Compasión. Misericordia. Piedad.
10 de febrero de 2025
Al abordar cualquier situación, podemos adornarla con algunos adjetivos que maticen, que aclaren, que abrillanten las expresiones.
Si tuviéramos que elegir cuál sería el más cercano desde el Misterio Creador, la Llamada Orante nos remite a la ‘Com-pasión’.
Sí. Es un instante de simultaneidad en el que, por una parte, el ser expresa –con pasión, con fuerza, con convicción- su proyecto, su postura, su idea.
Y la compasión: aquella actitud en la que sabemos asumir, aceptar, adaptar nuestras posiciones a otras que se nos presentan diferentes, distintas, débiles o fuertes, pero que nos hace ser compasivos. No intervenimos para vitorearnos o desgarrarnos.
Probablemente, dentro de los atributos que “torpemente” establece el ser hacia el Misterio Creador, la Compasión, junto con la Misericordia y la Piedad, sean los elementos como más acogedores para poder retomar, para poder volver a empezar, para sentirse en la inmensidad con el regazo de esa Compasión, Misericordia y Piedad.
Sí. Se puede aducir que, cuando en nuestro nivel –en nuestro nivel- ejercitamos esa compasión, podemos exagerar, podemos quedarnos cortos, podemos hacernos permisivos y tolerantes…
Sí. Pero no estamos siendo compasivos. En la compasión se mantienen los criterios, los principios, las referencias que el ser tiene, pero ocurre que no se hacen poderosas, que no se hacen violentas, que no se hacen impositivas… sino que se hacen cooperantes, se hacen en esa disposición de consenso.
E insistir en esa dualidad con la que empezábamos: con pasión y compasión.
En esa medida podemos mostrarnos claros, ¡con pasión!, convincentes, pero a la vez ¡complacientes!
Parece una contrariedad, pero no. Porque en esa compasión escuchamos, tenemos en cuenta al entorno, al otro, a los otros; evaluamos y valoramos nuestras posiciones y, con el debido respeto, nos ponemos en la actitud adecuada: aquella que se hace evidente que es la consensuada, la que no persigue privilegios, pero acepta excepciones.
De hecho, si nos fijamos, la Compasión, la Misericordia, la Piedad, son excepciones que aparecen a través de otros, a través de la casualidad, a través de circunstancias, a través de… muy diferentes elementos, y que “rompen” –por así decirlo- la incapacidad, la imposibilidad o el desánimo.
Es esa simultánea aparente dualidad la que el Misterio Creador derrama sobre lo viviente. Por una parte, asume las discrepancias, las distorsiones, las variables, las mutaciones, los imprevistos. Y, por otra parte, anima, promueve, incentiva, estimula.
A la hora de, desde nuestra humilde sumisión, ejercitarnos en la Compasión, debemos asumirnos –con la debida humildad y sumisión, repito- en una disposición de ser llevados, de ser guiados, de ser dispuestos, disponibles, para que a nuestro través se pueda ejercitar esa Compasión.
Si asumimos esa actitud de intermediación, si abandonamos el protagonismo del lucimiento y de la importancia personal, de seguro que la Compasión, el ejercicio de la misma, va a ser eficaz, va a ser puntual, va a ser necesario.
La actitud misericorde de la Creación se ejercita permanentemente, haciendo de nuestras torpezas, de nuestras miserias, un conjunto de posibilidades que se rehacen, que se hacen concordia, que se hacen brillantes.
Y es así que podemos percibir esa Misericordia, si estamos atentos a nuestras referencias celestes de una manera constante. Es como reciclarnos, convertirnos, transfigurarnos. A eso llega la Misericordia.
Convertirnos, transformarnos, transfigurarnos… ¡en un estar diario! No tienen que abrirse los cielos ni las tierras, ni ocurrir algo que... ¡No! Eso está ahí. Incide cuando, despiertos en humildad y sumisión, nos relacionamos, nos congeniamos, nos hacemos una solidaria actitud con lo viviente, y en especial con nuestra especie.
