

    ¡Qué fácil es destruir, arremeter, arrasar, culpar!... Además, sale fluido, como si fuera un poema. ¡Qué fácil! Y qué difícil es recordar que un suspiro es un nuevo amanecer.

Sí, son niveles diferentes, pero pertenecen a nuestra naturaleza.

    Construir es… –porque es tan fácil destruir- construir es esforzado, duro… Todas esas frases que quedan ahí como el gran logro y el gran protagonismo.

    Y en realidad, construir es… seguir; seguir el dinamismo de la vida, la exigencia diaria del servicio.

    Sin ello faltaría algo. Pero… al destruir –en el amplio sentido de la palabra-, se construye un poder. Ah, sí.

    Al destruir opiniones, ideas, proyectos, actitudes y –obviamente- concretizaciones y estructuras, al destruirlas, el destructor se siente con la virtud como bandera. Se siente con la bonanza como logro de su experiencia, visualización, clarividencia…

    Y una vez que se coge la inercia destructora, salvo excepciones, todos los que no sean uno mismo son enemigos potencialmente dañinos; con lo cual, el ser se dispone ácidamente hacia ellos, hacia todo.

    Esa es la sociedad que palpita, que se queja, que engaña, que oculta, que persigue.

Quizá por eso, algunos expertos: filósofos, antropólogos, pensadores…

    Es curioso eso de “pensadores”. Parece que hay personas que piensan y personas que no. Parece ser, en cambio, que los que pensamos algo, creemos que todo el mundo piensa. Pero, bueno, el caso es que la propaganda hace maravillas. Y el pensador “Fulano de tal”, “Mengano de cual”, sí coinciden –muchos- en que estamos igual o peor que nunca. ¡Guau!

    Hay algunos, en cambio, que dicen que estamos mejor que ayer. Esos son menos famosos.

    Surge una pregunta inesperada: ¿Dios crece? Sí. Quiero decir que si mejora con el tiempo. ¿Evoluciona también en su santidad, en su bondad… o empeora?

O es pregunta incómoda o no procede.

    Porque, si bien parece –si bien parece- que, en el transcurrir del ser, su hegemonía dominante relativiza tanto toda perspectiva que no sea la propia, que… lo que no ve, lo que no pesa, lo que no puede controlar o dominar, es una duda que, en definitiva, contra ella hay que luchar de una forma o de otra, porque no me garantiza el poder.

    La Llamada Orante nos promueve a hacernos más blandos, menos justicieros, menos condenadores; simplemente, menos. Sí. En otro tiempo, parece que el Misterio Creador era más tajante, ¿verdad? Ahora parece más blando.

    Nunca ha sido ni tajante ni blando. Está fuera de categorías humanas. Pero el hombre necesita ponerle adjetivos, para poderse relacionar con lo misterioso que, mal que bien, tiene que aceptar que hay; que hay algo más.

    Es como dar un grito en el universo –estamos en una parte de un universo-. Damos un grito y, como no escuchamos ninguna respuesta, pensamos que no hay nadie. Es como si nos vamos a un desierto, y damos un grito y nadie nos contesta. Y pensamos que no hay nadie. Mientras, a lo mejor el alacrán despierta… y arremete contra nuestras voces.

Probablemente –“probablemente”- nos escuchan.

    ¡No nos juzgan!, pero... –permitámoslo- no nos juzgan, pero se apenan.

    Cada vez que maltratamos a algo o a alguien, con pensamiento, palabra, obra u omisión, el Misterio Creador se apena.

    Esto seguramente no es cierto. No. No le corresponde esa categoría. Pero para nosotros, sí. Sí. Para nosotros sí es una referencia… para poder sacar nuestra bondad y nuestra entrega y alegría, y abandonar el sable y la acidez de cada día.

    ¡Es tan fácil destruir! Quizás si el ser se diera cuenta –se da cuenta hasta cierto punto- de lo fácil que es, destruiría más. Lo que pasa es que hay algo que a veces le para.

¿Se apena Dios por nuestro hacer?

    Sí. Es un dardo hacia la sensibilidad; hacia nuestra sensibilidad.

    ¡Tanto amor derrochado en crear... y tanto afán invertido en destruir! Y tanta importancia de erigirse en importante, en verdadero, en auténtico, en único.

    Hace bien poco –quizás, para verse mejor-, un deportista de élite, y en su especialidad excepcional, y famoso de los famosos, realizaba una competición. Una competición que ya había ganado diez veces y que, bueno, dada su excepcionalidad, no se puede escatimar ningún aplauso, ¿verdad?

    Pero hete aquí que el deportista, ante… sí, vamos a llamarle “el foro romano” –como los gladiadores-, hete aquí que se lesionó –circunstancia que por otra parte es posible, no es algo excepcional- y tuvo que retirarse.

    La respuesta de los asistentes fue una pitada monumental. ¿Ven qué fácil es destruir?

    De repente, el caramelo de la exhibición, del golpe perfecto, o de la competencia de los contrincantes, ¡se había acabado! Y el público, que para eso había pagado, se sintió defraudado, ¡y se olvidó de todo lo realizado! ¡Todo!

    Sí. Puede pasar como un hecho sin importancia; como un detalle… ¡hombre!, como mínimo, feo, ¿verdad? Pero es una muestra de lo que nos está mostrando la Llamada Orante: si no obtengo, ni tengo, ni logro lo que quiero, destruyo lo que hay. No valoro para nada lo que se ha hecho… lo que se ha realizado… No, no. Le doy la vuelta, lo reinterpreto y lo muestro como...

    “¡Ay!... ¡Ay! –cabe pensar con lástima- ¿Qué será…? ¿Qué será cuando tenga sed, y me escatimen el agua? ¿Cómo será la pena? ¿Se acordarán de que di de beber hasta saciar o…?”.

Y eso ocurre en lo pequeño, en lo grande, en el detalle, en el momento.

    Sí. Y cada uno se va preparando como gladiador, esperando obtener el aplauso por el triunfo. Aunque… aunque, a lo lejos de su pensar, sienta que el día que no sea como quieren que sea, arremeterán contra él.

    ¡Esta es! ¡Esta es, así, la fábrica de la vida! ¿La “fábrica”? Sí, ¡la fábrica! Es como una fábrica.

