domingo

Lema Orante Semanal

 

Conversión

12 de enero de 2026

    Cada instante de oración supone una con-versión, puesto que entramos en otro espacio, en otro concepto, en otro tiempo… distinto al cotidiano, en el que la razón, la lógica, el cálculo, la previsión, etc., son los habituales regidores de cada instante.

    Si nos fijamos con cierto detenimiento en esos regidores, podemos comprobar que se nutren de una fuente de soplo, de una fuente de ánimo, que, estructurada de una forma específica, se hace razón, lógica, lógico entendimiento y comprensión, etc. Es la misma sustancia que nos lleva al aliento del vacío, al aliento de… el descubrir, el aprender y el desvelarnos en otras percepciones y capacidades.

    Y no es que sea una función dual; es una sola función. Lo que ocurre es que, predominantemente, se inclina más hacia una faceta productivista, rentable, ganadora, especuladora, exigente, crítica, etcétera, etcétera, etcétera.

    Es ahí, en esa predominante función, cuando nos llaman a orar para reconvertir, recapacitar, regresar… a ese núcleo prioritario que es el aliento, que es el ánima, que es –por decirlo culminantemente, aunque no es lo más apropiado- el espíritu.

    Y decimos que no es lo más apropiado, porque se presta a tantas interpretaciones, a tantas especulaciones… Pero bien: pongamos un hito ahí, como referencia de Decisión de lo Innombrable, del Amor, de la Solidaridad, del Soplo Espiritual Sensible…

    Pero, puesto que estamos animados por una única entidad, e inclinados preferentemente hacia una tendencia: la conversión –que hacemos nuestra como lema para este curso, para este año-, además de purificar todas esas decisiones y planteamientos, el converso se conversa a sí mismo, se contempla en su dimensión cotidiana, y suspira y aspira a modificar, cambiar, convertir –lo blanco en negro, lo azul en amarillo; por poner un ejemplo-.

    De esas actitudes materiales, exigentes, demandantes, pasar a inmateriales, no exigentes, servidoras, no demandantes, adaptables… –por ejemplo-.

    Es o debería ser obvio que esa conversión es muy particular. Pero, aunque sea particular, individual, hay un efecto común. El efecto común es que hay un paso, un trance de lo exigente-demandante... a lo servidor-disponible; de lo material concreto, a lo inmaterial diverso; de lo crítico y queja permanente, a la admiración ajena y la adaptación complaciente.

    Un salto… –un salto más que cuántico- de “poseedor –como humanidad- de la verdad”, a disponible escucha de las posibilidades.

    Una conversión de ese querer que está poseído con posesión permanente, a ese amar que está dispuesto a la entrega incondicional, según su entorno, su demanda…

    Todo ello –y más, pero así como básico- es común. Luego, cada ser le dará el matiz, la forma, la manera, el ritmo...

    Esa con-versión –o sea, otra versión de uno mismo- es, insisto, personal; que tiene en cuenta sus recursos, sus dones, su posición, pero que no está sujeta al mando y a la orden de nada ni de nadie.

    Luego, en la medida en que el ser se convierte, se sintonizará, se harán alianzas, se planearán diferentes realizaciones. Pero la conversión parte de una apertura del libro personal, una lectura del libro personal, que nos permita una serie de conclusiones en las que no se culpe, no se condene a nada ni a nadie… y veamos nuestra trayectoria con el suficiente misterio y con la eficaz decisión de no buscar culpables de nuestras posiciones, de nuestras situaciones.

    Esto sería un retroceso importante que “incapacita” otra versión de nosotros.

La comodidad, el acomodo, la seguridad… son patrones que no pertenecen a lo sutil, a lo converso.

    Los hábitos, las costumbres, los “seguros” –de seguridades-, también entran en el puzle de la conversión. Y no se trata de que se borren, se quiten, se tachen, se combatan. Se trata de contemplarlos. Y, bajo la nueva versión, saber qué actitud, qué posición vamos a tomar con respecto a ellos.

    Dada la condición de seguridades, de razones más que justificadas, encontraremos, en esa actitud contemplativa hacia la conversión, un obstáculo muy severo: que suele generar inseguridad, miedo, incertidumbre.

    Ahí pondremos a prueba nuestro grado de honesta sinceridad, para que esos frenos… y para que se ponga en evidencia nuestro grado de fe y de creencia, que a lo mejor no da para ese salto. Pero que, al menos, en la prospección del intento, el ser descubra lo que tiene pendiente. El ser descubra que no es… quien es. El ser se ponga en evidencia ante sí mismo.

    En esa con-versión, nada puede quedar al margen. Las mayores seguridades deben ser minuciosamente contempladas para hacerlas más vitales; más certeras y creativas.

    La plasmación de esa conversión se hace a pasos de ritmos muy variables. No se trata de un retiro especial para ver… No. Es algo de hacer “cotidianamente”. Y eso nos permite airear y desempolvar los axiomas, leyes y normas que están ahí, aquietando nuestro verso; impidiendo que nos veamos en un verso realmente innovador.

No hay una fecha exacta de comienzo. Es ¡ya!