Y es así que deberemos escuchar algo más –nos dice la Llamada Orante-, algo más que nuestra endógena palabra, algo más que nuestros criterios aprendidos, algo más que nuestras costumbres, algo más que nuestras enseñanzas; ¡algo más!, que nos mantiene, nos entretiene y nos sostiene en el Universo.
Se ha gestado una naturaleza humana como si fuera una creación propia…; como si el ser de humanidad se hubiera fecundado a sí mismo y se hubiera dado luz para… alumbrar su camino.
Ese es el comportamiento que habitualmente se ve. Y parece ser el más exitoso, el más triunfante, el más contundente, el más “poderoso” entre nosotros. ¡Pero hay alguien más que nosotros! ¡Hay algo más… que nosotros!
Y basta con recordar ese “algo más”, que es un misterio y que se expresa de miles de formas; es suficiente para que sintamos la Misericordia… y nos dispongamos a transformarnos, cambiarnos, transfigurarnos, de una manera habitual.
Se trata ciertamente –según los medios de la Llamada Orante- de recuperar… –pero siempre están- de recuperar de una manera consciente, sensitiva, emocional, animista, nuestra esencia de Universo, nuestro proceder de un Amar Infinito e Inmenso.
Cierto es que se puede quedar todo en palabras y en diferentes ‘entendi-mientos’, con lo cual, pues resbalará sobre la actitud de estar y de actuar. Pero démonos la oportunidad, ¡ahora!, en los momentos de orar, de adentrarnos en esa Compasión, Misericordia, como un momento nuevo, distinto. ¡Que está ahí desde siempre!, ya, pero el “siempre” resulta demasiado grande para nosotros. Que está. Dejémoslo así, en “está”.
Pero habitualmente no se tiene en cuenta. ¡Claro!, se tiene en cuenta cuando no se es capaz, cuando la dificultad apremia, cuando la incomodidad aprieta, y entonces se pide Misericordia, se pide Compasión, se pide Piedad.
Se le da bien a la especie, pedir, sí. Pero –lo dejemos en “probablemente”-, probablemente, si insistiera en su naturaleza de Universo y se atreviera a percibir que es un producto de la Misericordia, de la Bondad, de la Creación, de la Piedad, entonces quizás no precisaría estar en esa dualidad de: “Yo, yo puedo, puedo, yo, yo, yo, yo, yo… Soy así, así, así, así…”. Y de vez en cuando, cuando ya no puedo: “Por favor, dame la fe. Por favor, ten piedad. Por favor…”.
El protagonismo hedonista del ser, como actitud prioritaria, dificulta sin duda cualquier otra experiencia, aunque “teóricamente”, aunque “especulativamente” se hable y se diga que las cosas son diferentes. Pero mientras no se sientan, mientras el animismo no se encarne en nuestras consciencias, estaremos con ese doble discurso en el que predomina obviamente el personal, y en el que, cuando no es capaz, recurre al extraordinario, y pide Piedad, Misericordia, Compasión…
Si nos damos cuenta de que para seguir necesitamos esa Piedad, esa Misericordia, esa Bondad, esa Compasión…, nos dejaríamos guiar por nuestra intuición, nuestra idealización, nuestra imaginación, nuestra fantasía, nuestra ilusión. ¡Que no es nuestra! Es la inspiración de la Creación que gravita sobre nosotros. Nada nos pertenece.
Somos expresión de un Misterio Creador. En consecuencia, cuando asumimos y adoptamos posturas, posiciones de intransigencia, de combate, de distorsión de lo que transcurre, estamos alejándonos de nuestra naturaleza.
Sí; nos dan, por cada pisada –sí, por cada pisada- nos dan, nos dan, nos dan el impulso para lanzar el otro pie con su pierna, para seguir.
¡Ay! La Piedad nos… ¡conmueve! Sí. Por momentos nos hace sentirnos siempre ¡indignos!