Fábrica de gladiadores, de condenadores, aplaudidores…

    Sí. Puede considerarse todo ello dramático; puede considerarse dramático. Pero si le ponemos ese toque de humor… dicen que “negro”. No sé por qué lo llaman “negro”.

    ¿A ver si es algo racista...?: cine negro, dinero negro, versión negra… Va a ser; va a ser que sí. ¡Mira que hay colores!, ¿eh?: azul marino, verde, naranja… Podría ponerse un colorcito a cada cosa, ¿no? O sea, a los traficantes de drogas, los… no sé, los marroncillos; a los mentirosos compulsivos, los violetas… No sé, el negro es que... Y así, sin darnos cuenta, podríamos quitar racismos.

    Con harta frecuencia late en el sonido de la Llamada Orante, en el pensamiento humano: “Pero ¿todo esto valdrá para algo? ¿Cambiará algo…? ¿O quedará como una reliquia, bueno, depende de quién la tome, pero imposible de aplicar?”.

    Aunque quizás late la esperanza –la vida es una esperanza, se quiera o no, aunque se dedique a destruir-, cabe la esperanza de que alguien, alguno, casualmente, se diga:

    “Ah, sí. Por pensamiento, palabra, obra y omisión, he sido destructor. No he construido… y me he sentido ganador, e incluso aplaudido”.

    También, si es fácil destruir, quizás… es fácil suspirar. Y con ello, crear y creer y crecer.

Parece difícil no entrar a juzgar, a condenar, a defenderse y a atacar.

    Mas es todo lo contrario: el esfuerzo que supone defenderse, atacar, condenar, juzgar… produce una anquilosis mental en cuanto a poseedor de la verdad, que no permite aprender, ni intercambiar, ni evolucionar.

    Si me siento importante y me siento poseedor de “verdad”, siempre –siempre, ¿eh?- me sentiré atacado. En cambio, si mi actitud es de humildad, de relación, de interpendencia, de servicio, ¿qué motivo habrá para atacarme?

    El que se erige en poder, dominio y control, verdad y autenticidad, lo hace en base a la crítica, a la condena y a la supremacía de sus diferentes cualidades. Con lo cual, va a gestar y va a generar revancha; va a gestar y va a generar controversia; va a gestar y va a generar violencia.

    Cada ser de humanidad, por aquello de que nos escuchan, por aquello de que nos oyen, tiene la responsabilidad –no como esfuerzo, no como sacrificio, no como dolor- de ser testimonio liberador, de ser expresión de concilio. No de defensa, que se vuelve ataque; no de huida a buscar a otros contrincantes.

    Hagamos de cada suspiro una esperanza de claridad, una auténtica fiesta, por descubrirnos capaces de ser instantes de Bondad.



***






So much love poured in creating, and so much effort invested in destroying!

2025-02-03

    Every sigh is a new dawn. And if it is so, why is it so easy to destroy, attack, criticize, demolish?

    We continue, we continue to see the straw in another's eye, and we don't see... we don't see the beam in our own.

    How easy it is to destroy, to attack, to lash out, to blame!... In addition, it comes out fluidly, as if it were a poem. How easy! And how difficult it is to remember that a sigh is a new dawn.

Yes, they are different levels, but they belong to our nature.

    To construct is… –because it is so easy to destroy- to construct is hard work, tough… All those phrases that remain there as the great achievement and the great prominence.

    And in reality, to construct is… to continue; to follow the dynamism of life, the daily demand of service.

    Without it, something would be missing. But… by destroying –in the broad sense of the word-, a power is built. Ah, yes.

    By destroying opinions, ideas, projects, attitudes and –obviously- concretizations and structures, by destroying them, the destroyer feels virtue as his banner. He feels prosperity as the achievement of his experience, visualization, clairvoyance…

    And once the destructive inertia is caught, with some exceptions, all those who are not oneself are potentially harmful enemies; thus, the being is disposed towards them, towards everything in an acidic way.

    That is the society that throbs, that complains, that deceives, that hides, that persecutes.

    Perhaps that’s why, some experts: philosophers, anthropologists, thinkers…

    It is funny this thing about “thinkers”. It seems that there are people who think and people who do not. It seems, on the other hand, that those of us who think something, believe that everyone thinks. But, well, the fact is that propaganda works wonders. And the thinker “So-and-so”, “So-and-so”, do agree –many- that we are the same or worse than ever. Wow!

    There are some, however, who say that we are better off than yesterday. Those are less famous.

    An unexpected question arises: Does God grow? Yes. I mean, If He improves over time? Does he also evolve in his holiness, in his goodness… or does he get worse?

It is either an uncomfortable question or appropriate.

    Because, while it seems –while it seems- that, in the course of being, its dominant hegemony relativizes every perspective that is not his own, to such an extent that… what it does not see, what it does not weigh, what it cannot control or dominate, is a doubt that, ultimately, must be fought against in one way or another, because it does not guarantee me power.

    The Call to Prayer encourages us to become softer, less righteous, less condemning; simply, less. Yes. Once upon a time, it seems that the Creator Mystery was blunter, right? Now it seems softer.

    It has never been blunt or soft. It is outside of human categories. But man needs to add adjectives to be able to relate to the mysterious, that, for better or worse, he has to accept that there is; that there is something more.

    It is like shouting in the universe –we are in a part of a universe. We shout and, as we do not hear any response, we think that there is no one. It is as if we go to a desert, and we give a shout and no one answers us. And we think that there is no one. Meanwhile, perhaps the scorpion wakes up… and attacks our voices.

Probably –“probably”- they hear us.

    They do not judge us!, but… –let us allow it- they do not judge us, but they are grieved.

    Every time we mistreat something or someone, with thought, word, deed or omission, the Creative Mystery is saddened.

    This is surely not true. No. It does not belong in that category. But for us, it does. Yes. For us it is a reference… to be able to bring out our goodness and our dedication and joy, and to abandon the sabre and the acidity of each day.

    It is so easy to destroy! Perhaps if the being realized –it realizes to a certain point- how easy it is, he would destroy more. But something is there that sometimes stops him.

Is God sorry for what we do?