    Ya se comenzó en el reciente encuentro, en ese vivir crucificado en el que se mostraron coordenadas de conversión, para desligarnos de la crucifixión y entrar de lleno en la resurrección: el equivalente a la conversión.

    Y esos movimientos conversos los notamos nosotros antes de que los demás se aperciban de ello.

    En la conversión solo se cuenta con el Misterio Creador, que en sí mismo somos también nosotros.

    Y en esa conversión, en el vivenciar cotidiano no arrastramos a nadie. Más bien nos colocamos en la posición de disponibles, de útiles. Y así surgirán las comuniones y las connotaciones solidarias, realmente valiosas, fieles.

    La puerta se ha abierto. No dejen que se cierre.

 

 

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Conversion

2026-01-12

    Each moment of prayer entails a con-version, since we enter another space, another concept, another time… different from the everyday one, in which reason, logic, calculation, foresight, etc., are the usual rulers of each instant.

    If we look carefully at these rulers, we can see that they are nourished by a source of breath, by a source of vitality, which, when structured in a specific way, becomes reason, logic, logical understanding and comprehension, etc. It is the same substance that leads us to the breath of emptiness, to the breath of… discovery, learning, and the unveiling of ourselves in other perceptions and capacities.

    And it is not that this is a dual function; it is a single function. What happens is that it predominantly inclines toward a productivist, profitable, winning, speculative, demanding, critical facet, etcetera, etcetera, etcetera.

    It is precisely there, in that predominant function, that we are called to pray in order to reconvert, to reconsider, to return… to that primary core which is breath, which is anima, which is –so to speak, although it is not the most appropriate- the spirit.

    And we say it is not the most appropriate term because it lends itself to so many interpretations, to so many speculations… But let us place a milestone there, as a reference point for the Decision of the Unnameable, of Love, of Solidarity, of the Sensitive Spiritual Breath…

    But, since we are animated by a single entity, and inclined preferentially toward one tendency: the conversion –that we adopt as our motto for this course, for this year-, beyond purifying all those decisions and approaches, the one who converts converses with himself, contemplates himself in its everyday dimension, and sighs and aspires to modify, to change, to convert –white into black, blue into yellow, for example-.

    To move from material, demanding, requiring attitudes to immaterial, non-demanding, serving, non-requiring, adaptable ones… –for example-.

    It is or should be obvious that this conversion is very particular. But even though it is particular, individual, there is a common effect. The common effect is that there is a passage, a transition from the demanding–requiring stance… to the serving–available one; from the concrete material to the diverse immaterial; from constant criticism and complaint to open admiration and accommodating adaptation.

    A leap… –a leap more than quantum- from being “possessors –as humanity- of the truth”, to becoming available listeners to possibilities.

    A conversion from a wanting that is possessed by permanent possession to a loving that is disposed to unconditional giving, according to its environment, its demand…

    All of this –and more, but this is the basic- is common. Then, each being will give it nuance, form, manner, rhythm…

    That con-version –that is, another version of oneself- is, I insist, personal; it takes into account one’s resources, gifts, position, but it is not subject to the command or order of anything or anyone.

    Then, to the extent that the being converts, they will attune, alliances will be formed, different realizations will be planned. But conversion begins with the opening of one’s personal book, a reading of one’s personal book, which allows us to reach conclusions in which no blame is assigned, no condemnation is placed on anything or anyone… and we see our trajectory with sufficient mystery and with the effective decision not to seek culprits for our positions, for our situations.

    This would be a significant regression that would “disable” another version of ourselves.

    Comfort, accommodation, security… are patterns that do not belong to the subtle, to the converted.

    Habits, customs, “insurances” –of securities-, also enter into the puzzle of conversion. And it is not a matter of erasing them, removing them, crossing them out, fighting them. It is a matter of contemplating them. And, from the new version, knowing what attitude, what position we will take with respect to them.

    Given the condition of securities, of more than justified reasons, we will encounter, in this contemplative attitude toward conversion, a very severe obstacle: one that usually generates insecurity, fear, uncertainty.

    Here we will put to the test our degree of honest sincerity, so that these brakes… and so that our degree of faith and belief is brought to light, which perhaps is not sufficient for that leap. But at least, in the exploration of the attempt, the being discovers what remains unresolved. The being discovers that it is not… who it is. The being is brought into evidence before itself.

    In this con-version, nothing can remain on the margins. The greatest securities must be meticulously contemplated in order to make them more vital; more accurate and creative.

    The embodiment of this conversion is made in steps of very variable rhythms. It is not a matter of a special retreat to see… No. It is something to be done “daily”. And this allows us to air out and dust off the axioms, laws, and norms that are there, quieting our verse; preventing us from seeing ourselves in a truly innovative verse.

There is no exact starting date. It is now!

    It already began at the recent gathering, in that crucified living in which coordinates of conversion were shown, to disengage ourselves from crucifixion and fully enter into resurrection: the equivalent of conversion.

    And we notice these converted movements before others become aware of them.

    In conversion, one relies solely on the Creative Mystery, which we ourselves also are.

    And in this conversion, in daily living, we do not drag anyone along. Rather, we place ourselves in a position of availability, of usefulness. And thus, communions and truly valuable, faithful expressions of solidarity will arise.

    The door has been opened. Do not let it close.





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