Es un acto de soberbia. Porque, en otros momentos, esa Piedad –que no tiene definición- es el bálsamo del silencio… que nos acaricia, que nos bendice, que nos hace ser a cada uno una excepción, que nos da la bondad suficiente para el respeto mutuo y la convivencia transparente, consentida, con sentido común.
Con esa Piedad indefinible, nos descubrimos en los recursos que están, que custodiamos, que no hemos hecho nada para tenerlos, que nos los han dado para ejercitarlos y para ser un servicio en el que la prioridad son los otros.
Venga el sentir la Piedad y hacernos piadosos, cuidadosos de cada pisada, respetuosos de cada posición y ansiosos de un continuo consenso.
Abramos, con humildad y con sumisión, la impregnada Misericordia que nos recubre, que nos dignifica.
Recojamos la Compasión; esa que nos hace compasivos, flexibles y generosos, de manera continua.
Sin secuestros de dones personales…
Con evidencias de servicios ¡abiertos!
¡Con Pasión sentimos que nos aman! Con Misericordia, nos vemos permanentemente renacidos. Con la Piedad nos descubrimos con un manto de terciopelo, de esos que nos hacen sentir que el Amar es lo que somos.
“Lo que somos”.
Lo que somos.
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Compassion. Mercy. Piety.
2025-02-10
When approaching any situation, we can embellish it with some adjectives that qualify, clarify, and brighten the expressions.
If we had to choose which would be closest to the Creator Mystery, the Prayerful Call refers us to ‘Com-passion’.
Yes, it is an instant of simultaneity in which, on the one hand, the being expresses -with passion, with strength, with conviction- its project, position, idea.
And compassion: that attitude in which we know how to assume, accept, adapt our positions to others presented to us different, distinct, weak or strong, but that makes us compassionate. We do not intervene to cheer or tear ourselves apart.
Probably, within the attributes that the being ‘clumsily’ establishes towards the Creator Mystery, Compassion, together with Mercy and Piety, are the most welcoming elements to be able to take up again, to be able to start over, to feel in the immensity with the lap of that Compassion, Mercy and Piety.
Yes, it can be argued that when at our level -at our level- we exercise that compassion, we can exaggerate, we can fall short; we can become permissive and tolerant...
Yes, but we are not being compassionate. In compassion, the criteria, the principles, the references that the being has are maintained, but it happens that they do not become powerful, they do not become violent, they do not become imposing... but they become cooperative, they become in that disposition of consensus.
And to insist on the duality with which we began: with passion and compassion.
To that extend we can be clear, passionate!, convincing, but at the same time complaisant!
It seems a contradiction, but it is not. Because in that compassion we listen, we take into account the environment, the other, the others; we evaluate and assess our positions and, with due respect, we put ourselves in the right attitude: the one that is clearly consensual, the one that does not pursue privileges, but accepts exceptions.
In fact, if we look at it, Compassion, Mercy, Piety, are exceptions that appear through others, through chance, through circumstances, through... very different elements, and that ‘break’ -so to speak- the inability, the impossibility or the discouragement.
It is that simultaneous apparent duality that the Creator Mystery pours out upon the living. On the one hand, it assumes the discrepancies, distortions, variables, mutations, the unforeseen events. And on the other hand, it encourages, promotes, incentivizes, stimulates.
When, from our humble submission, we exercise ourselves in Compassion, we must assume -with due humility and submission, I repeat- a willingness to be led, to be guided, to be willing, available, so that through us this Compassion can be exercised.
If we assume that attitude of intermediation, if we abandon the prominence of showiness and self-importance, surely Compassion, the exercise of Compassion, will be effective, it will be punctual, it will be necessary.
The merciful attitude of Creation is permanently exercised, making of our clumsiness, our miseries, a set of possibilities that are remade, that become concord, that become brilliant.
And it is thus that we can perceive this Mercy, if we are constantly attentive to our celestial references. It is like recycling us, converting us, transfiguring us. That is what Mercy comes to.