Yes. It is a dart at sensitivity; at our sensitivity.

    So much love poured in creating... and so much effort invested in destroying! And so much importance in setting oneself up as important, as true, as authentic, as unique.

    Not long ago –perhaps to make himself look better- an elite sportsman, exceptional in his specialty, and famous among the famous, held a competition. A competition that he had already won ten times and, well, given its exceptionality no applause can be spared, can it?

    But lo and behold, the sportsman, in front of… yes, let's call it “the Roman forum” –like the gladiators- lo and behold, he got injured –a circumstance that is possible, it is not something exceptional- and had to abandon.

    The response of the audience was a huge boo. Do you see how easy it is to destroy?

    Suddenly, the candy of the exhibition, of the perfect hit, or of the competition of the opponents, was over! And the public, who had paid for it, felt let down, and forgot everything he had done! Everything!

    Yes. It may pass as an unimportant fact; as an unimportant detail… but!, it is ugly, at least, isn’t it? But it is a sample of what the Prayerful Call is showing us: if I do not obtain, have, or achieve what I want, I destroy what is there. I do not value at all what has been done… what has been accomplished… No, no. I turn it around, I reinterpret it and I show it as…

    Oh!... Oh! –one can think with pity- What will it be…? What will it be like when I am thirsty, and they don’t give me water? How will the grief be like? Will they remember that I gave them to drink until they were satisfied or…?”.

And that happens in the small, in the big, in the detail, in the moment.

    Yes. And each one prepares himself as a gladiator, hoping to obtain applause for the triumph. Even if…even if, deep in his thoughts, he feels that the day he is not as they want him to be, they will attack him.

    This is it! This is, thus, the factory of life! The “factory”? Yes, the factory! It's like a factory.

Factory of gladiators, of condemners, of applauders...

    Yes. All of this can be considered dramatic; it can be considered dramatic. But if we add a touch of humour... they say "black." I don't know why they call it "black".

    Let's see if it's something racist...?: black film, black money, black version... It seems it is; it seems it is. There are a lot of colours!, eh?: navy blue, green, orange... You could put a little colour on everything, right? I mean, drug dealers, the... I don't know, the brown ones; compulsive liars, the purple ones... I don't know, black is that... And so, without realizing it, we could get rid of racisms.

    Very often beats in the sound of the Prayerful Call, in human thought: “But will all this be worth anything? Will it change anything…? Or will it remain as a relic, well, it depends on who takes it, but impossible to apply?”.

    Although perhaps there is hope –life is a hope, whether you want it or not, even if it is dedicated to destroy- there is hope that someone, somebody, by chance, will say to himself or herself:

    “Ah, yes. Through thought, word, deed and omission, I have been destroyer. I have not constructed… and I have felt like a winner, and even applauded”.

    Also, if it is easy to destroy, perhaps… it is easy to sigh. And thus, to create and believe and grow.

It seems difficult not to judge, to condemn, to defend and to attack.

    But it is quite the opposite: the effort involved in defending, attacking, condemning, judging… produces a mental ankylosis as a possessor of the truth, which does not allow us to learn, to exchange, or to evolve.

    If I feel important and I feel like I possess “truth”, I will always –always, eh?- feel attacked. On the other hand, if my attitude is one of humility, of relationship, of interdependence, of service, what reason is there to attack me?

    He who sets himself up in power, dominance and control, truth and authenticity, does so based on criticism, condemnation and the supremacy of his different qualities. Therefore, he will create and generate revenge; he will create and generate controversy; he will create and generate violence.

    Every being of humanity, because they listen to us, because they hear us, has the responsibility –not as an effort, not as a sacrifice, not as pain- to be a liberating witness, to be an expression of council. Not of defence, which becomes an attack; not a flight to seek other opponents.

    Let us make each sigh a hope for clarity, a true celebration, for discovering ourselves capable of being moments of Goodness.




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Lema Orante Semanal

 

ALUSIONES

27 de enero de 2025

    Y cada Llamada Orante se convierte en una advertencia, aviso, sugerencia, para permitir que el orante se dé por aludido.

    Y es así –en la medida en que el orante se da por aludido- que se corrige, se cambia, se modifica, se posiciona en su estar, en su hacer, y sobre todo en su consciencia de habitante de Universo; de ser que, ocurra lo que ocurra, se da por aludido, porque forma parte de una unidad, aunque se declare independiente o individual.

    Y es así que, en la medida en que nos damos por aludidos, evitamos que nos reprochen, que nos demanden, que nos exijan, que nos obliguen.

    Cada ser de humanidad se siente aludido por algo que aún no ha cumplido. Y no se trata de que sea grande o pequeña la alusión, sino la evidencia, que deja sin recursos personales al aludido. Y, en consecuencia, su ánimo, su armada consciencia, entra en débito, entra en deuda.

    Y así se suelen acumular y acumular alusiones no atendidas y deudas contraídas… que luego generarán incomodidad, discusión, mal humor –y un largo etcétera-, que muchas veces se dirá que no se sabe por qué.

    Dada la evolución, el transcurso que lleva la materia viviente humana, todos nos sentimos aludidos. Y se nos pide un testimonio de claridad, una actitud de transparencia, un comportarse de honestidad.

    No valen las mentiras piadosas… sobre las cuales hay mucha actividad, pero son fáciles de desmontar por uno mismo, al darse cuenta de que una mentira no puede ser piadosa… igual que el agua no puede ser vino –salvo milagro- o el vino no puede ser agua –salvo milagro-.

    Y la advertencia orante viene por ese sentido justificativo: que se justifica por vergüenza, por timidez, por miedo, por… un largo etcétera de mentiras piadosas.

    Y la alusión, si la asumimos y damos respuesta, nos coloca en los terrenos de la ilusión: en esos en los que nos entusiasma el proyecto, la idea; en esos en los que nos vemos reflejados en lo que transcurre, y nos vemos interactuando, y nos vemos interpendientes.

Y no es un ilusionismo de trucos; es un ilusionismo de vocación, de ética.

    Sentirse despierto en lo vocacional, que probablemente es “el programa” que nos pusieron para llegar a donde estamos y ejercitarnos en base a los talentos que nos dieron.

    Y claro, si no nos damos por aludidos, esos talentos, esas capacidades, esos ideales, esos proyectos, se hacen tibios, se hacen mansos; ¡sin pasión!...

Y el ser se vuelve esquivo, aparente, indeciso…

    Testimoniar lo que se es, sea cual sea la condición, es darse por aludido en el medio en el que se está. Y así, aportar lo que a cada uno le corresponda, para que la unidad se fortalezca, para que el ideal se engrandezca, para que el entusiasmo sea una referencia.

    Esa posición –“por alusiones”- debe estar siempre despierta, porque un detalle… un detalle descompone la figura; un detalle afea la belleza; un detalle puede arruinar el futuro. “Un detalle”. ¡Y son cientos de millones de detalles los que confluyen en cada ser!, para que podamos testimoniar lo que somos.

    De ahí la alerta que nos da la Llamada Orante, para que no transcurramos con indolencia o con autosuficiencia o con un ‘sobradismo’ de… apariencias.

    La humildad ha de ser la consciencia de un estar despierto y aludido. Y así, los justificantes no tienen por qué judicializar la vida.

    Las alusiones son señales de la unidad que, sin señalar, se muestran para que cada uno se vea y, amparado en su intimidad, se recomponga.

    El vivir no se puede convertir en una permanente deuda que surge como consecuencia de alusiones que no se tienen en cuenta.

    El vivir, nos dice el Misterio Creador –¿o no es así?-, es “al contado”. Cada latido llega a su momento; no se retrasa. Cada inspiración es precisa; no llega antes ni después. Cada pequeña sustancia, cada detalle de una partícula –coenzima, gen o… redúzcanlo a lo que quieran- es puntual, es… al contado. No dice que hay que esperar. Se da por aludida la inspiración, para saber que luego hay que espirar. Igual que la sístole y la diástole. Igual que se da por aludido el primer paso, y la otra pierna le sigue.

    En cambio, si así no es, cojeamos, no vemos, no escuchamos, nos dolemos, nos estancamos…

    Al estar “al contado”, nos contactamos con precisión, nos adaptamos con elegancia, nos convivimos con admiración. Si no es así, el compartir se hace sinuoso, esquivo y ¡dudoso!...

Y culmina siendo engaño.

    Y el engaño se hace ocultación, y la ocultación se hace traición.

    ¡Hay que ver con qué velocidad se transforma y se transfigura un detalle!

    La infinitud de componentes que nos da nuestro carácter, nuestra forma, nuestro estar, están en disposición, siempre, a testimoniar. Están diseñados y preparados para eso. Pero sí, ciertamente ocurre que, en el transcurso de “estos tiempos” –diríamos-, la vanidad, la soberbia, el orgullo, la importancia personal, no atiende a lo que se es, sino que se aspira a lo que no se es…; a ocupar posiciones que no se corresponden. Con lo cual se entra en conflicto con otras realidades, con otros proyectos.

    Las aspiraciones de las ofertas se hacen demandas, y unas y otras se buscan. Y el ser se desborda… y se convierte en el consumidor de zapatillas, de aquellos perfumes, de los otros cargos o posiciones, de aquellos puestos de privilegio…

Insaciable.

De ahí que la humildad ocupe un papel significativo.

    Porque, sí, puede parecer una palabra muy grande para emplearla ahora, “insaciable”, que parece que solo les corresponde a los ricos o a los poderosos. ¡No! No. Es una palabra que les corresponde a todos, que nos tienta a todos.

    Es la palabra que luego da lugar a los “peros”: “Sí, pero me gustarían otras…”. “Sí, pero preferiría más…”. “No, es que… Pero si pudiera ser…”. Y así indefinidamente. Con lo cual se crea un ser permanentemente insatisfecho.

¡Qué dolor!...

    Sí, es un dolor crónico, el ansia por lo insaciable, que surge de no ajustarse a las alusiones que nos corresponden.

    Genera ese malestar… propio y hacia el entorno, sea cual sea la posición que se ocupe. En unos casos se verá como más fastuoso, y en otros no, pero… terminará siendo dolor, la insaciable ambición. Una insatisfacción continuada, con un “pero” a cualquier situación.

    Y valdría recordar el lema que nos acompaña: Adaptación Creativa Complaciente.


    Y así, en esa adaptación, con el detalle de la humildad, sin la ambición insaciable, podemos creativizarnos en nuestros ideales, en nuestros proyectos, que son los que están dotados de recursos debido a nuestra naturaleza y al proyecto de la Creación.

    Y eso inevitablemente produce complacencia. Complacencia propia y de entorno. ¡Porque se está en el lugar y de la forma en que hay que estar en el lugar!

    Porque sí es cierto que se puede estar en el lugar, pero no saber estar.

    Es como ese viejo chiste del que acude a un funeral donde se vela a un fallecido, y entonces llega el que va a dar el pésame. Y, sí, está allí, es el lugar, porque conoce, conocía… Y en vez de afiliarse a lo que hay y lo que está, apaga las velas y canta “cumpleaños feliz”. Le recordaba a sus cumpleaños. Sí, está donde debe estar, pero no como se debe estar. Es fácil de imaginar. Al finado no creo que le importe, pero a los demás sí.

    El saber estar implica ese arte de escuchar, de ver y de atreverse a opinar, ¡sin miedo!

    El saber estar es… guardar los silencios en los momentos en los que otros expresan.

El saber estar implica respeto ¡por todo!

    Y esto puede parecer como una obsesión, y que todo lo que hemos escuchado puede ocupar todos nuestros días, y terminemos obsesivos y compulsivos, pendientes de si tenemos algo pendiente o no. ¡No! No, no, no, no, no. Eso es una trampa de la razón.

    No, no. Nuestro diseño está perfectamente conformado y configurado para ser un modelo de ¡virtud!…; no un modelo de arreglos, chapuzas… “Bueno, ahí voy, ahí vamos”. Que no arranca, que no se posiciona.

    Y por eso, ciertamente, cuando la Llamada Orante nos llama a la virtud, al ejercicio de nuestras bondades, puede parecernos que se conviertan, esas ansias de bondad, en una obsesión; ese saber estar, en una obsesión. No. Es innato. Lo que ocurre es que ha sido mutilado, ha sido maltratado, ha sido perseguido, ha sido… ¡cambiado!