Converting us, transforming ourselves, transfiguring ourselves... in a daily existence! Heavens and the earth do not have to open up, nor does something have to happen.... No! It is there. It happens when, awakened in humility and submission, we relate, we get along; we develop a supportive attitude with the living, and especially with our species.
And so we must listen to something more -the Prayerful Call tells us - something more than our endogenous word, something more than our learned criteria, something more than our customs, something more than our teachings; something more!, that keeps us, entertains us and sustains us in the Universe.
A human nature has been gestated as if it were its own creation...; as if the being of humanity had fertilised itself and given itself light to... illuminate its path.
That is the behaviour that is usually seen. And it seems to be the most successful, the most triumphant, the most forceful, the most ‘powerful’ among us. But there is someone else than us! There is something more... than us!
And it is enough to remember that “something more”, which is a mystery and which is expressed in thousands of ways; it is enough for us to feel Mercy... and to be ready to transform ourselves, to change ourselves, to transfigure ourselves, in a habitual way.
It is certainly -according to the means of the Prayerful Call- to recover... -but they are always- to recover in a conscious, sensitive, emotional, animistic way, our essence of the Universe, our proceeding from an Infinite and Immense Love.
It is true that everything can remain in words and in different ‘understandings’, so it will slip on the attitude of being and acting. But let us give ourselves the opportunity, now!, in the moments of prayer, to enter into that Compassion, Mercy, as a new, different moment. ¡That it has always been there,! ok, but the “always” is too big for us. It is there. Let's leave it as “it is”.
But it is not usually taken into account. Of course, it is taken into account when we are not capable, when the difficulty is pressing, when the discomfort presses, and then we ask for Mercy, we ask for Compassion, we ask for Piety.
The species is good at asking, yes. But -let's leave it at ‘probably’- probably, if it insisted on its nature of Universe and dared to perceive that it is a product of Mercy, of Goodness, of Creation, of Piety, then perhaps it wouldn't need to be in this duality of: “I, I can, I can, I, I, I, I, I... I am like this, like this, like this...”. And from time to time, when I can no longer: “Please give me faith. Please have mercy. Please...”.
The hedonistic preponderance of the being, as a priority attitude, undoubtedly hinders any other experience, even if “theoretically”, even if “speculatively” they talk and say that things are different. But as long as they are not felt, as long as animism is not embodied in our consciousness, we will be with this double discourse in which the personal obviously predominates, and in which, when it is not capable, it resorts to the extraordinary, and asks for Piety, Mercy, Compassion...
If we realise that to continue, we need that Mercy, that Piety, that Kindness, that Compassion..., we would let ourselves be guided by our intuition, our idealisation, our imagination, our fantasy, our illusion. Which is not ours! It is the inspiration of Creation that gravitates over us. Nothing belongs to us.
We are the expression of a Creative Mystery. Consequently, when we assume and adopt postures, positions of intransigence, of combat, of distortion of what happens, we are moving away from our nature.
Yes; they give us, for every step -yes, by each step- they give us, they give us impulse to throw the other foot with its leg, to go on.
Oh! Piety… moves us! Yes, at times it makes us feel always ¡unworthy!
It is an act of pride. Because, at other times, this Piety -which has no definition- is the balm of silence... that caresses us, blesses us, makes each one of us an exception, that gives us enough kindness for mutual respect and transparent coexistence, consented, with common-sense.
With that indefinable Piety, we discover ourselves in the resources that are there, that we custody, that we have done nothing to have them, that they have been given to us to exercise them and to be a service in which the priority is others.
Let the feeling of Piety come and make us pious, careful of every step, respectful of every position and eager for a continuous consensus.
Let us open, with humility and submission, the impregnated Mercy that covers us, that dignifies us.
Let us gather Compassion; which makes us compassionate, flexible and generous, continuously.
Without kidnapping personal gifts
With evidence of open services!
With Passion, we feel we are loved. With Mercy, we see ourselves permanently reborn! With Piety, we discover ourselves with a velvet cloak, those that makes us feel that Loving is what we are.
“What we are”.
What we are.
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