    Y entonces, el esfuerzo por saber estar, ser y desarrollarse, pudiera parecer una misión imposible. Y justamente es la más posible, porque es la que se configura con los recursos que tenemos, con las dotes que nos han dado.



    Las comodidades, las zonas de confort, las aspiraciones constantes al tener, al poseer, al dominar, al controlar… son aspectos que nos apartan de nuestra complexión virtuosa.

Son tendencias que –al decir popular- “el mundo nos pide”. Pero… ¿quién es el mundo?

    El mundo termina siendo todos los desesperos y las ansias de no poder conseguir lo que se quiere, no poder controlarlo, dominarlo o poseerlo.

    ¡Claro! Y, bajo esas circunstancias, lo virtuoso resulta como subir al Everest; lo bondadoso, lo educado, lo correcto, lo “estar en el sitio”. Porque dotados estamos para ello, pero contradice la demanda y las ofertas.

Y es ahí cuando el ser se pierde.

    Y pareciera que no tuviera un camino. Y pareciera que no tuviera un espacio, un tiempo.

    Y no. Todo ser que se presenta en la vida, es en base a una necesidad del Misterio Creador y de la dinámica de la propia vida.

Nada sobra.

    Ahondar en las alusiones que respetuosamente nos cortejan. Y con ellas aprender a desarrollar la sincera posición, esa que nos hace merecedores de una humildad práctica, convivencial…, que deja de justificarse y deja de añadir “peros” a cualquier situación, para buscar esa Adaptación Complaciente y Creativa: la que nos hace posible que sepamos estar en el lugar adecuado, pero con la actitud adecuada.





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ALLUSIONS

2025-01-27

    And each Prayerful Call becomes a warning, a notice, a suggestion to allow the praying person to take the hint.

    And it is thus -to the extent that the praying person takes the hint- that he corrects himself, changes himself, modifies himself, places himself in his being, in his doing and above all, in his consciousness as an inhabitant of the Universe; that, whatever happens, he takes the hint, because he is part of a unit, even if he declares himself independent or individual.

    And it is thus that, to the extent that we take the hint, we avoid being reproached, being demanded, being required, being forced.

    Every being of humanity feels alluded for something that has not yet fulfilled. And it is not a question of whether the allusion is big or small, but of the evidence, which leaves the alluded one without personal resources. And, consequently, his spirit, his armed conscience, goes into debt.

    And so unattended allusions and incurred debts tend to accumulate and accumulate… which will then generate discomfort, discussion, bad mood –and so on-, which many times will be said that they don’t know why.

    Given the evolution, the course that human living matter takes, we all feel alluded to. And we are asked for a testimony of clarity, an attitude of transparency, and honest behaviour.

    No white lies are worth… about which there is much activity, but they are easy to dismantle by oneself, realizing that a lie cannot be white… just as water cannot be wine –except for a miracle- or wine cannot be water –except for a miracle-.

    And the prayerful warning comes from that sense of justification: that it is justified by shame, by shyness, by fear, by… and a long series of white lies.

    And the allusion, if we accept it and respond to it, places us in the realm of illusion: in those in which we are enthusiastic about the project, the idea; in those in which we see ourselves reflected in what is happening, and we see ourselves interacting, and we see ourselves inter-pendent.

    And it is not an illusionism of tricks; it is an illusion of vocation, of ethics.

    Feeling awake in our vocation, which is probably “the program” that was given to us to get to where we are and to exercise ourselves based on the talents that were given to us.

    And of course, if we pretend not to hear, those talents, those capacities, those ideals, those projects, become lukewarm, they become tame; without passion!...

And the being becomes elusive, apparent, indecisive…

    To bear witness to what one is, whatever the condition, is to take notice in the environment in which one is. And thus, to contribute what corresponds to each one, so that unity is strengthened, so that the ideal is enlarged, so that enthusiasm is a reference.

    That position –“by allusions”- must always be awake, because a detail… a detail decomposes the figure; a detail spoils the beauty; a detail can ruin the future. “One detail”. And there are hundreds of millions of details that come together in each being!, so that we can testify to what we are.

    Hence the warning that the Prayerful Call gives us, so that we do not go about our lives with indolence or with self-sufficiency or with an ‘excess’ of… appearances.

    Humility must be the consciousness of being awake and alluded to. And thus, the justifications do not have to judicialize life.

    Allusions are signs of unity that, without pointing out, are shown so that each one sees oneself and, protected by his intimacy, recomposes.

    Living cannot become a permanent debt that arises as a consequence of allusions that are not taken into account.

    Living, the Creative Mystery tells us –or is it not so?- is “on the spot”. Each heartbeat arrives at its moment; it is not delayed. Each inspiration is precise; it does not come before or after. Every small substance, every detail of a particle –coenzyme, gene or… reduce it to whatever you want- is punctual, it is… on the spot. It does not say that we have to wait. The inspiration feels alluded, to know that then we have to exhale. Just like the systole and the diastole. Just like the first step is alluded to, and the other leg follows.

    On the other hand, if it is not like this, we limp, we do not see, we do not hear, we get pain, we get stuck…

    By being “up front”, we contact each other with precision, we adapt with elegance, we live together with admiration. If this is not the case this, sharing becomes sinuous, elusive and doubtful!...

And it ends up being deception.

    And deception becomes concealment, and concealment becomes betrayal.

    You have to see how quickly a detail is transformed and transfigured!

    The infinite components that give us our character, our form, our being, are always ready to bear witness. They are designed and prepared for that. But yes, it certainly happens that, in the course of “these times” –we would say-, vanity, arrogance, pride, personal importance, do not attend to what one is, but rather aspire to what one is not…; to occupy positions that do not correspond. Which leads to a conflict with other realities, with other projects.

    The aspirations of the offers become demands, and one and the other are sought. And the being is overwhelmed… and becomes the consumer of sneakers, of those perfumes, of the other positions or posts, of those privileged positions…

Insatiable.

Hence humility occupies a significant role.

    Because, yes, it may seem a very big word to use now, “insatiable”, which seems to only correspond to the rich or the powerful. No! No. It is a word that applies to everyone, that tempts us all.

    It is the word that then gives rise to the “buts”: “Yes, but I would like others…”. “Yes, but I would prefer more…”. “No, it is that… But if it could be…”. And so on, indefinitely. Thus, a permanently dissatisfied being is created.

Such a pain!...

    Yes, it is a chronic pain, the longing for the insatiable, which arises from not to adapting to the allusions that correspond to us.

    It generates that discomfort… both within oneself and towards the environment, whatever the position one occupies. In some cases, it will be seen as more lavish, and in others not, but… it will end up being pain, the insatiable ambition. A continuous dissatisfaction, with a “but” to any situation.

    And it would be worth remembering the motto that accompanies us: Creative Complaisant Adaptation.

    And so, in this adaptation, with the detail of humility, without insatiable ambition, we can become creative in our ideals, in our projects, which are the ones that are endowed with resources due to our nature and the project of Creation.

    And that inevitably produces pleasure. Pleasing oneself and the environment. Because one is in the right place and in the right way that one should be.

    Because it is true that one can be in the place, but not knowing how to be there.

    It's like that old joke about going to a funeral where a wake is being held for de deceased, and then the one who is going to pay his condolences arrives. And, yes, he is there, it is the place, because he knows, he knew... And instead of joining in with what is there, he blows out the candles and sings "happy birthday". It reminded him of his birthdays. Yes, he is where he should be, but not how he should be. It's easy to imagine. I don't think the deceased cares, but others do.

    Knowing how to be implies the art of listening, seeing and daring to give an opinion, without fear!

    Knowing how to behave is... keeping silent when others are expressing themselves.

Knowing how to behave implies respect for everything!

    And this may seem like an obsession, and that everything we have heard can take up all our days, and we end up obsessive and compulsive, worried about whether we have something pending or not. No! No, no, no, no, no. That is a trap of reason.

    No, no. Our design is perfectly shaped and configured to be a model of virtue!...; not a model of fixes, botched jobs… "Well, here I go, here we go". That doesn't start, that doesn't take position.

    And that is why, certainly, when the Prayerful Call calls us to virtue, to the exercise of our goodness, it may seem to us that these desires for goodness become an obsession; this knowing how to behave, an obsession. No. It is innate. What happens is that it has been mutilated, it has been mistreated, it has been persecuted, it has been... changed!

    And then, the effort to know how to be, and to develop oneself might seem like an impossible mission. And it is precisely the most possible, because it is the one that is configured with the resources that we have, with the gifts that we have been given.

    Comfort zones, constant aspirations to have, to possess, to dominate, to control… are aspects that separate us from our virtuous complexion.

    They are tendencies that –as popular saying goes- “the world asks of us.” But… who is the world?

    The world ends up being all the despairs and anxieties of not being able to get what one wants, not being able to control it, dominate it or possess it.

    Of course! And, under these circumstances, the virtuous turns out to be like climbing the Everest; kindness, politeness, correctness, “being in the right place”. Because we are gifted for it, but it contradicts the demand and the offers.

And that is when the being gets lost.

    And it seems as if it has no path. And it seems that it has no space, no time.

    And no. Every being that appears in life is based on a need of the Creative Mystery and the dynamics of life itself.

Nothing is superfluous.

    To delve into the allusions that respectfully court us. And with them, learn to develop the sincere position, that which makes us worthy of a practical, convivial humility… that stops justifying itself and stops adding “buts” to any situation, to seek that Creative Complaisant Adaptation: which makes it possible for us to know how to be in the right place, but with the right attitude.





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Lema Orante Semanal

 

Dios es una eterna sonrisa

20 de enero de 2025

 La llamada “evolución” –evolución del poder- ha conseguido, como especie humanidad, como materia viviente humana, que cada ser se proclame emperador de sus ideas, deducciones, especulaciones, explicaciones. 

Recordamos el mito –o historia- de la famosa Torre de Babel, en el que los hombres, como humanidad, trataban de hacer una torre que llegara hasta el cielo, hasta lo divino. Y como consecuencia de ello, lo divino destruyó aquella torre y se gestaron las diferentes lenguas. Y de entenderse unos a otros, pasaron a desentenderse totalmente.

Pues semejante es la posición que, ahora –preferentemente- nos toca compartir, convivir. Esa en la que cada uno y cada cual es soberano y verdad. 

Y amparado cada ser en su soberanía, trata de –obviamente- convencer, imponer… Es expresión natural del poder, el dominio de la razón y la interpretación de los hechos. 

Esto, evidentemente, no ayuda a una labor, actitud y desarrollo ‘co-mún’… puesto que los acuerdos van a ser muy difíciles. 

El llamado “sentido común” casi es, hoy, imposible. “Casi”. Porque cada cual, con su poder, se escuda en su sentir y su razón, y… compartir, conjugar, congeniar se hace especialmente difícil. Pero a la vez, por la naturaleza que adorna a la humanidad, tenemos la necesidad de expresar nuestro ser social. Y es así que se gestan fracciones; fracciones que comparten ciertos puntos de vista, pero tendrán que confrontarlos con otros. 

Una réplica más de individuo contra individuo. 

El individualismo que gesta la distribución del poder… hace cada vez más inviable un proyecto común. 

Hay ese punto… de disgusto, de desacuerdo ante cualquier referencia. 

Si en otro tiempo –o tiempos- se vivieron referencias que servían como “orientadores”, hoy eso es demasiado frágil. 

Puede haber momentos de entusiasmo o momentos de exaltación a diferentes referencias, pero de inmediato surgirá la competencia, la comparación, la discusión. 

Todo ello va a desaguar en el producto de la querencia. Y cada cual, en corpúsculos o en individuos, quiere –como poseedor, como propietario- esto, aquello o lo otro. 

Y es así que el amor languidece, expuesto continuamente a la crítica, al ánimo, al punto de vista, al comentario, a la opinión…

La Llamada Orante nos sitúa, en este tiempo de ahora, en esa visión del estar, del actuar; que evidentemente –evidentemente, si se puede aceptar-, en la medida en que el amor languidece, la referencia –si se puede aceptar- del hombre, del ser humano, con el Misterio Creador, es ¡tan tímida!, ¡tan lánguida!... que se hace difícil interpretar el milagro cotidiano, la magia diaria, la imprevisible circunstancia, la necesaria ocasión…

            Y bajo los efectos de ese poder individual, se produce una tendencia –digamos de momento “tendencia”- a considerar cualquier proceso, cualquier realización, cualquier actitud, bajo el prisma del fracaso, bajo el prisma del error, bajo el prisma de que, “al no ser mío, al no pertenecerme, no puede ser ni bueno ni excelente –menos-, ni capaz ni suficiente”.  

Y es así que el derrotismo, el escapismo, el… el ‘ilusionismo’, si en algún momento estuvo, se diluye, se disuelve. 

Y he aquí que el entusiasmo, el festejo, el... no llega. No llega. ¡Siempre!... –¡qué palabra tan terrible!- siempre aparece un error. Bajo esos prismas, contemplar cualquier situación, cualquier elemento, tendrá, para el poder de cada uno, un error: le falta picante, le sobra color, no suena como debería, porque una escala inferior vendría mejor… 

Se dice corrientemente que hay opiniones para todos los gustos. No. Cada ser tiene un gusto y opinión. El asunto es que no escucha ni comprende ni asimila las de otros, sino que impone e implica sus mecanismos como únicos y valederos. Y cualquier expectativa de otros, quizás pueda despertar entusiasmo en algún momento, pero enseguida, ese ánimo derrotista aparece. Dice: “No. Esto no puede ser cierto”. Y efectivamente, se le pone un cliché, se le pone un protocolo, y no lo cumple. ¡No lo cumple! 

.- Fíjate, decía que le gustaba el arroz con leche, y un día lo vi, un día lo vi que estaba tomando pan con mantequilla. Fíjate, fíjate: mentiroso, sátrapa, embustero”. 

.- Pero… pero espera, espera, espera, espera, espera. Si le sigue gustando el arroz con leche. Pero aquel día, aquel fatídico día, se le ocurrió… o se dieron las circunstancias para tomar una tostada con mantequilla. 

Te has caído con todo el equipo. 

Sí. El tono exagerado aparece con frecuencia en la oración, para ponerlo más en evidencia. Después, cada uno hará sus reducciones, pero siempre –otra vez la palabra- aparecerá la pega, la mota, la... 

Ese “derrotismo triunfalista”… –sí, parece una contradicción pero no lo es: es el derrotismo ante el entorno, y triunfalista en cuanto a mi persona- ese derrotismo triunfalista no sintoniza con ninguna corriente espiritual, salvo aquella que le compense, que le sirva de identidad o apoyo a lo que cada uno piensa que debe ser. 

Y es así que las sociedades se comportan con un… un contencioso latente. No acaban de abrirse y de descubrirse con pulcritud. Hay temores, hay prejuicios, hay juicios, hay condenas… 

Y los avances, cuando se producen, son realmente milagrosos. 

La Llamada Orante nos sitúa en un contexto en el que, al menos, se merece una reflexión –una ¡breve!-, que seguramente será “no estoy de acuerdo”, pero… ¡algo es algo! Incluso reafirmarse en el poder de “mi versión” y de “mi punto de vista” y de “mi análisis”, puede crear un tótem y una auto-admiración… que a lo mejor es suficiente. 

Y así puede ocurrir que cada uno está encantadísimo de haberse conocido… o bien expande su conocimiento y despierta admiración como referencia. 

Sí; así actúa la ciencia, la política, la filosofía, la religión: los grandes “monumentos” del poder, que han sabido desgranar sus posiciones a todos los niveles. 

La reveladora idea de una Adaptación Creativa Complaciente… tendrá muchas inconveniencias en realizarse. 

Recurriendo de nuevo al refrán: “nunca llueve a gusto de todos”, podría decirse: “de ninguno”. 

Sí. Hemos llegado a momentos absolutistas, de una condena perpetua a cualquier cosa que no sea la propia. Y los pactos, promesas, proyectos, etcétera, que pueda haber en común, se ven continuamente debilitados, continuamente bajo sospecha. 

Creer se convierte en una hazaña… y fácilmente se puede transformar en una traición.

 Todo parece indicar que la Especie Vida tiene un empeño especial en proseguir sus proyectos… que no tiene por qué conocer –que algunos sí y otros no-. Y a pesar de todas las dificultades que se gestan –en especial por la materia viviente humana- la apuesta de la Especie Vida es clara: se adapta, se hacen alianzas, se respetan, se adaptan, para poder ejercitarse en sus mejores versiones, como la flor con su perfume y su diseño; como el delfín en su salto y en su juego. 

Esto nos podría hacer reflexionar en torno a la actitud como especie dominante, dominadora, poseedora, manejadora, manipuladora. 

Sí. Es un recurso mental lógico, quizás poco operativo. Pero… apelando a nuestra innata bondad como consecuencia de mensajeros del Misterio, no nos quedemos con el mensaje que portamos y lo hagamos poderoso, dominante e intransigente, sino que hagamos llegar el mensaje a los destinatarios. 

La función del cartero es llevar el mensaje a quien está destinado. No puede guardar los mensajes y acopiarlos. 

Es más, es portador de “buenas nuevas” o “buenas diferentes” o “buenas raras”, pero “buenas”, porque porta, transporta, lleva… intenciones de otros, imaginaciones, recados…

Pues bien, cada ser de humanidad, como mensajero, no puede recoger ese mensaje y absolutizarlo en su hedonismo. 

Debe hacer que llegue a los destinatarios, en base al amor con el que se le ha dado ese encargo. 

La Llamada Orante nos sugiere que ejercitemos una piedad sobre nosotros mismos, para amortiguar y dejar, el individualismo, convertido en la identidad de cada ser, pero no en la imposición de cada ser… 

A pesar del riesgo de –en alguna ocasión o en varias ocasiones- tomar la tostada con mantequilla, cuando alabas y dices que lo mejor es el arroz con leche. 

La Llamada Orante nos dice: “Dios es una eterna sonrisa”.

 

 

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GOD IS AN ETERNAL SMILE

2025-01-20

 

The so-called “evolution” –evolution of power- has achieved, as a species of humanity, as human living matter, that each being proclaims itself emperor of its ideas, deductions, speculations, explanations.

We remember the myth –or history- of the famous Tower of Babel, in which men, as humanity, tried to build a tower that would reach the sky, to the divine. And as a consequence of this, the divine destroyed that tower and different languages ​​were created. And from understanding each other, they became totally disengaged.

Well, it is similar the position that, now –preferably- we have to share, to live together. The one where everyone and each one is sovereign and truth.

And protected by its sovereignty, each being tries –obviously- to convince, impose… It is a natural expression of power, the dominion of reason and the interpretation of the facts.

This, obviously, does not help a ‘co-mmon‘ work, attitude and development… since agreements are going to be very difficult.

The so-called “common sense” is almost impossible today. “Almost”. Because each one, with his power, hides behind his feelings and his reason, and… sharing, combining, getting along becomes especially difficult. But at the same time, due to the nature that adorns humanity, we have the need to express our social being. And this is how fractions are formed; fractions that share certain points of view, but will have to confront them with others.

One more replica from individual against individual.

The individualism that creates the distribution of power… makes a common project increasingly unfeasible.

There is that measure… of displeasure, of disagreement before any reference.

If in another time –or times- there were some references that served as “guides”, today that are too fragile.

There may be moments of enthusiasm or moments of exaltation to different references, but immediately competition, comparison, discussion will arise.

All of this will flow into the result of wanting. And each one, in corpuscles or in individuals, want –as a possessor, as a proprietor- this, that or the other.

And so it is that love languishes, continually exposed to criticism, to mood, to point of view, to comment, to opinion…

The Call to Prayer places us, in this time of now, in that vision of being, of acting; that evidently –evidently, if it can be accepted-, to the extent that love languishes, the reference –if it can be accepted- of man, of human being, with the Creative Mystery, is so timid!, so languid!... that it becomes difficult to interpret the daily miracle, the daily magic, the unpredictable circumstance, the necessary occasion…

And under the effects of that individual power, there is a tendency –let us say for the moment “tendency”- to consider any process, any realization, any attitude, under the prism of failure, under the prism of error, under the prism that, “since it is not mine, since it does not belong to me, it can be neither good nor excellent –less so-, neither capable nor sufficient”.

And so, defeatism, escapism, the… ‘Illusionism’, if it was there at some point, is diluted, and dissolved.

And behold the enthusiasm, the celebration, the… does not arrive. It does not come. Always!… –what a terrible word!- an error always appears. Under these prisms, contemplating any situation, any element, will have, for the power of each one, an error: it lacks spice, it has too much colour, it does not sound as it should, because a lower scale would be better…

It is commonly said that there are opinions for all tastes. No. Every being has a taste and opinion. The thing is that it does not listen to or understand or assimilate those of others, but rather imposes and implies its mechanisms as unique and valid. And any expectation of others may perhaps arouse enthusiasm at some point, but immediately, that defeatist spirit appears. It says: “No. This cannot be true”. And indeed, a cliché is put on it, a protocol is put on it, and it does not comply. It doesn't comply with it!

.- Look, he said he liked rice pudding, and one day I saw him, one day I saw him eating bread with butter. Look, look: liar, satrap, deceitful".

.- But... but wait, wait, wait, wait, wait. He still likes rice pudding. But that day, that fateful day, it occurred to him... or the circumstances were right for him to have toast with butter.

You’ve failed completely.

Yes. The exaggerated tone appears frequently in the prayer, to make it more evident. Afterwards, each one will make his reductions, but always –the word again- there will appear the obstacle, the speck, the...

That “triumphalist defeatism”… –yes, it seems a contradiction but it is not: it is defeatism in the face of the environment, and triumphalist in regard to me- that triumphalist defeatism is not in tune with any spiritual current, except if is convenient, which serves as identity or support for what each one thinks it should be.

And this is how societies behave with a… a latent dispute. They do not open up and discover themselves neatly. There are fears, there are prejudices, there are judgments, there are condemnations…

And progress, when it happens, is really miraculous.

The Prayerful Call places us in a context in which, at least, a reflection –a brief one!- is deserved, which will surely be “I do not agree”, but… something is something! Even reaffirming the power of “my version” and “my point of view” and “my analysis” can create a totem and self-admiration… that may be enough.

 

And so, it can happen that each one is delighted to have known himself… or else expands his knowledge and awakens admiration as a reference.

Yes; this is how science, politics, philosophy, religion work: the great “monuments” of power, which have been able to develop their positions at all levels.

The revealing idea of ​​a Complaisant Creative Adaptation will have many inconveniences in its realization.

Returning to the saying: “it never rains to everyone’s liking”, it could be said: “to no one’s”.

Yes. We have reached absolutist moments, of a perpetual condemnation to anything that is not one’s own. And the pacts, promises, projects, etc., that may exist in common, are continually weakened, continually under suspicion.

Believing becomes a feat… and can easily turn into a betrayal.

Everything seems to indicate that Life Species has a special determination to continue its projects…, which it does not have to know about –some do, and others don’t-. And despite all the difficulties that arise –especially for human living matter- the bet of the Life Species is clear: it adapts, it makes alliances, it respects each other, they adapt, in order to be able to exercise its best versions, like the flower with its perfume and its design; like the dolphin in its jump and in its game.

This could make us reflect on the attitude as a dominant, dominating, possessing, handling, manipulating species.

Yes. It is a logical mental resource, perhaps not very effective. But… appealing to our innate goodness as consequence of messengers of the Mystery, let us not keep the message we carry and make it powerful, dominant and intransigent, but let us get the message to the addressees.

The postman’s function is to take the message to the addressee. He cannot keep the messages and collect them.

 

Moreover, he is the bearer of “good news” or “different good news” or “strange good news”, but “good”, because he carries, transports, takes… other people’s intentions, imaginations, messages…

Well, each being of humanity, as a messenger, cannot collect that message and absolutize it in its hedonism.

It should make sure it reaches the addressees, based on the love with which it has been given that task.

The Prayerful Call suggests that we exercise compassion toward ourselves, to soften individualism, and keep it as the identity of each being, but not the imposition of each being…

Despite the risk of –on some occasion or on several occasions- having toast with butter, when you praise and say that the best is rice pudding.

The Praying Call tells us: “God is an eternal smile”.

 

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